La columna del Director

¡YO SÍ TERRUQUEO!

Por: Luciano Revoredo

Cuando la izquierda aburguesada, mejor conocida como la caviarada, hizo alianzas con oenegés defensoras de los “derechos humanos” de los terroristas, se dedicó a liberar senderistas y emerretistas de las cárceles y a perseguir a las fuerzas del orden, cuando se dedicó a legislar en favor de los extremistas, a contratar terroristas como asesores en el congreso y en la práctica justificar a esos criminales para los cuales en el fondo trabajan como tontos útiles o comprensivos aliados, los demócratas indignados empezaron a llamarles terrucos.

Es entonces que caviares y rojos de todos los pelajes se ofendieron e inventaron el verbo “terruquear”. La idea era que las derechas incapaces de argumentar recurrían al terruqueo para descalificarlos. Sin embargo, el tiempo le dio la razón a la derecha. La caviarada fue el escalón anterior, los adelantados, los que abrieron la puerta para que los terroristas tomen el poder y secuestren al país. Primero se prestaron a lavarles la cara, a ser compañeros de viaje. A verlos como gente equivocada en los métodos pero que se podían enmendar. Los llamaban “cumpas”.

Luego ante unas elecciones reñidas voto a voto y con la sombra del fraude más evidente, optaron por dejarse llevar por el odio prefiriendo a los aliados del terror que a las fuerzas democráticas.

Es así que gracias a ellos y a los políticamente correctos que se dejaron llevar de las narices se instauró en el Perú un gobierno neosenderista. Por ello, concurrimos al peor escenario político y de conmoción social que se recuerde en los últimos años. Hoy no queda espacio para dudas ni para contemplaciones, el gobierno de Perú Libre y el presidente ilegítimo del Perú se solidarizan con sus ministros senderistas, nos quieren imponer del modo más provocador a terroristas, apologistas del terror y extremistas de toda índole en el poder.

Por su parte los caviares por un par de ministerios y algunas consultorías se arrastran indignos, dispuestos a todo. Hay una imagen que grafica este melodrama rojo y es la de la congresista Sigrid Bazán con el ministro senderista Iber Maraví. El mismo que debiendo renunciar ha presentado una desafiante carta en la que solo pone el cargo a disposición y coloca contra la pared al incapaz Castillo que no atina a hacer nada al respecto.

Ese es el lamentable papel de las izquierdas. El de terrucas o alcahuetas de la terrucada. Ante esto corresponde llamar a las cosas por su nombre y que no se ofendan cuando los demócratas y patriotas les llamen así.

 

Artículo aparecido originalmente en el diario La Noticia

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