
Por: Fernando Valdivia Correa
Cuando creímos que ya no podía sorprendernos más, ha vuelto a ocurrir. Martín Alberto Vizcarra Cornejo, quien por mas de dos años ejerció accidental y temerariamente como Presidente de la República, fue nuevamente vacunado contra la Covid-19, sumando su tercera dosis (o quizá la cuarta), a pesar del repudio que oportunamente generó su inoculación soterrada, lo cual le significó la inhabilitación para el ejercicio de la función pública por diez años, impidiéndole asumir el cargo de Parlamentario (periodo 2021-2026). No solo eso, sino que además “colgó” en la red (tuiteó y posteó) la foto en la que aparecía orgulloso al lado de varias enfermeras que habrían participado de la inmunización al polémico exmandatario, agregando que ejerció tal derecho como ciudadano en cumplimiento del cronograma elaborado por el Ministerio de Salud. Inmediatamente la noticia se viralizó, generando el rechazo unánime de la población, clase política, y medios de comunicación. Todos, sin excepción.
El gobierno, a través de Oscar Ugarte, primero intentó culpar de tal negligencia al RENIEC por haber no remitido el padrón depurado, para luego desandar aceptando el “error” cometido, precisando que este controvertible personaje ha sido retirado del referido padrón. Como era de esperar, el taimado Vizcarra tildó de “irracional” la decisión del ministro, pretendiendo justificarse en que “es la primera vez que me estoy vacunando, lo de octubre del año pasado fue un ensayo clínico de etapa fase 3”.
Esta afiebrada respuesta es quizá fruto de la espontaneidad (entendiéndose como sinvergüencería) que ya caracteriza al siempre polémico exmandatario. O, tal vez signifique un extraño “juego en pared” con el Ejecutivo y con la dupla candidatura presidencial (Pedro Castillo y Vladimir Cerrón), intentando distraer a la opinión pública de las cada vez más preocupantes imputaciones de fraude que se ciñen sobre el actual proceso electoral (hay que recordar la fallida estrategia de victimización por parte de Piero Corvetto, Jefe de la ONPE, al denunciar una supuesta –y negada– agresión física y verbal al interior de un club social, que incluso tuvo eco en la acomedida fiscalía; o que Pedro Castillo haya impulsado el fake new del supuesto homicidio del ciudadano Sacarías Meneses a manos de seguidores de Fuerza Popular, cuando fue evidente que su deceso se produjo por causas naturales).
De esto último, hace apenas unos días el propio Castillo afirmó haber conversado con Julio Velarde para que permanezca al frente del Banco Central de Reserva, pero al tiempo muy orondo afirmó que “el 28 de julio pediremos al Congreso que se agende la instalación de una Asamblea Constituyente”, culpando a nuestra vigente Carta Política de los males que aqueja el país. Todo ello, evidentemente, secundado por su padre político Cerrón.
El “vacunate” significó la caída de Vizcarra, defenestrado de la presidencia. Pero sigue literalmente “suelto en plaza”, pontificando sobre la actual coyuntura electoral, convirtiéndose así convenientemente –con sus falacias– en un distractor político, mientras se acerca la cuenta regresiva que probablemente coloque a Castillo el fajín el próximo 28 de julio.
Por cierto, ¿y el estado de las investigaciones en el Ministerio Público al ladino ex Gobernador Regional de Moquegua?. En espera a que se resuelva primero el examen psicológico a Piero, así las diligencias a la reciente denuncia abierta contra Montesinos, Arce y otros. En buen romance, seguirán “durmiendo el sueño de los justos”. Buen provecho Martincito.






El genocida no es un enfermo mental. “El comportamiento genocida no surge de súbito, sino que solapada, astuta y paulatinamente se infiltra empapando los tejidos elitistas que ostentan el poder de la sociedad, emperejilándoles con el hacer de que se sientan diferentes al resto, con el hacer de que rezumen el que cumplen un objetivo para el que solamente ellos se hallan elegidos”. (Wikipedia).
Así encontramos a Hitler, Stalin, Abimael etc…
Pero esto aunado con el afán de lucro es doblemente delictivo. Esa respuesta que “ellos se quieren comer la torta solos” identifica esa mezcla de falta de moral y ansia de lucro. Aquí tuvimos y existen autoridades con ansia de poder que los lleva por ese poder a la corrupción en su beneficio, pero ninguno salvo uno lo llevo a nivel de genocidio por inacción. Pero que les pasa por su cabeza al genocida? Como se indica líneas arriba que solapadamente y astutamente entonces existe la planificación. ¿Quizás pensó que la pandemia eliminaría a sus otros enemigos con la pandemia? Recordando una entrevista a una radio en Moquegua donde indicaba que se enfermarían todos. ¿La inacción buscaba esa limpieza de sus enemigos dentro de los miles de inocentes? La vacuna clandestina buscaba esa protección y blindaje personal. Por eso tiene que crearse una comisión de la verdad y buscar las responsabilidades de este personaje y sus secuaces que demostró en todos sus actos la amoralidad y corrupción generalizada. Si no fuera por la respuesta organizada de la ciudadanía y apoyo privado el drama seria aún mayor.
Martincito hace tiempo debió estar tras las rejas; pero el Poder Judicial es blando con él, gracias a sus influencias.
Huele mal.