
Por: Alfredo Gildemeister
Hace un tiempo el Papa Francisco pronunció unas palabras que se me quedaron grabadas a fuego en la memoria: “Un aspecto fundamental para promover a los pobres está el modo en que los vemos. No sirve una mirada ideológica que termina usando a los pobres al servicio de otros intereses políticos y personales. Las ideologías terminan mal. ¡No sirven! Las ideologías tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. ¡Las ideologías no asumen al pueblo! Por eso fíjense en el siglo pasado. ¿En qué terminaron las ideologías? En dictaduras siempre… ¡Siempre! Piensan por el pueblo. ¡No dejan pensar al pueblo!”
Estas palabras me hicieron retroceder a mi niñez y adolescencia. Crecí en medio de una dictadura militar. Tenía ocho años cuando mi madre llegó corriendo a mi colegio para sacarme disparado y llevarme a mi casa, pues el general Juan Velazco Alvarado acababa de efectuar un golpe de Estado deponiendo al presidente Fernando Belaúnde. A partir de ese día comenzó un bombardeo literal de ideología socialista marxista por prensa, radio y televisión que francamente ahogaba. La ideología del gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas -como así se autonombraban- nos la metían a diario a través de medios “parametrados” -esta palabrita la aprendí en esas épocas- amén de los monótonos discursos que se trasmitía en cadena en todos los canales de TV, discursos de los militares de turno haciendo de ministros como podían -pues no era obviamente lo suyo- con lo cual mas terminaron haciendo un papelón. Los chistes de Artola subieron como la espuma y los libritos de Sofocleto se comenzaron a vender como pan caliente. Por aquellos años llegaron de Argentina libritos con las tiras cómicas de Mafalda de Quino, con lo cual la gente se divertía burlándose de los militares ignorantes ideologizados. De allí que la reforma agraria (“La tierra es de quien la trabaja”), la lucha entre ricos y pobres, las “clases” acomodadas y los mas abandonados eran temas de todos los días. El Estado se adueñó de todos los servicios y actividades importantes monopolizándolo -estatizando- todo, con lo cual los servicios públicos se volvieron malos y caros. La corrupción no podía faltar por lo que al gobierno revolucionario de la Fuerzas Armadas le sucedió lo que les pasa a todas las dictaduras socialistas – marxistas en el mundo: se aburguesaron y corrompieron, pues no es cuestión de ideología el sacar a un país adelante. Se requiere inversión, confianza, trabajo y respeto a las libertades y derechos fundamentales de las personas. De allí que mientras la escasez de alimentos, productos y servicios imperaba por doquier, los militares revolucionarios viajaban, compraban, importaban lo que querían, etc. mientras que el pueblo pasaba calamidades, escaseces y la pobreza aumentaba, la agricultura luego de la reforma agraria estaba en franco abandono y las demás actividades empresariales del Estado acaparador se iban en picada. Nos estábamos convirtiendo en una Cuba versión peruana a grandes pasos.
Finalmente, el gobierno revolucionario dejó al Perú con una enorme deuda externa y en una pobreza extrema, por lo que, en un arranque de cordura, los militares permitieron que en 1980 volviera la democracia y una nueva Constitución. Como se recordará, en los ochenta y noventa surge el terrorismo con Sendero Luminoso y el MRTA, grupos terroristas de ideología marxista -leninista -maoista, los cuales masacraron pueblos enteros de la sierra peruana, asesinaron a miles de líderes políticos y funcionarios de Estado, destruyendo además el país. A mediados de los 90 estos grupos terroristas derrotados, pero no del todo, se refugian en la hoy denominada zona del VRAEM aliándose con el narcotráfico y cambiando radicalmente su estrategia para la toma del poder en 180 grados. Para ello ya desde el breve gobierno provisional de Paniagua, pasando por Toledo, García, Humala, Kuczynski y Vizcarra, hasta el actual gobierno de transición de Sagasti, la izquierda radical marxista fue infiltrando a su gente en el aparato estatal, en sus instituciones, ministerios y poderes del Estado. Ello debe indicarse al lado de una poderosa mafia de corrupción como la liderada por Odebrecht.
Como se puede apreciar, la estratega de estos grupos radicales cambió totalmente. Ya no será por medio de la violencia el que busquen apoderarse del poder para imponer su ideología marxista y sus fracasadas propuestas de estatización, expropiaciones y control del Estado y de los ciudadanos, sino aprovechándose de las instituciones democráticas con sus reglas e irónicamente, utilizando el propio sistema de sufragio.
La conclusión de esta estrategia es lo que estamos viendo en estas últimas semanas. Dicho sea de paso, mencionar que esto no ocurre solo en el Perú sino en diversos países de América Latina como Chile, Bolivia, Ecuador, Argentina y recientemente en Colombia, políticas marxistas chavistas timoneadas y dirigidas por el denominado Foro de Sao Paulo y el Foro de Puebla. De allí que el candidato Pedro Castillo no sea otra cosa que el instrumento utilizado y manipulado por esta estrategia marxista chavista para hacerse con el poder en el Perú. Por todo esto es que en la próxima segunda vuelta el Perú se está jugando dos opciones muy claras y contundentes: una opción de ideología marxista leninista maoísta -así lo ha declarado el propio secretario del partido Perú Libre Vladimir Cerrón- con el apoyo del Movadef -partido con vestuario democrático de Sendero Luminoso, tal como lo fuera en España el partido Herri Batazuna, brazo político del grupo terrorista ETA- con una propuesta muy similar al ya mencionado fracasado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas de 1968 de estatizaciones y eliminación de las libertades y derechos fundamentales de las personas; y de otro lado, el partido Fuerza Popular con una propuesta de respeto a la democracia, al Estado de Derecho y a la Economía social de mercado así como total respeto de las libertades y derechos fundamentales de las personas.
Definitivamente, la propuesta o ideario del partido Perú Libre constituye como dicen en Francia, todo un “deja vu” para los peruanos mayores de 40 años puesto que eso ya lo hemos visto, vivido y sufrido, fracasando estrepitosamente no solo en el Perú sino en diversas partes del mundo. Baste ver lo ocurrido en Cuba o Venezuela, Corea del Norte y Nicaragua, por solo mencionar unos cuantos países con sistemas marxistas, para apreciar el total fracaso de estas propuestas totalmente desfasadas y fracasadas que solo generan pobreza, miseria y sufrimiento en las personas. Por tanto, este próximo 6 de junio será el “día D” para el Perú -paradójicamente se cumpliría un aniversario más del famoso desembarco en Normandía de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial que decidió el curso de dicha contienda- por lo que los peruanos tendremos que elegir entre la democracia y la dictadura marxista. Para los que amamos nuestra patria y queremos un Perú grande, no queda más que elegir a Fuerza Popular, la democracia y la libertad. De allí que hay que votar -no en blanco ni viciado lo cual sería lo mismo que votar por el marxismo- sino optar por la democracia. De nosotros dependerá que el Perú salga adelante o que se sumerja en su destrucción. El Perú es un pueblo muy piadoso y creyente, mayoritariamente cristiano y católico. De allí que no dejemos de rezar a nuestros santos y santas, y al Señor de los Milagros por el futuro de nuestro hermoso y gran país. No olvidemos las palabras de Francisco: “Las ideologías terminan mal. ¡No sirven!… ¡Las ideologías no asumen al pueblo! ¡Piensan por el pueblo! ¡No dejan pensar al pueblo!” Por ello solo cabe un solo grito: ¡Elige a la Democracia! ¡Despierta Perú! ¡Viva el Perú!





