Política

ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN

Por: Yorry Warthon

Finalmente, el presidente se decantó por homologar la estrategia adoptada por la mayoría de jefes de gobierno en la región. Extender la cuarentena y el confinamiento siempre estuvo en el radar de las posibilidades. El detalle es cómo afrontar una recesión económica cuyo impacto es y será superior a nuestros pares en Sudamérica.

Según últimas noticias, Martín Vizcarra ha encontrado en el Fondo Monetario Internacional (FMI) el aliado perfecto para superar la crisis macroeconómica desatada por la pandemia COVID-19. Los miles de millones en préstamos que el Perú ha solicitado generan un endeudamiento que trascenderá a generaciones. Sin ir muy lejos, según nota de prensa difundida en la web del FMI, se conoció que nuestro célebre mandatario acaba de solicitar al fondo US$ 11,000 millones cómo financiamiento preventivo ante la crisis sanitaria. Una deuda más que cargamos a la cuenta nacional y que soportaremos con nuestros impuestos por delante.

Es lógica la indignación del peruano de a pie al enterarse de noticias que informan de un inminente despilfarro económico. Uno que se gesta a costa del Estado de Emergencia y del terror generalizado en el país. No es para menos, si tomamos en cuenta que la recesión que enfrentamos no tiene precedente alguno, y que la clase media se extingue conforme pasan los días en confinamiento.

Pero esto tendría sentido si los números acompañaran al gobierno y el tratamiento de la crisis fuera medianamente decoroso. Los hechos nos indican que esto no sucede. Vizcarra y todos sus consejeros, en las distintas carteras del Ejecutivo, han demostrado estar inhabilitados -moralmente, inclusive- para seguir al frente de la crisis pandémica. Sólo basta con echar un vistazo a las condiciones infrahumanas en que se “atienden” a los pacientes COVID-19 en las regiones Lambayeque y Loreto. El rosario de cadáveres expuestos al aire libre, sin cumplir los protocolos proclamados por Zamora, es un espectáculo escalofriante que refleja el resultado de un gobierno que nos traiciona constantemente.

Así, vale preguntar ¿Por qué el Comando Conjunto de las FFAA no asumió el control de la crisis pese a numerosas advertencias? Este es un cuestionamiento eje del cual se puede inferir el fracaso de la actual administración. Innumerables son los “desaciertos”: Bonos mal entregados, estrategias ideológicas (Farid Matuk) por encima de cualquier plan pragmático, sistemas de reactivación económica que no funcionan (MEF), pruebas serológicas (nunca moleculares) que minan las estadísticas de infectados, desarticulación en la toma de decisiones para evacuar enfermos de coronavirus, déficit en la adquisición de equipos de protección personal (EPP), balones de oxígeno vacíos, debilidad mental del presidente y sus ministros en conjunto, etc.

Pese a todo, y a riesgo de más vidas perdidas, el gobierno central elige mantener a Víctor Zamora en la cartera de salud. Un tipo que, según diversos comentarios en redes, es calificado como un ser despiadado. Y no es para menos. Sus declaraciones últimas en “Exitosa Noticias” revelan -una vez más- que estamos frente a un ministro sellado por la indolencia y profundamente hundido en su ideología.

Declarar que los profesionales de la salud son “igual de ciudadanos que el resto de personas”, y que por ello resulta dificultoso definir qué paciente tiene prioridad para ser trasladado a Lima pone en evidencia a Zamora como alguien carente de compasión, empatía y sentido de liderazgo. Emocionalmente desequilibrado y con rasgos psicopáticos, son diagnósticos que tranquilamente cualquier especialista en salud mental podría concluir si se evalúa su desempeño integral hasta hoy. Esto le ha valido que gremios médicos exijan su inmediata renuncia a la Orden Médica y, por supuesto, al cargo que aún tiene.

Es así que el Ministro de Salud ha logrado convertirse en el símbolo que grafica la gestión de Martin Vizcarra en plenitud. Una administración que pasa a la historia por su improvisación, incapacidad e indolencia. Uno que resiste sobrevaloración de costos (EPP y pruebas COVID-19), endeudamiento internacional para fines “preventivos” (FMI), denuncias por corrupción al interior del gobierno, muertes de personal médico por falta de evacuación a Lima, récords en los números comparados (LATAM). En fin, la lista siempre es larga.

Qué duda cabe que un gobierno afiebrado por la ideología progre-marxista es una espada desenvainada para derramar la sangre de su propia gente. Esto a costa de cumplir cada ítem de la agenda globalista, sin importar que en entremos en un completo Estado de Descomposición. Nos pasa hoy; nos sirve de lección para mañana.

Nuevamente, estamos advertidos.

 

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