Iglesia

CARTA ABIERTA AL ARZOBISPO DE LIMA

Carlos,

Dios pone en nuestras manos responsabilidades que nos imponen ineludibles obligaciones. O juntamos o desparramamos. Y tú, Carlos, sabiendo que no debías aceptar  una dignidad que no te correspondía y que excedía tus capacidades, inclinaste la cabeza para recibir la mitra.

¡Oh Arzobispo, Oh Pastor, Oh doctor, Oh Toribio! ¿Por qué abandonaste a tu grey a su suerte durante la Pandemia? ¿Por qué secuestraste a Cristo Eucaristía bajo 7 llaves? ¿Por qué no perdonaste al pecador 7 veces 7? ¿Por qué no ungiste al enfermo y absolviste al moribundo? ¿Por qué no defendiste los derechos de Dios? ¿Por qué dejaste hambrienta a tu grey, sin el Pan del Cielo y sin el Pan de la Palabra?

Dios te tomará ajustada cuenta de aquellos que murieron sin reconciliarse; de aquellos que fueron arrinconados en el callejón de la desesperanza.  De los que pudieron sanar mediante el Óleo Santo y el poder del Sacramento. Te reclamará por los cuerpos sepultados indignamente, sin las ceremonias del Ritual.

La ley civil, no puede ser invocada para excusar al sacerdote de ejercer su Ministerio. Cerradas las iglesias, los presbíteros debieron salir a buscar a las ovejas. Pudieron llevar la píxide colgada del cuello, los óleos en un estuche, caminando revestidos de sobrepelliz y estola. Inquiriendo casa por casa, quien necesitaba confesarse, comulgar, ungirse o bautizarse.

¡Nada de eso hicieron! Prohibiste a los sacerdotes hacerlo. ¡Expusiste a mil ultrajes posibles al Santísimo Sacramento! Llevado por cualquiera, y consumido tal vez en pecado mortal.

Pudiste haber retomado las enseñanzas de Salvifici doloris, pero preferiste recitar a Vallejo.

Pudiste poner a la cabeza del Seminario diocesano a un sabio y santo sacerdote, pero designaste a un incapaz, un indigno y un ambicioso. Se ha relajado la disciplina a niveles inaceptables, se ha abandonado el estudio, la formación, la piedad, el fervor y la reverencia. Lo más escandaloso es que se han formado “amistades “que encubren el amor que no se nombra.

Corresponde al Arzobispo la VIGILANCIA. ¿Ignoras o fomentas el ridículo público, la indignidad y las chocarrerías blasfemas de diáconos y curas en tic toc y Facebook?

Has usado la Cátedra de Loayza, de Mogrovejo, de Lobo Guerrero, de Parada y Goyeneche, para recitar poemas e invocar a los Beatles ¿No te basta el Evangelio?

No contento con lo que ya has hecho, quieres perpetrar, hoy, un atentado más contra la Iglesia de Lima, pretendiendo expulsar a Cristo de la esfera pública, impidiendo que los poderes del Estado, le rindan pleito de homenaje al Señor de los Milagros. Buscas herir de muerte el corazón de los creyentes, impidiendo su ingreso glorioso y triunfal a la Plaza Mayor.

En principio no puedes, porque, aunque la procesión es manifestación multitudinaria de piedad popular, y exaltación de la Fe, es una fiesta que forma parte, del calendario cívico. Está bajo la protección de la legislación municipal.

En segundo lugar, como pastor no puedes oponerte a una práctica de piedad querida por Dios para edificación y bien de las almas.

En tercer lugar, porque la Cuaresma Limeña, goza de privilegio. San Juan Pablo II, dijo que <<tiene un carácter eminentemente jubilar, de gracia y de perdón, de conversión sincera y de reconciliación, con el propósito de vivir profundamente el misterio de la cruz en la cual Cristo ha redimido a todo el género humano.>>

En cuarto lugar, porque como Arzobispo no puedes impedir que tu grey se arrepienta, se convierta y experimente el gozo de la Reconciliación, y el hartazgo del Banquete Eucarístico.

La presencia en triunfo y majestad del Patrón Jurado de Lima es el reconocimiento de su Señorío sobre las potestades del mundo, incluido tu ministerio episcopal. Es Cristo quien convoca y junta en el atrio del Sagrario. Quien no junta con Cristo, desparrama.

Tus actos como Arzobispo de Lima, parecen estar destinados a hacer todo el daño posible a la Iglesia. Has atacado directamente a la Sagrada Eucaristía, por todos los medios posibles, y quieres que el daño sea permanente asegurándose que el clero en formación sea vicioso, ignorante, impío y mundano. Quieres un clero que, como tú, no crea en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.

Tu amigo de siempre,

José

 

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