Por: Hugo Guerra Arteaga
No creo en la luna de miel política ni en el cuento de hadas según el cual todos son felices con el toque de una varita mágica. A la presidenta Fujimori le espera una lucha política feroz, incluso antes del 28, mientras que los retos derivados de El Niño, además de los problemas estructurales, serán enormes.
Por lo mismo, desde el saque debe salir a trabajar y a pelear con guante de seda y puño de acero.
La izquierda de todos los pelajes está conspirando para construir un frente parlamentario obstruccionista en la Cámara de Diputados y una masa subversiva en las calles. A los más radicales los encabeza —pero no los controla— Roberto Sánchez, quien enarbola la cantaleta del indulto para Castillo y del enjuiciamiento, con reparación económica incluida, para las fuerzas del orden que controlaron la subversión en 2022.
Quizás el frívolo anciano Balcázar libere al golpista en los próximos días, pero, si lo hace, será contra la ley, la sentencia de la Corte Suprema y sobre la base de un informe de pacotilla elaborado por un grupo de abogados izquierdistas adscritos a la ONU, pero que no la representan. Es decir, se trata de un documento no vinculante que debe ir directamente a la basura.
Por supuesto, si le tocara decidir a Keiko, su respuesta frente al indulto debería ser un lacónico e inapelable «improcedente».
En cuanto al juicio contra los policías y militares que recurrieron a las armas para frenar a las hordas comunistas de 2022, la posición equilibrada de la presidenta debería ser que sean juzgados en su fuero privativo.
En paralelo, se debe capturar a los sediciosos que quemaron vivo a un policía y mataron a seis soldados mientras cerraban carreteras, incendiaban fiscalías, intentaban tomar aeropuertos y generaban caos en Lima.
A diferencia de otros gobiernos, el de Keiko debe plantarse en seco: ¿quieren derechos humanos? Pues que sean para todos, no solo para los extremistas, los terroristas y los clientes de las ONG.
Asimismo, el 28 de julio Keiko debe anunciar un plan de desarrollo urgente para Puno, pero el control efectivo de nuestra soberanía territorial debe imponerse primero por la razón o por la fuerza. Sendero Luminoso no puede seguir controlando una región.
En su discurso presidencial, Keiko debería dejar en claro que su gobierno respetará el derecho a la movilización y a la libre expresión ciudadana, pero no el seudoderecho a la protesta, menos aún si esta es violenta.
Los peruanos exigimos mano dura dentro de la ley y el orden.





