La columna del Director

EN ACTO DE ODIO MONSEÑOR CASTILLO RETIRA CUADRO DE SAN JOSEMARÍA DE LA CATEDRAL EN EL DÍA DE SU FIESTA

Se trata sin duda de una demostración más de su ejercicio perverso del poder y de su insaciable capacidad de odio a todo aquello que no sea progresismo, ecologismo, feminismo o marxismo.

Por: Luciano Revoredo

El 14 de julio de 1974 visitó la Catedral de Lima el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer. Estaba acompañado por Monseñor Álvaro del Portillo y Monseñor Javier Echevarría. Se dirigió a la capilla del Santísimo donde permaneció en oración.

Al cumplirse 30 años de esta visita y estando San Josemaría recién canonizado , el Vicario Regional del Opus Dei en el Perú donó a la iglesia Catedral de Lima un óleo de tres metros de alto y gran calidad artística, que recordaba ese momento histórico y que fue colocado en el lugar en que aquella vez estuvo el santo en oración.

El cuadro mostraba a San Josemaría de rodillas rezando, a un lado se apreciaba el altar de Nuestra señora de la Evangelización y una leyenda que daba cuenta de su visita.

Lo cierto del caso es que, al inefable arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo, no se le ha ocurrido mejor idea, que, con motivo de la fiesta de San Josemaría, el 26 de junio, retirar el cuadro.

Según ha denunciado Samuel Soldevilla en el portal católico Inquisitivo,  el cuadro está envuelto en papel kraft y depositado en la Capilla de Santa Apolonia.

Esta actitud inesperada e innecesaria del arzobispo no nos llama la atención. Se trata sin duda de una demostración más de su ejercicio perverso del poder y de su insaciable capacidad de odio a todo aquello que no sea progresismo, ecologismo, feminismo o marxismo.

Para nada ha considerado que hay gran cantidad de fieles en el Perú que tienen gran devoción al llamado santo de la vida ordinaria, que incluso cuando aún vivía  fue admirado por los Papas Pío XII, San Juan XXIII y San Pablo VI. Desde su muerte, ha sido admirado por los Papas Juan Pablo I, San Juan Pablo II, Benedicto XVI, así como por nuestro actual Santo Padre, el Papa Francisco.

Ya hemos denunciado en este portal sus intenciones de acabar con todo aquello que en la iglesia hay de bueno o tradicional.

Hace tiempo nos llegó la información que tenía un plan al cual él mismo había llamado coloquialmente el Plan Chocolateo. Se trataba de moverlo todo, cambiar los párrocos y quitarles las parroquias y responsabilidades a los que él considera peligrosos, es decir a los conservadores y colocar en sus puestos a los progres de la teología de la liberación.

Sabemos por ejemplo que pretende despojar de sus templos y parroquias en los que vienen trabajando hace años e incluso ellos las han construido, a diversos grupos a los que llama “carcas”, por su posición “conservadora”. Castillo detesta la liturgia y la tradición.

Una prueba de todo esto es la cantidad de sacerdotes que al no someterse a sus caprichos son perseguidos, despojados de sus responsabilidades y cuantos de ellos hoy incluso se ven obligados a vivir en casas de sus familias al haber sido marginados de toda vida eclesial.

Cabe recordar todo lo denunciado por su propio sobrino en un libro en el que cuenta como se apropió de un inmueble y del dinero de su padre y como en una oportunidad le dijo que todo lo de las apariciones de la Virgen en Fátima eran mitos no comprobados.

La situación de la iglesia peruana es lamentable. Principalmente la de Lima. Recordemos también cuando el señor arzobispo tuvo la idea absurda de reemplazar a los párrocos por laicos. Esta idea no prosperó por la ola de críticas que desató entre la feligresía. Su idea era mandar a los curas a estudiar “porque están mal formados” y que laicos (obviamente liberacionistas y marxistoides) asumieran la labor de párrocos. Sin embargo al no poder hacerla abiertamente ha recurrido a un subterfugio con los EPAP (Equipo Pastoral de Animación Parroquial), que ha impuesto y que en la práctica son animadores de la teología de la liberación en las parroquias.

Los sacerdotes deben ser pregoneros infatigables del Evangelio, estar en su comunidad parroquial, dedicarse a la salvación de las almas, brindar los sacramentos, animar a los fieles, nada de esto le gusta al arzobispo de Lima. La misión del sacerdote es combinar, conectar dos realidades aparentemente tan separadas, es decir, el mundo de Dios —lejano a nosotros, a menudo desconocido para el hombre— y nuestro mundo humano. La misión del sacerdocio es ser mediador, puente que enlaza, y así llevar al hombre a Dios, a su redención, a su verdadera luz, a su verdadera vida. Así lo enseña el magisterio de la iglesia. Esto no puede ser destruido por prejuicios progresistas o por perversidad revolucionaria.

Es deber de los laicos impedir que monseñor Castillo cometa los actos que pretende y es deber de los sacerdotes resistir.

 

*El autor de esta nota, director de este medio, declara que jamás ha sido, ni es parte del Opus Dei. Esta denuncia la hace únicamente animado por amor a la iglesia y afecto personal a un gran santo

4 Comentarios

  1. Como católicos debemos ser férreos defensores de nuestra fe y estar alertas ante cualquier amenaza de ideologías nocivas y destructoras de nuestros pincipios religiosos y sobretodo la fe y formación de nuestros hijos.
    Oremos por San Josemaría.

  2. Nefasta decisión de un clérigo considerado a leguas un rojo más del séquito de su familiar. Su “santa” y “moderna” mediocridad eclesiástica solo avergüenza a quienes como católicos respetamos y amamos a la iglesia, a sus autoridades, y por supuesto respetamos, admiramos y queremos a quienes en mérito de sus virtudes han sido proclamados santos como San José María. ¡Buenísimo artículo Luciano!

  3. Es lamentable lo que se ha hecho con la imagen de San Josemaria en un aniversario más de su fallecimiento. Mis oraciones dicha autoridad de la Iglesia.

  4. No queda claro porque se le da la santificación al fundador del Opus Dei, congregación que cuando tuvo poder en la Iglesia, causó el alejamiento de los católicos hacia sectores o religiones cristianos y trató muy mal a los padres de la congregación Dioscesana y otras, verdaderos fundadores de parroquias con esfuerzo de la población.

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