Cultura

ENTREVISTA A EDISTIO CÁMERE: LIDERAZGO DOCENTE PARA ESTUDIANTES TRANSFORMADORES EN LA ESCUELA

Edistio Cámere es doctor en educación, psicólogo y educador, con estudios de Maestría en Filosofía con mención en Antropología Filosófica en la Universidad de Piura.  Preside el consejo directivo de PROHUMTEC; actualmente es miembro del Consejo Nacional de Educación (CNE), en esta entrevista responde a las preguntas de La Abeja sobre diversos aspectos de la pedagogía y el liderazgo de los maestros

¿Cuáles son las características de un maestro líder, está más vinculado al conocer o al ser?

Diría que está vinculadas a los dos. Sin el conocer el docente no sería: su primera función es enseñar. El liderazgo del docente tiene las siguientes notas: a) Es territorial, lo ejerce en un colegio, aulas y alumnos determinados y con nombre propio; b) Es relacional, es decir, es vinculante, se alimenta de la repitencia de los encuentros, pero sobre todo del trato personal; c) Es influyente: el profesor tiene que convocar la libertad de los alumnos a través de argumentos (saberes) y de la ejemplaridad; d) Tiene ascendencia gracias a su integridad y a su coherencia entre lo que dice y hace; e) Va por delante, el empeño por mejorar lo hará más realista en lo que exige y comprensivo porque aprecia lo que cuesta adquirir hábitos y virtudes.

En los pre y post grados el estudiante valora más el saber del docente. En la escuela, todo lo que aprende el alumno pasa por la persona del docente.

¿El poder y la autoridad se complementan? ¿cuáles serían las claves para que un docente se convierta en un líder?

Se complementan. EL PODER debe usarse para EMPAREJAR EL AULA, es decir, conseguir que todos los alumnos se dispongan, adopten el talante indispensable para la enseñanza y el aprendizaje. Para lo cual debe encauzar las disrupciones, las energías para que prime la justicia en el aula: que todos puedan – con sus formas de aprender – beneficiarse por igual de los aportes del docente. Una vez conseguido ese objetivo, el poder entra en reposo.

La autoridad, por el contrario, se asienta en la integridad del maestro y se confirma con el conocimiento que tenga del alumno. Cuanto mejor lo conozca el estudiante valorará mejor las proposiciones del docente porque las sabrá personales y ajustadas a su bien y a sus necesidades.

Además, si el docente domina su materia, escucha, corrige, hace lo que dice, confirma y contagia su ilusión profesional, motivará al niño y joven a ser mejor persona y mejor estudiante.

Si en esto tiempos hablamos de que la libertad del estudiante es fundamental para formar un espíritu crítico, ¿cómo desvinculamos el concepto de piensa como yo o aprende lo que el sistema indica?

La extendida práctica de cuantificar y mensurar es la responsable, de esa actitud. So pretexto de la eficiencia y calidad se pretende comprimir a la educación a lo exacto reducirla y acotarla con arreglo al mercado o a las ideologías de turno. Percibo un contradictorio mensaje, de un lado se pondera la promoción automática y la no repitencia y de otro, se castiga – socialmente a las escuelas – por los resultados que obtienen en las pruebas nacionales e internacionales. ¿En los planes de estudio actuales tienen cabida las humanidades? El espacio lo llenan los “cursos duros” que aseguran el ingreso a las universidades. Sí la prisa, lo medible y los resultados, representan el poder tras el trono en las escuelas, el silencio, la pausa, el intercambio, la escucha, la reflexión no tienen espacio… tampoco el pensar, el contemplar y el debatir.

Dos asuntos adicionales:

  • Los conceptos de creatividad e innovación se han elevado hasta el Olimpo: solo lo caben los dioses aclamados por las redes sociales y por quienes logran éxito económico mediante start up. En la escuela se olvida que se pueden enseñar de dos modos a ser creativo: poniendo más inteligencia y más cariño en el obrar. Las cosas se pueden hacer de otra manera y se pueden hacer con más cuidado, con más esmero y buscando el bien de quienes interactúan con nosotros.
  • El propósito de una escuela no es obtener exclusivamente, logros  académicos, deportivos o artísticos, lo suyo es no perder de vista que tiene pendiente tantos objetivos como alumnos matriculados tenga.

 

¿Cómo subsanar la necesidad humana del alumno de estar frente al docente de manera presencial? Usted ha indicado que lo que llega a la mente y el corazón de alumno está íntimamente relacionado al contacto del maestro en forma presencial.

El contacto interpersonal es irremplazable. Sin embargo, debo decir que la presencia, se valora de dos modos: a) presencia de ánimo que en buena cuenta es la serenidad. Ánimo sereno ante las adversidades y ánimo sereno ante las victorias. La serenidad convoca, remansa y da confianza; y b) en la sincronía. Una presencia intensa y positiva es sincrónica cuando simultáneamente confluyen la intención, la expertise y el contexto. La intención tiene que ver con el sentido, con la finalidad, con el propósito; la expertise con la aplicación de los saberes, de la técnica y la experiencia y, el contexto es ajustar las primeras a la situación concreta de quienes tengo en frente.

El estar parado frente a los alumnos involucra de manera personal al docente con su aula ¿cómo transformarla en un entorno virtual?

Quizá sea el momento de acentuar el MEDIO. En el aula el docente se acerca a la persona del alumno a través del dictado de una materia. Virtualmente, es necesario que el docente se luzca trasmitiendo conocimientos que, dicho sea de paso, no es un mero trasmitir: el profesor pone en valor aquello que comunica. Prioriza, sistematiza, gradúa y pone en común junto con el contenido, su método de comprensión y sistematización utilizados en la preparación de sus clases, que en definitiva es lo que permanece en el alumno.

Hablemos ahora del alumno el eje central de toda educación. ¿Quién es? ¿Cómo es su desarrollo en lo cognitivo y emocional ¿Qué debe hacer uno frente a su modo de ver el mundo y su originalidad?

Un estudiante, desde que ingresa al colegio hasta que egresa está en constante crecimiento como persona, que es el mejor modo de aprovechar el tiempo. Crece en lo físico, en lo cognitivo, espiritual, social, emocional, en capacidades, en amistad. etc.

El estudiante no pasa por la escuela, la habita mientras va descubriendo su intimidad, sus ideales, sus ilusiones y buscan autoafirmarse. Asimismo, esa vida interior en efervescencia anhela plasmarse y especificarse en iniciativas y proyectos. En este afán, no están solos. El aprendizaje interpares, a través de la convivencia, es básico para completar y complementar su desarrollo personal.

El estudiante de secundaria descubre que es el origen de sus pensamientos, sentimientos, pareceres, emociones…lo que genera toda una crisis de originalidad, de aquí el afán de querer valerse por sí mismo, de autoafirmarse. Sus descubrimientos ‘originales’ quiere compartirlos. Palpa que las cosas pueden ser de otra manera. El lenguaje es el vehículo para expresar sensaciones, preocupaciones, inquietudes… A través de la palabra, se conoce y conoce, dice que ‘quiere’ y escucha que lo ‘quieren’. ¡qué educativos resultan los momentos de dialogo personal y grupal.

¿Qué papel juega la escuela como el espacio de comunión entre el docente y el alumno?

Me gusta pensar la escuela como:  a) una historia en la que se entrecruzan biografías en crecimiento; b) una gran situación de aprendizaje y, c) como un mosaico de oportunidades. La escuela será un mosaico si: funciona bien en todos sus extremos; si tiene una identidad, un ideario comunicado, si su cultura permea todas las instancias y actividades, si se ejerce una autoridad que mira al servicio de todos los integrantes de la comunidad educativa; Si, además, comunica vitalmente de muchos modos diferentes que la presencia del alumno es importante, y que en el aula pueda saber y sentir ¡qué bueno que estés en esta aula!

Veamos algunos conceptos fundamentales para entender la profundidad de esta trilogía alumno, maestro y escuela. Los conceptos son subsidiaridad, participación y pertenencia.

Evitar la cultura del reemplazo: el otro no va a nuestro ritmo o lo que realiza no coincide con nuestros códigos de calidad…etc. En la escuela se debe proteger y promover el valor de la confianza: el director tiene que confiar en el profesor; los profesores entre ellos. El docente confiar en el alumno y, enseñar de palabra y por osmosis a que los alumnos confíen entre ellos.

Cuidar de no reemplazar al alumno en aquello que le compete y puede hacer. Cuando a la escuela (docente) se le mide por los resultados cuantitativos se le orilla a que no viva el principio de subsidiariedad.

Aprovechar la riqueza de las singularidades de los estudiantes en beneficio del aula y de la escuela.  Promover espacios en los que los estudiantes puedan participar, comunicar sus talentos, tomar decisiones, plasmar sus ideales en iniciativas y acrecentar su liderazgo orientado al servicio.

Definir la zona de autonomía de los alumnos para que puedan generar un ambiente en el que sus pares y compañeros puedan con solvencia estar con otros y ser con otros Gracias a la participación estudiantil se promueve que la cultura de la escuela no solo llegue al alumno por el profesor sino también a través del trato entre los mismos alumnos.

Con la participación se logra pertenencia. Con ambas se los brotes de Bullying, de desconfianza, de soledad e invisibilidad.

Muchas veces no se reconoce el avance de los alumnos por miedo a que su creatividad traspase los límites de la enseñanza establecida y muchos profesores y directores temen que no se respete el principio de autoridad. ¿Qué está equivocado en esta premisa?

Primero es una actitud mezquina y alejada de la verdadera escuela. En segundo lugar, la educación es la acción de extraer y bruñir el material precioso que anida en cada estudiante.

De otro lado, la judicialización en la educación ha empujado a la escuela y todo su personal a asumir una actitud de omisión, precisamente para evitar “problemas”. Omitir, ¿en qué? Básicamente en corregir que es poner recta las cosas y, afirmar que es confirmar y reconocer cuando se obra bien.

Finalmente, los docentes son profesionales que ponen en valor – con su aporte y su persona –la ciencia, las humanidades que trasmiten y, en la formación de los alumnos. Decía la filósofa Edith Stein que una pedagogía que carezca de una respuesta la pregunta “¿qué es el hombre? no hará sino construir castillos en el aire.”.  La escuela del siglo XXI tiene que enfrentarse a boca de jarro con esa pregunta. De su respuesta dependerá la consistencia de su cultura y la vigencia de su propuesta educativa.

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