
Por: Luciano Revoredo
La política peruana suele sufrir de una memoria corta, pero hay traiciones que el instinto de supervivencia de una nación no puede ignorar. Las recientes declaraciones de Keiko Fujimori desde Chile, calificando a Michelle Bachelet como una “gran representante para la ONU”, no son un gesto de cortesía diplomática; son una claudicación ideológica
Keiko Fujimori pretende mimetizarse con el éxito de José Antonio Kast, pero al segundo siguiente estrecha la mano de la agenda que Kast ha combatido toda su vida. ¿Cómo se puede defender la libertad y, al mismo tiempo, impulsar a quien ha sido la embajadora global de la Agenda Woke y el progresismo más recalcitrante?
Bachelet no es una “mujer preparada” como la califica Keiko; es más bien el símbolo de la destrucción de los valores occidentales. Durante su mandato presidencial y su paso por la ONU, Bachelet ha sido la punta de lanza para despenalizar el asesinato de niños por nacer bajo el disfraz de “derechos reproductivos”. Ha impulsado políticas de género que buscan adoctrinar a nuestros hijos, rompiendo la potestad de la familia tradicional. Su visión económica siempre ha coqueteado con el asfixiante control estatal, alejándose del libre mercado. Su tibieza (y a veces complicidad) con regímenes como el de Maduro o el castrismo es una bofetada para quienes luchamos contra la izquierda internacional.
Parece que Keiko Fujimori ha olvidado quién era la presidenta de Chile cuando su padre fue extraditado. Michelle Bachelet no solo encarna la agenda que destruye la familia, sino que fue la figura política que supervisó el proceso que terminó con Alberto Fujimori en prisión. Alabarla hoy no es solo una traición a los valores que dice defender, es un acto de amnesia política selectiva por puro pragmatismo globalista. ¿Dónde quedó la lealtad al legado de su padre?
No se puede confiar en quien pregona su posición provida y profamilia y piensa que debe ser diplomático con quien encarna lo contrario. Con la izquierda no se negocia, se le vence, no se le deja ni un milímetro. La política no es un club de amigos donde se intercambian favores a costa de los principios. Como enseña Sun Tzu “La mayor victoria es vencer al enemigo sin luchar”, pero podemos agregar que la mayor derrota es entregar tus banderas antes de que empiece la batalla. Keiko Fujimori ha entregado las banderas. Ha preferido el aplauso de las élites globalistas antes que la lealtad a su electorado.






Jajajajajaja no le tengas miedo a una mujer,Keiko está asustando a los candidatos de RP,ella no necesita rebajarse oara dañar la imagen de l8s opositores por esta razón voy por KEIKO PRESIDENTE DEL PERÚ 2026
Pero es que algo bueno puede salir de esa señora? Su olfato político es bastante precario, y está tratando de llevar votos de las izquierdas hablando bien de esa que es médico pediatra, pero al parecer no le gustan los infantes y ha decidido acabar con sus pacientes antes de que lleguen al mundo.