
Por: Luciano Revoredo
El tema del abuso sexual está presente en todas las instituciones. En medios artísticos, deportivos, médicos, educativos, etc. Cuando estos casos se dan en la iglesia es cierto que resultan muy chocantes e imperdonables, ya que quienes deben estar al servicio de las personas y al cuidado de su espiritualidad, traicionan este ideal para convertirse en abusadores.
Por otro lado, también conviene mencionar que, si bien por ser motivo de justificado escándalo, el abuso de menores llama más la atención, según las estadísticas de que se dispone, casi un 80% de los casos de abuso o acoso se suceden con jóvenes y adultos de sexo masculino, lo que deja muy en claro que el problema principal no sería la pedofilia sino la homosexualidad. Incluso el Papa Francisco llamó a la homosexualidad “moda” y recomendó que los hombres con “esta tendencia profundamente arraigada” no sean aceptados en los seminarios. Es evidente que quienes hacen voto de castidad y deciden entregar su vida a Dios y al prójimo no debieran caer en ninguna de estas inconductas, pero la realidad que enfrentamos es esa.
Al margen de estas disquisiciones, corresponde atender y proteger a las víctimas de estos casos, así como prevenir y evitar que sigan sucediendo. En ese sentido el Vaticano ha dado instrucciones muy claras y protocolos a seguir para evitar estas situaciones tan tristes.
Al respecto cabe mencionar la reciente denuncia publicada en la Revista Cosas por el periodista de esa casa, Diego Molina. Lo que Molina denuncia es un intento de abuso en su contra por parte de un sacerdote jesuita en un colegio de Arequipa. En su caso el abuso no se consumó, pero indica que podría haber habido otros casos. Todo esto sucedió años atrás y según el mismo periodista menciona el abusador ya hasta habría fallecido.
Lo que cabe preguntarse es si en esa escuela ya se han puesto en práctica las recomendaciones del Santo Padre, así como si el siempre tan hablantín cardenal Barreto ya se ha interesado en el caso, considerando su condición de jesuita y la diligencia que ha puesto en otros presuntos casos de abuso cuando no se trataba de su congregación. Se espera que un obispo tan fértil como él actúe siempre con la misma medida.





