La columna del Director

CUANDO LA POCA FE DE LOS PASTORES AFECTA A LOS FIELES

Por: Luciano Revoredo

Una asidua e inteligente lectora de La Abeja, que hace tiempo viene exigiendo la apertura de las iglesias y el acceso a los sacramentos, nos escribe comentando que conversando por teléfono con una amiga suya desde París esta le decía que allá las iglesias están abiertas, que uno va y se inscribe para que le den fecha y hora para asistir, las bancas están separadas para cumplir con el distanciamiento social y que pueden confesarse, escuchar misa y recibir la comunión…

Nuestra lectora, ávida de conocer más detalles y pensando en el abandono que los fieles católicos peruanos sufrimos por autoridades eclesiásticas ideologizadas e irresponsables exclamó:

  • ¡Que bendición! ¡Pudiste comulgar!

A lo que su amiga respondió:

  • Nooooo, yo soy persona de riesgo, ¡No me vaya a dar el COVID!

Tras unos segundos de desconcierto siguió este diálogo:

  • Amiga mía, ¿Crees verdaderamente que Jesús Está presente en esa Sagrada Hostia Consagrada? ¿Qué está el Dios vivo ahí en la Hostia en cuerpo, alma y divinidad?
  • Si… claro que lo creo, si no fuese así no sería católica…
  • ¿Y por qué dudas entonces? ¿Acaso piensas que el Cristo VIVO en aquella Hostia te llevaría un virus mortal? Imagínate que Jesús está ahorita frente a ti, ¿No te arrodillarías a besarle los pies al Rey de Reyes? ¿Y piensas que serías contagiada?

Este testimonio que nos envía nuestra amable lectora a la que no le falta razón. Nos plantea una realidad irrefutable. Sin duda que el encierro, el pánico generado por los medios y todo el ataque a la iglesia está generando esta dislocación en la fe no sólo en los malos sacerdotes y obispos como vemos en el Perú, sino también en muchos asustados fieles. Conviene entonces recordar la promesa del Divino Maestro:

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. (Jn 6, 48-51)

 O también sus palabras cuando dice:

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. (Jn 6, 56-57)

 ¿Es posible entonces que el que tenga la más mínima fe piense que la comunión puede traerle enfermedad y muerte? Lamentablemente la poca fe de muchos pastores ha calado en los fieles. El caso de esta buena persona en París que teme comulgar es muy claro. Lo que pasa en parís también pasa en Lima. A esos malos pastores que calientan el asiento en la Conferencia Episcopal o en el Arzobispado de Lima a la vez  que nos cierran los templos y nos niegan los sacramentos el Señor les diría:

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. (Jn 6, 35)

1 comentario

  1. Y seguramente tantos otros dichos del Apocalipsis. Pero el problema es que para creer lo que dice la Escritura, se necesita FE. Y lamentablemente esa fe no se puede obtener tras la muerte. Cuando estén ante el Justo Juez, y le hayan visto y comprobado que existe, ya será tarde, no habrá ocasión para el arrepentimiento, pues fueron al seminario, y a quien mucho se le dió mucho se le pedirá. Ya lo vio Dante, en el infierno habrá sacerdotes, obispos y papas, todos faltos de fe.

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