La columna del Director

JESUITAS: ¿OVEJAS O LOBOS?

Por: Luciano Revoredo.-

La lectura de un artículo de opinión, publicado hace pocos días, llamó mi atención. Hugo Guerra hace, a mi juicio, un breve pero acertado análisis de la situación preocupante en la que se encuentra el ejercicio del periodismo en el Perú. Y hacia el final sugiere una lectura de un enfrentamiento ideológico al interior de la Iglesia peruana, que tendría ecos en otros ámbitos de la sociedad. Confieso, quizá llevado por la imaginación, que por un momento me sentí transportado a una trama narrativa al estilo de Dan Brown, con una dosis de surrealismo, y un toque final de realismo mágico. Seguí la pista, y algunos datos empezaron a aflorar para configurar un cuadro de no muy grata apariencia.

Cualquier persona familiarizada con el devenir de la Iglesia en la historia sabe que enfrentamientos y bandos han existido siempre. La diferencia, quizá, es que antes esos trapitos pasaban inadvertidos para la gran población de fieles. Hoy, con la globalización, la difusión de medios y redes sociales, y el actuar del periodismo, lo común es que tarde o temprano esas historias afloren. En ese sentido, la triste fractura que afecta al episcopado peruano es algo casi de dominio público. Y esto, además, por obra de los mismos obispos que no titubean en atacarse unos a otros en público y por escrito, como lo hizo, por ejemplo, el obispo Nann, de Caravelí, con Mons. José Antonio Eguren o el alucinante comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal, con el apoyo del arzobispo de Lima, en el que apoyan al periodista anticlerical Salinas sin haber leído el íntegro de la sentencia del proceso judicial.

Esta quiebra también se hace extensiva a las congregaciones religiosas. Fuentes confiables me aseguran que una antigua e influyente congregación, la Compañía de Jesús, estaría muy interesada en que el Vaticano disuelva al Sodalicio de Vida Cristiana. Como se sabe, esta congregación peruana viene pasando una fuerte crisis, y desde enero cuenta con nuevas autoridades que, en coordinación con Roma, vienen trabajando por reconducir su labor. Parecería que un sector de jesuitas, alineados con algunos obispos que abiertamente lo han declarado, ven en esta situación una oportunidad para sacar del cuadro a un movimiento que se les ha opuesto ideológicamente durante décadas. Como se dice popularmente, a hacer leña del árbol caído y liberar el camino.

Pero el asunto va un poco más allá. Por lo que hemos podido indagar, la influencia de la Compañía de Jesús viene en creciente aumento. No sólo, como es evidente, por el cardenalato de Mons. Barreto, jesuita y amigo del Papa Francisco, sino por la cercanía que tienen con el Pontífice miembros notables de la Compañía en el Perú. Se dice, por ejemplo, que el p. Cardó y el p. Cavassa tuvieron mucho que ver en el sorprendente nombramiento del nuevo arzobispo de Lima. ¿Por qué sorprendente? Pues porque a juicio de los entendidos, no cuenta ni con la trayectoria ni con la experiencia para un cargo de tal magnitud.

Esto hace sospechar que sería un excelente elemento para manipular e impulsar una agenda propia. Por otro lado, su influencia en la Universidad Católica es conocida, así como en la Universidad del Pacífico. Se abren algunas interrogantes. ¿Por qué estos influyentes sacerdotes nunca dijeron nada sobre los cobros indebidos a los alumnos durante la gestión de Marcial Rubio? ¿Dónde quedó la preocupación por la justicia ante los recortes de pensión a más de 600 extrabajadores de la Católica?

El futuro no se presenta muy favorable para los católicos de a pie mientras los pastores y religiosos se sigan enredando en intrigas palaciegas. Si algo pudiéramos pedirles es que, antes que hacer de mediadores en conflictos mineros de los que poco o nada saben, se dediquen a lo que todos esperamos, y para lo que se les escogió: cuidar espiritualmente de los católicos, defender a los más débiles y abandonados de la sociedad, velar por la promoción de los valores cristianos en la sociedad y, salvadas las legítimas diferencias y opiniones, trabajar por la unidad de la Iglesia.

Dejar una respuesta