
Por: Luciano Revoredo
Tras varios meses de protestas, decenas de marchas, eventos y mítines, primero para protestar por el fraude electoral y luego por la manifiesta incapacidad y la corrupción del gobierno, estamos llegando al momento cumbre de la lucha ciudadana por recuperar la democracia, la libertad y la decencia en la política.
El infame gobierno neosenderista de Castillo está jaqueado. Un creciente descontento se ha venido manifestando tanto en provincias como en la capital. Los transportistas, los comerciantes, las amas de casa, los jóvenes y demás estamentos de la sociedad han ido perdiendo la paciencia y el miedo. Ahora estamos ante una protesta transversal a toda la sociedad.
Simultáneamente en este periodo de nueve meses el Congreso de la República ha estado en un permanente enfrentamiento con el ejecutivo. Fruto de este enfrentamiento fueron dos mociones de vacancia que no alcanzaron los votos necesarios para la aceptación de la moción, la primera, ni los votos para la vacancia en si, la segunda. Esta frustrante situación, ante los evidentes hechos de corrupción de Castillo, se debió a un deplorable cabildeo e intercambio de beneficios entre un sector corrupto el congreso con el ejecutivo y además al voto monolítico de los comunistas.
Finalmente, como indicábamos líneas más arriba, la protesta y el descontento van cuajando y llegamos al momento crucial. Castillo y sus secuaces están jaqueados y arrinconados por las justas reclamaciones de la ciudadanía. El gobierno empieza a cometer los más graves errores, mueren cuatro inocentes en las protestas. Castillo está en caída libre y el centro de Lima es tomado por más de cien mil indignados. ¿Y quién le lanza un salvavidas a Castillo? Para nuestra sorpresa el mismo congreso que lo había querido vacar dos veces.
En su momento más crítico había que dejarlo solo. Su permanencia en el poder pendía de un hilo. Toda la ira era contra el ejecutivo. Lo único que no debía hacer el congreso era darle la mano y hacerse coparticipes de la crisis, que en la visión de la población era cosa de Castillo y su gobierno. Entones hicieron justamente lo contrario. Los más encarnizados opositores justificaron la inamovilidad en Lima y Callao y de modo innecesario armaron una reunión para convertirse en parte del problema más no de la solución y a la vez darle un aire al gobierno narcochavista. Lo reciben en su peor momento con alfombra roja y le permiten que cuando estaba acorralado y temeroso por la creciente multitud que rodeaba el congreso se vaya como un cobarde en un notorio desplante a la representación nacional.
La presidenta del congreso ha confirmado una vez más su poca preparación para el cargo, su incapacidad para manejar el congreso en momentos de crisis y su escasa visión política y estratégica.
Muy desconcertante la actuación del congreso.






Acaso algún acciopopulista de los de ahora está preparado? Pero peor aún, sabiendo lo de los niños, podemos creer que los demás partidarios están libres de polvo y paja? En realidad, deben ser comunistas de tránsito lento.