
Por: Alfonso Chunga Ramírez
Una mole en el camino de la restauración del Estado de Derecho, es la macilenta procesión de zombis en la tribuna política, y la cobertura, bastante sospechosa, que reciben de programas dizque constitucionalistas.
Las elecciones del 6 de junio tuvieron los resultados siguientes:
1 vencedor, Marcelo Odebrecht, por cuarta elección consecutiva.
3 premios consuelo, Fujimori, López Aliaga y Castillo.
10 derrotados, muertos y sepultados; todos aquellos que ejercieron el poder, medraron de los gobiernos, parasitaron del saqueo brasilero.
Aventureros como Vizcarra, Guzmán, Verónica Mendoza, Humala, Cuchinski, Lescano, Urresti, Acuña, Gregorio Santos, fueron condenados al cero absoluto electoral por un electorado que los sindicó como los culpables de los 300 mil muertos en la pandemia y la corrupción que arruinó la economía en los últimos tres años.
Esa es la lección y la lectura de las elecciones del 2021.
Habiendo probado que las elecciones nunca sirvieron para cambiar nada, la mayoría de los peruanos usó su voto para castigar a los miserables de la política peruana.
El voto por Castillo, que nunca fue, ni lejanamente, mayoritario, obedeció a la necesidad de purgar la política nacional.
El 5 de abril los peruanos tomamos la calle para avisar que ya nos repusimos de la resaca electoral y que hemos iniciado las acciones conducentes a restablecer el Estado de Derecho. Un objetivo nacional que pasa por defenestrar a Castillo, eventualmente meterlo preso; pero que en modo alguno significa regresar al pasado,
En la marcha del 5 de abril no hubo políticos. Fue el pueblo que se manifestó exhibiendo una total independencia respecto a los miserables que por veinte años ejercieron su peor codicia como programa de gobierno.
Que las vizcarratas desfilen como opinólogos en los programas políticos de la televisión, escasamente nos informa que las empresas de radiodifusión necesitan de los publicherrys para pagar los recibos de luz o el taxi para las bataclanas.
Zombis macilentos balbuceando lugares comunes de una política decrépita; reptan o trepan porque no se dan cuenta que ya murieron. Su vida parásita les exige troncha para resucitar.
El restablecimiento del Estado de Derecho, la vacancia del gobierno de tucos y cacos, la cárcel para todos los empleados de la mafia brasilera, la purga en el Ministerio Público y la cárcel para quienes debieron perseguir a los delincuentes y se convirtieron en miembros de la pandilla; la purga del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, son tareas que el 5 de abril el pueblo peruano ha tomado en sus manos.
Así que no confundamos tubérculo con raíz tuberosa.






Mientras no haya un slogan fuerte, repetido, claro, algo tipo: “fuera Castillo, vete ya pillo” que comience a repetirse en las rrss, dudo mucho que se avance.