Vida y familia

CUARENTENA: ¿El DÍA DE LA MARMOTA?

 Por: Alfredo Gildemeister

Hace unos días, la cuarentena que todos estamos viviendo me trajo a la memoria aquella película estrenada en 1993 titulada “El Día de la Marmota” (“Groundhog Day” en su título original en inglés), una película que cuando la vi, la primera mitad me aburrió y la segunda mitad terminó desesperándome en sobremanera, pues cada día que transcurría en la película se repetía una y otra vez en todos sus detalles, casi hasta desesperarlo a uno y sin encontrarle sentido alguno a esta eterna repetición.

El argumento del film consistía en que Phil Connors (Bill Murray), un meteorólogo frustrado, egocéntrico y malgeniado, debía cubrir todos los años el festival que se celebra en la ciudad de Punxsutawney, Pennsylvania, en donde cada 2 de febrero la tradición establece que una marmota -la cual también se llamada Phil como el protagonista- predice si el invierno será más largo o no.

Hasta el día de hoy, el día de la marmota viene a ser una especie de tradición folclórica, por decirlo de alguna manera, usada por los granjeros de Estados Unidos y Canadá  para predecir el fin del invierno, basado en el comportamiento del animal cuando sale de hibernar el  día 2 de febrero. Según la creencia popular, si al salir de su madriguera la marmota no ve su sombra por ser un día nublado, dejará la madriguera, lo cual significa que el invierno terminará pronto. Por el contrario, si la marmota “ve su sombra” por ser un día soleado y se mete de nuevo en la madriguera, ello significa que el invierno durará seis semanas más. Cabe mencionar que la marmota Phil de Punxsutawney (Pensilvania), es la más famosa, con una tradición de más de de un siglo (desde 1887), en la que cada 2 de febrero, la marmota Phil intenta predecir la duración del invierno.

La película comienza en el momento en que, por culpa de una tormenta de nieve, Phil y su equipo, la productora Rita (Andie MacDowell) y el camarógrafo Larry (Chris Elliott), deben pasar la noche en el pueblo. Phil volverá a despertarse a las 6 de la mañana en el mismo día, un día y otro día, una y otra vez, y sin saber por qué, se repetirán los mismos hechos, verá a las mismas personas, con los mismos saludos, palabras, encuentros con la misma gente, en los mismos momentos, etc.

El pobre Phil ira entrando cada día más en trompo al no poder explicarse qué está sucediendo y por qué se repiten cada día los mismos hechos o eventos, por más que quiera evitarlo. Algo así como si se hubiere quedado atascado en el tiempo. ¿Les suena conocido?

Volviendo a la cuarentena que estamos viviendo en estas semanas y que cada vez que creemos que va a terminar, nos la prorrogan una y otra vez, cada vez escucho a más personas decir que todos los días son iguales, que todos los días parecen los mismos días y, más aún, que todos los días parecen domingos y que, en todo caso, ya da lo mismo que fecha o qué día sean puesto que ¡todos los días son iguales! Recuerdo el meme que circuló la semana pasada, en plan de broma por el 1 de mayo que cayó viernes: “¡Tenemos fin de semana largo!”

De allí que ¿Estaremos viviendo nuestro “día de la marmota” versión peruana? ¿Todos los días la misma rutina de clases y trabajos online (teletrabajos), reuniones online, video conferencias online, reuniones online y celebraciones “online”? ¡Casi se diría que nos levantamos, comemos, trabajamos, dormimos y vivimos online! Para muchos cada día consistirá en ponerte temprano la mascarilla y los guantes, previa enjabonada cuasi total, y coger tu canasta o bolsón para ir de compras, bancos y boticas.

Pues señores, tenemos aparentemente nuestro “día de la marmota” en donde rutinariamente hacemos cada día casi exactamente las mismas actividades. Hasta los noticieros y “conferencias de prensa” del presidente parecen repetir a diario casi las mismas cifras, datos, alientos, ruegos de paciencia y ánimo, mentiras, recriminaciones, tragedias, contagiados, fallecidos, etc. ¿Nos encontramos viviendo acaso nuestro “día de la marmota” a la peruana?

Si bien la vida que vivimos estas semanas de cuarentena pareciera literalmente lo vivido por Phil en la película “El día de la marmota”, no debemos permitir que nuestra vida sea como en el día de la marmota, así de rutinaria, monótona y hasta aburrida. En medio de esta tragedia que es la pandemia del coronavirus, podemos y debemos encontrar cada día no solo una sino mil y una razones para vivir para que cada día sea diferente y distinto al anterior.

Este bofetón que ha significado la pandemia para toda la humanidad, nos está llevando a todos -al encontrarnos literalmente encerrados en nuestras viviendas- a meditar y reflexionar casi a golpes sobre nuestras vidas pasadas, unas vidas de arduo trabajo, activismo en muchos casos, diversión, consumismo materialista indiscriminado, en donde no teníamos tiempo para nada. Mejor dicho, no teníamos tiempo para las cosas más importantes y esenciales de la vida como lo son: la familia, la amistad, el amor, tu vida espiritual en busca de lo esencial, tus padres, hermanos, el dolor de las personas que sufren, que tienen necesidades, que están muy solas, etc. puesto que nos habíamos quedado en una vida superficial, cómoda, viviendo el día a día con la única meta de “pasarla bien”, buscar el éxito económico, material, placer y poder en lo posible y no complicarte la vida por los demás, como si todo eso fuera lo más importante del mundo.

Pues bien. Definitivamente, nuestras vidas una vez que pase esta pandemia, no pueden, no deberían ser las mismas que antes. Después de haber vivido esto -de ver cada día más contagiados, más dolor y muerte en soledad, y ¡cada vez más cercana a nosotros! – algo tiene que haber cambiado en tu vida para bien, para mejor, y si no ha cambiado nada es que no te has dado cuenta ni enterado de nada.

De allí que, allí donde te encuentres en tu casa, en tu habitación, en tu comedor o en tu sala o en el balcón o en la cocina, cierra los ojos y luego ábrelos y mira con otra mirada a las personas que te rodean, redescubre a tu esposo o esposa, a tus hijos y nietos si los tienes, a tus hermanos y hermanas, a tus amigos, a tus padres mayores cuídalos mucho, conversa con ellos y escúchalos. ¡Tenemos tanto que aprender de ellos!

Y algo más… de vez en cuando, en medio de aquel silencio que molesta a algunos y llama la atención de muchos – pues hemos vivido en medio de un ruido atronador, permanente, que nos atontaba a diario -, en medio de aquél bendito silencio que pareciera impuesto por la Providencia divina, busca a Dios dentro de ti mismo. Te llevarás una gran sorpresa. En aquél mágico silencio, te aseguro que lo encontrarás, lo oirás y tu vida… ya no volverá a ser la misma de siempre.

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