Iglesia y sociedad

FRANCISCO Y LA PRENSA: AGUA PARA EL MOLINO

Por: Andrés Valle Mansilla

“Papa aprueba convivencia civil de homosexuales”, “Cambio histórico de la Iglesia”, “Francisco avanza”, “Francisco bendice unión civil”. Éstos son sólo algunos ejemplos de cómo la prensa secular internacional reaccionó a las inéditas palabras del Papa Francisco a raíz de la exhibición del documental “Francesco” del cineasta judío-ruso Evgeny Afineevsky. Cuando se vea esta película, esas palabras quedarán registradas como históricas y con ello, mucha gente se creerá lo que informa el cuarto poder. Consecuentemente, muchos mirarán al Papa con simpatía y otros con rechazo. Al parecer eso es inevitable, pero no podemos quedarnos en esa conclusión como presagiando un desenlace fatalista para la Iglesia y para los cristianos.

No voy a hacer hincapié en lo que el Papa dijo o no dijo, porque para eso existen numerosos medios católicos que se están encargando de aclarar el malentendido. Claro, los liberales de izquierda, los progresistas, los anticlericales, los “católicos de cafetería” y los cristianos de otras iglesias que despotrican contra los católicos, ya dispararon sus misiles contra el Papa en redes sociales. Sin duda fue una noticia que causó un alboroto no visto antes. Pero, un momento. ¿Es cierto esto último? ¿Las palabras completas del Papa fueron escuchadas? ¿Su postura sobre el tema fue tomada en cuenta en el pasado? ¿O se sacaron de contexto para que los liberales escuchen lo que querían escuchar?

 

Hay que recordar que la Verdad no admite cambios, como expresó el padre Santiago Martín, en su canal Magníficat.tv. En él explicó de manera detallada cómo el Papa dio su opinión sobre el tema de los homosexuales en la entrevista incorporada al mencionado documental. Dicha entrevista fue dada a una periodista del canal mexicano Televisa hace un año, pero no salió completa, sobre todo la parte referida al tema objeto de comentario hasta este año, como consecuencia del estreno de la película en Roma. ¿Por qué? Eso se explica en el comunicado que emitió la Santa Sede el domingo 1 de noviembre. Un pronunciamiento que llega con relativa tardanza, pero que es muy oportuno para calmar las aguas.

La  Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica, las Consideraciones sobre el reconocimiento legal de las Uniones homosexuales del prefecto Ratzinger y otros documentos eclesiásticos son claros y acordes con el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios. Ningún Pontífice tiene el Poder para cambiar la Palabra de Dios ni la Doctrina de la Iglesia. Solamente tiene una política que varía en cada realidad temporal para atender las necesidades de los homosexuales, así como muchas otras que surgen debido a los cursos que toma el devenir humano. La Iglesia Católica es testigo de eso y, como parte de su misión confiada por su fundador y cabeza eterna, Jesucristo, sabe cómo responder a los retos que cada época plantea en el plano espiritual.

En el caso de los homosexuales, éstos no están excluidos ni excomulgados de la comunión eclesial ni exceptuados del llamado universal a la santidad. Es conocido por muchos que el Papa Francisco es un religioso que, inspirado por su formación jesuita, está preocupado por las necesidades sociales de los más desfavorecidos (pobres, migrantes, minorías y otros grupos). Es decir, no tendrá la profundidad espiritual ni intelectual de Benedicto XVI, pero sí tiene una capacidad de llegada con gente muchas veces tratada con rechazo, menosprecio y hostilidad a lo largo de la historia. De ahí que sus palabras llaman la atención en una época de relativismo, desinformación y corrección política globalista.

Tal vez el Papa cometió imprudencia al tocar el tema de las uniones civiles homosexuales aunque sea como parte de una entrevista televisiva. Dentro de la Iglesia habrán laicos, religiosos y sacerdotes que buscarán la forma de influir para que la Iglesia se “adapte a los tiempos” exigiendo que cambie su doctrina, como ocurre por ejemplo con el sacerdote jesuita estadounidense James Martin. No obstante, la pureza es una exigencia para poder pensar y tratar a los demás con la paz divina que puede compartirse sin estar contaminada de ninguna pretensión deshonesta. Existen santos que la practicaron hasta el punto de dar su vida por ello. El caso más célebre es el de Santa María Goretti (1890-1902), aunque también es útil conocer el testimonio de San Pelayo de Córdoba (911-925), quien abrazó la palma del martirio por no ceder a los deseos carnales del califa Abderramán III.

La Iglesia tiene experiencia con Papas que no fueron precisamente ejemplares por su estilo de vida o por sus erradas decisiones políticas. Nada de eso impidió que Dios la protegiera y que fuera glorificado por quienes predican la santidad imitando a Jesucristo. Ni siquiera la desinformación periodística de los medios seculares en 2006 contra el discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona hizo cambiar la verdad doctrinal y bimilenaria de la Iglesia sobre la relación entre fe y razón, por citar un ejemplo adicional de fidelidad a la fe. Cristo dijo claramente que el Cielo y la Tierra pasarán pero sus palabras no pasarán (Mt. 24, 35).

Discurso del papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona en 2006 y que fue objeto de manipulación para enfurecer a los musulmanes. Fuente: aciprensa.com

La Iglesia tiene experiencia con Papas que no fueron precisamente ejemplares por su estilo de vida o por sus erradas decisiones políticas. Nada de eso impidió que Dios la protegiera y que fuera glorificado por quienes predican la santidad imitando a Jesucristo. Ni siquiera la desinformación periodística de los medios seculares en 2006 contra el discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona hizo cambiar la verdad doctrinal y bimilenaria de la Iglesia sobre la relación entre fe y razón, por citar un ejemplo adicional de fidelidad a la fe. Cristo dijo claramente que el Cielo y la Tierra pasarán pero sus palabras no pasarán (Mt. 24, 35).

Este artículo no será “políticamente correcto”, pues la pureza no cuenta con el apoyo y simpatía de quienes tienen una visión hedonista o utilitarista de la vida y de las personas. Incluso si estalla otro escándalo sexual dentro de la Iglesia habrán quienes se sumen a la apostasía silenciosa que vivimos en este tiempo. Esa lamentable decisión sólo servirá para demostrar la escasa fe y formación doctrinal de quienes la tomen. Nadie se va al Paraíso por el simple hecho de morir, pues cada uno pasará por el “espejo de Dios” como parte de su Juicio Personal. Por eso la oración, la frecuencia de los sacramentos y la perseverancia son fundamentales para la salvación eterna. ¿Una entrevista concedida por el Papa, evidentemente editada e incorporada a un documental cambiará la Verdad? Pues, no.

 

 

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