La columna del Director

LAS ENCUESTAS Y LA GRAN ESTAFA DE LOS NÚMEROS

Por: Luciano Revoredo

En la guerra por el poder, la primera víctima es la verdad, esto a través de manipular la capacidad del ciudadano de distinguir entre una percepción y la realidad. Sun Tzu advertía que toda guerra se basa en el engaño, y hoy, ese engaño tiene un nombre técnico: estadística electoral. No estamos ante encuestas o simples estudios de mercado; estamos ante la construcción de una narrativa diseñada para que el elector se sienta derrotado antes de votar. Las encuestadoras en el Perú han dejado de ser termómetros para convertirse en martillos que moldean la opinión pública según la conveniencia de quienes financian la pauta publicitaria.

La estrategia es tan vieja como efectiva: la creación de una falsa dicotomía. Hoy, esa dicotomía se empieza a montar para proyectar una segunda vuelta cocinada entre Keiko Fujimori y un representante de la izquierda caviar. Este no es un error de cálculo, es una jugada maestra de control de daños. La izquierda sabe que su única posibilidad de supervivencia y de mantener sus consultorías estatales es enfrentar a un fantasma del pasado que genere el suficiente rechazo para que ellos, los “moderados”, aparezcan como el mal menor.

El plan de la izquierda caviar es pues previsible, necesitan a Keiko Fujimori en segunda vuelta porque es la única candidata a la que creen poder derrotar usando el miedo. Para lograrlo, usan la estadística como un arma de precisión. Dicen que Keiko lidera y que, convenientemente, algún representante de la “izquierda moderada” o “caviar” es el único capaz de frenarla. Es una falsa dicotomía diseñada para que la población manipulada ignore cualquier otra opción válida de la derecha, en este caso Renovación Popular.

La historia reciente es el mejor antídoto contra esta manipulación.  El voto que ocultan es el que finalmente decide, pero los medios se encargan de invisibilizarlo. Lo mismo ocurrió con el triunfo de Donald Trump o con la victoria de Milei; en estos casos, la estadística fue utilizada para desmoralizar a la base electoral, haciéndoles creer que su opción era inviable.

En el escenario peruano actual, el juego es doblemente peligroso. Se manipula la data para situar a figuras como Rafael López Aliaga en un segundo lugar volátil, moviéndolo estratégicamente dentro del margen de error para generar una sensación de incertidumbre o techo electoral. Mientras tanto, se infla artificialmente la presencia de candidatos funcionales al establishment progre-globalista. Es una operación de pinzas: por un lado, se satura la atención con la polarización de siempre y, por otro, se ignora o se baja deliberadamente la presencia del que resulta incómodo, léase López Aliaga .

Como analistas, no podemos ignorar que la estadística es la religión de los mentirosos. El objetivo de este sector que manipula los números es asegurar que la derecha seria no llegue al poder real. Prefieren una derecha sumisa o una izquierda burocrática antes que un cambio estructural que los expulse de las planillas doradas del Estado. Pero la verdadera encuesta no se firma en una oficina de San Isidro; se gesta en el hartazgo de una población que ya aprendió a leer entre líneas.

La libertad de un país depende hoy, más que nunca, de la capacidad de su gente para entender que una encuesta no es un destino, sino una herramienta de propaganda que solo tiene poder si decidimos creer en ella.

La batalla es por la atención y la verdad, y en ese campo, el único número que importa es el que se marca con convicción, lejos del ruido de las pantallas y las cifras amañadas.

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