Iglesia

DIOS EN LAS ELECCIONES

Por Manuel Castañeda Jiménez.

Desde hace unos días, el cardenal y arzobispo de Lima Carlos Castillo Mattasoglio ha venido reiterando que la Iglesia no tiene candidato. Y, aunque normalmente no coincidimos con Su Eminencia, esta vez le reconocemos que está en lo cierto.

En efecto, la Iglesia trasciende a los partidos políticos, e inclusive trasciende a las formas de gobierno (Monarquía, Aristocracia y Democracia son tres formas de gobierno válidas conforme a la doctrina social cristiana).

La labor de la Iglesia es la salvación de las almas, y para ello predica el Evangelio que contiene la palabra de Dios que llegó a nosotros por medio de Jesucristo (y antes de Él por medio de los patriarcas y profetas).

No obstante, pensamos, con el debido respeto hacia Su Eminencia Reverendísima, que su discurso -para variar- es incompleto y no muestra todas las facetas que corresponde mostrar por un prelado cuando de una elección general se trata, en la que se juega el destino de todo un país. En efecto, si lo que el señor cardenal quiere hacer es orientar a la feligresía, entonces debería también mostrarle los peligros a que está expuesta. Porque ¿de qué sirve que un obispo como él, que se entiende es un pastor de almas, alerte sobre unos riesgos y no alerte sobre otros? ¿Se puede calificar como bueno a un arquitecto que se pone a arreglar las puertas de una casa cuando el edificio amenaza con caerse porque sus columnas están rajadas, o porque un enemigo está presto a dinamitarlo?

Veamos: en estas elecciones, a como está el mundo, bien puede resultar saliendo un candidato que promueva la ideología de género, o el matrimonio entre personas del mismo sexo; no sabemos cuáles candidatos están dispuestos a promover el aborto o hasta la eutanasia; todas ella, políticas que rondan por ahí como amenazas a la identidad del Perú que, guste o no el cardenal Castillo -realmente no estamos muy seguros- es sustancialmente cristiano y católico.

Entonces, no cabe caer en el facilismo en que cae Su Eminencia de alarmarse porque algún candidato se diga católico. Porque ¡cuidado!: ningún candidato se ha autoproclamado representante de la Iglesia, por lo que la advertencia del cardenal, aunque válida, carece de fundamento. Lo que ha habido es uno u otro candidato que ha reconocido ser católico o cristiano, y que como tal no promoverá de ninguna manera políticas que fueran contrarias al sentir católico y cristiano de la mayoría de los peruanos. Y, en eso, el cardenal, si quiere verdaderamente ser pastoral, debería insistir en que los católicos tengan cuidado de no votar por candidatos que alienten políticas anticristianas y no hacerse, como parece, de la vista gorda frente a tal peligro.

Recientemente, un Jurado Electoral Especial tuvo el desatino de pretender multar a un candidato por haber mencionado a Dios en un acto de campaña, como si ello fuera un crimen. Fue una torpeza que, felizmente, ya se corrigió, y cualquier candidato tiene el derecho -aunque pitee Su Eminencia- de decir que es católico apostólico y romano, o evangélico, o budista o del pescadito. A nadie puede perseguírsele por sus convicciones religiosas. Es más, cada candidato debería, por propia iniciativa, hacer de conocimiento de los votantes, cuál religión profesa, porque de no hacerlo, el día de mañana bien podría resultar que los peruanos eligieran a un musulmán sin saberlo. No se les puede exigir, porque la Constitución, adecuadamente, reconoce el derecho de toda persona a guardar reserva sobre sus convicciones religiosas; pero sería muy deseable que de parte de los propios candidatos surgiera la iniciativa de revelar a los electores la religión que profesa. Agregaría puntos a la transparencia de ese candidato y evitaría que los peruanos fueran desagradablemente sorprendidos; con mayor razón cuando ya van varios presidentes mentirosos que hemos tenido en los últimos lustros. Quizás le salga urticaria a Su Eminencia, y lo lamentaríamos, pero ya queda poco tiempo para que se retire a sus cuarteles de invierno donde podría curarse de ser necesario.

Porque, ojo: Dios no interviene en las elecciones -y no tiene por qué intervenir-; pero Él observa todos los actos humanos, y hay un primer mandamiento de la Ley de Dios, que consiste en amarle y reverenciarle por sobre todas las cosas. Así que, todos los actos de los hombres deben orientarse a Su gloria, incluyendo algo trascendente como lo es una elección general. Qué bueno sería que el señor cardenal organizara una rogativa pública de varios días, pidiendo al Señor que ilumine al pueblo peruano para que escoja bien en las elecciones que se avecinan, y que el candidato que resulte electo, sepa respetar el sentir católico y cristiano del pueblo peruano.

Además, ya el Señor nos ha sacado de tantas que bien le cabe con el máximo respeto, aquél dicho popular que dice que Dios es peruano. Tal vez hasta fuera el caso de que se le expida un DNI.

3 Comentarios

  1. ¡Bien dicho! El Cardenal y miembros de la Jerarquía de la Iglesia sin precisar candidato debe exponer los lineamientos cristianos de nuestro voto. Votar por la vida, por el matrimonio de siempre, por los principios cristianos.

  2. El problema según entiendo es que el señor cardenal y algunos obispos más, por ahí, se creen que son la Iglesia y por lo tanto, ellos no tienen un solo candidato, de seguro están deshojando margaritas, entre chau, vizcarra, mentigrozo, o el último invento sanchez. Por eso dicen, que la Iglesia, o sea ellos, no tienen candidato, se olvidan que eso es rancio clericalismo, y que la Iglesia, es el puede Dios, y no unos cuantos prelados, (o será pelados?). Ahora, estos tales, no han salido a defender la vida, tampoco la Verdad, así con mayúsculas, que es con quién todo católico debe identificar asi Señor, Jesucristo, lo identifican? Pero además lo proclaman como Rey? Ahí se los dejo, cada uno con su conciencia.

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