
Por: María Ximena Rondón
“Se consolida sin vergüenza alguna un mundo de mentiras, de condicionamientos y de manipulación. Un mundo de esclavos. Las técnicas de manipulación mental son sumamente sutiles. El mal se convierte en bien como por arte de magia”, Cardenal Robert Sarah- “Se ha tarde y anochece”.
Este fragmento del libro del Cardenal Sarah en el capítulo dedicado a “los errores de Occidente” resume perfectamente uno de los problemas del escenario político y la opinión pública peruana y quizá, afirmamos, en el mundo.
Se trata de una frase que muchos peruanos repiten como una consigna de una ilusa ansia de “justicia social”, pero que es el producto de una gran estrategia de manipulación mental: “Cierren el Congreso”. Algunos añadidos son “todos son incapaces”, “todos son unos corruptos” y “no hacen nada”.
Recordemos que el 30 de septiembre, el entonces presidente Martín Vizcarra cerró el Congreso de la República porque “le negaron” una cuestión de confianza a su gabinete ministerial. Este acto fue celebrado por el país como una clasificación al Mundial de Fútbol. Hay una suerte de fervor religioso entorno al “cierre del congreso”. Lo curioso es que cuando le pregunta a esos pregoneros sus motivos para tan pasional defensa, estos solo contestan el clásico: porque es corrupto, porque no hacen nada, entre otras. Si uno empieza a preguntarles a profundidad, la mayoría (nos atrevemos a afirmar que todos los que sostienen esa opinión) se queda sin argumentos y el debate culmina en una descalificación a quien le hizo esas preguntas.
Esta situación es producto de un perfecto lavado de cerebro generacional para utilizarlo como un arma política. Sí, es un arma política.
El filósofo Jurgen Habermas expresó que “la redención discursiva de una pretensión de verdad lleva a la aceptabilidad racional, no a la verdad”, es decir, que se le puede hacer creer a la gente que algo es racionalmente aceptable, pero no significa que es la verdad.
Por otro lado, George Orwell, señala en su libro 1984 que “la ignorancia es la fuerza”.
Ambas frases sostienen nuestra hipótesis sobre esta creencia en el Perú de “cierren el congreso”.
En primer lugar, “la ignorancia es la fuerza” se aplica a todos los que repiten la idea de “cierren el congreso” pero ignoran completamente todo el trabajo que realiza el Parlamento, los proyectos que se aprueban en beneficio de la población, las posturas de los congresistas sobre temas sociales y morales e incluso hasta las funciones de este poder del Estado.
Lamentablemente, los medios de comunicación, líderes políticos, líderes de opinión, famosos e influencers son los principales difusores de esta opinión que se ha instalado fuertemente en el pensamiento peruano, como si se tratara de una garrapata.
Hay un enfoque intencional para poner a la población en contra de su Parlamento, a través de una agenda mediática centrada en dar únicamente malas noticias, y de mantenerla ignorante sobre todo lo relacionado a las funciones del Congreso.
Han creado una masa ignorante que se puede manipular según las conveniencias políticas, especialmente por los sectores de la izquierda y el progresismo. Muchos peruanos cometen el pésimo error de subestimar la política y reducirla a la votación o sus opiniones nada profundas sobre los padres de la patria. Hay que recordar que el Congreso es la representación del pueblo y uno tiene todo el derecho de saber qué hacen y de proponerles iniciativas, incluso hay una sección en el sitio web del Congreso para dar una opinión y sugerencias sobre los Proyectos de Ley.
En segundo lugar, la frase Habermas resume cómo los peruanos aceptan las opiniones repetidas por la mayoría y las grandes voces de la opinión pública. Y la creencia de “Cierren el Congreso” no es el único ejemplo ya que podríamos traer a colación el odio irracional a los Fujimori, a la derecha, a ciertas clases sociales, etc.
Es decepcionante encontrar hasta en los grupos de amigos y familiares, algunos son grandes profesionales, que muchos repiten esos discursos implantados como si fueran dogmas religiosos. La gran muestra fueron las marchas de noviembre de 2020 tras la vacancia a Vizcarra (que estuvo bien vacado constitucionalmente y por corrupto) y la presidencia de Merino. Cuando uno preguntaba sus razones para marchar, repetían que Merino era un usurpador y que la democracia estaba en peligro. Ilusos, solo fueron manipulados mentalmente con una destreza admirable.
Lo mismo pasó con quienes votaron por Pedro Castillo al dejarse convencer y manipular con el discurso de una justicia social marxista y la figura del “humilde profesor” del Perú profundo. Realmente el nivel cognitivo del país deja mucho que desear, especialmente porque se convierte en un arma política perfecta.
En ese sentido, ante el planteamiento de la cuestión de confianza realizada por el premier Aníbal Torres el 17 de septiembre, muchos celebraron y volvieron a repetir “cierren el congreso”. Y Torres y los allegados del gobierno saben perfectamente que esa frase les da poder y les permite ganarse a la opinión pública.
La democracia está en peligro y el Congreso tiene el deber de defenderla con toda su potestad. Y quizás el pueblo peruano no debe subestimar el juego de la política. Ahora solo son tontos útiles en el tablero. La situación sería diferente si todos fueran realmente pensantes.






Pues, habría que retroceder hasta el 5 de abril de 1992 ¿ A quien sino, se debe esa descalificación integral? El congreso cerrado por fujimori, era uno de notables peruanos de uno y otro bando, gente con preparación, estudios y trabajo serio, fuera del parlamento, todos sufrieron la descalificación y ese hecho de hace 30 años (una generación) permanece en el inconsciente colectivo, la gente que en ese entonces tenía 10 años, son los que piensan así. Olvidar ese pequeño detalle, es lo que mantiene a los corruptos en el lugar que detentan.