La columna del Director

EL PERÚ TAURINO

Por: Luciano Revoredo

El Perú es un país taurino. No cabe duda. No en vano se celebran en nuestro país más de seiscientas corridas de toros al año con asistencia de cientos de miles de peruanos y con un importantísimo movimiento económico.

Lima por otra parte se ha convertido en la única capital iberoamericana que cuenta con dos temporadas taurinas serias y de primer nivel. La de la Esperanza que se ha iniciado esta semana en Lurín y la inminente temporada de Acho.

A  esto hay que añadir que el primer torero del mundo según la opinión unánime de la crítica internacional es peruano. Andrés Roca Rey es una figura mundial. Su presencia en cualquier plaza del mundo merece primeras planas y acaba de protagonizar una de las páginas más gloriosas de la historia del toreo en Bilbao en una corrida en que tuvo dos faenas épicas, agónicas, heroicas e inolvidables. Bordó uno de esos momentos únicos que sintetizan toda la música, toda la pintura, toda la poesía y todo el arte taurino de la historia.

Las más diversas razones, desde la intolerancia totalitaria hasta la crisis económica propiciada por el socialismo han propiciado que este año no haya toros en México, Bogotá, Quito ni Caracas. Mientras en Lima nos aprestamos a ver a lo más grande de la tauromaquia mundial. No cabe duda de que es un privilegio que además habría que capitalizar como parte de la oferta turística limeña.

Sin duda algunos encandilados por la nueva religión del animalismo, algunos de esos que mientras promueven el desmembramiento de niños por nacer, lloriquean por las tortugas o las ballenas, saldrán al frente a enrostrarnos sus traumas y sus prejuicios. A imponernos sus delirios. Pues habrá que defender nuestra libertad. La libertad a vivir nuestras tradiciones, a disfrutar de nuestra cultura y nuestro derecho a ser lo que somos porque lo hemos heredado de siglos de creación humana.

Que sepan los señores animalistas que ser taurino es ser un verdadero amante de los toros. No en el sentido sensiblero y bellaco de pensar que tienen derechos análogos a los humanos. El taurino es un amante de los toros bravos como especie única. El animalismo me repele. Es la denigración del ser humano. Es la revolución de la sinrazón y la sandez. Siendo amante de los toros aprecio que estos vivan libres y cuidados hasta llegar a la plaza y morir con una dignidad única.

Hay que celebrar que el Perú sea taurino. Algunos pesimistas me dicen que no durará muchos años más esta costumbre. Tal vez sea cierto. Como cierta es la decadencia de la humanidad, como cierto es que cada generación es más pobre intelectualmente que las anteriores. No soy, no se puede ser optimista, ante la simpleza mental que se apodera de las mayorías. En ese sentido es posible que, pese al momento memorable de la tauromaquia en el mundo y particularmente en el Perú, la memez termine por imponerse y la intolerancia termine por la fuerza privando a la humanidad del más trascendental arte efímero. Confío en que no sea así. Mientras tanto soy taurino y lo seré hasta mi último aliento.

1 comentario

  1. Te sigo porque me gusta lo que escribes, pero no estoy de ninguna manera de acuerdo que con tu sabia pluma alientes a esta masacre de un animal o animales para satisfacción de algunos. En eso sí deberíamos evolucionar como humanos. Creo que jamás la tortura puede ser cultura. Si se empezó a practicar en el pasado, no quiere decirir que se tenga que seguir haciendo como ya no se utiliza la guillotina ni el ahorcamiento público para deleitar al público, sediento de sangre. Yo sí deseo que este tipo de espectáculos acabe para siempre y NO soy de las que humaniza a los animales porque creo que éso también es abuso animal.

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