Política

WATERGATE, SARRATEA…Y LOS FISCALES

Por: Ricardo León Dueñas

Este tema ya lo he tocado en otra oportunidad y lo volveré a hacer por que quien hoy dirige la institución aludida está siendo blanco de ataques directos y solapados de muchos abogados y personajes quienes al parecer extrañan a una fiscalía de la nación encabezada por señora Zoraida Avalos, sí, la misma que ejerció el cargo en la época de Vizcarra, Sagasti y casi gran parte de la de Castillo. Hoy ha entrado una señora que sabe muy bien cuál es la función de un Ministerio Público de verdad y que además tiene la valentía de tomar el toro por las astas y reivindicar a una institución a la que se le imputaba una feroz e implacable persecución política contra los enemigos y una condescendencia absoluta con sus amigos.

Hoy, por tanto, toca apoyar decididamente a la señora Patricia Benavides, la Fiscal de Nación (así con mayúsculas), en su lucha por librarnos de una verdadera organización criminal que está enquistada en el poder y destruyendo el país ¿Me acompañan a repasar la historia para intentar comprender cómo establecer ciertos analogías con hechos similares? Lo haremos de manera amena y entretenida, pero rigurosa.

Richard Nixon -ya con el escándalo Watergate encima en 1972- arrasó con su contendiente, el  demócrata socialistoide George Mac Govern. El partido republicano venció en 49 de los 50 Estados de la Unión Americana y así el buen Tricky Dicky se aprestó a iniciar su segundo mandato en olor a multitud…no tenía idea de lo que le esperaba.

Antes, una pequeña precisión: Nixon fue un estadista y un abogado y político muy inteligente, además de muy influyente y experimentado, pero inescrupuloso y manipulador. Su entorno: Haldeman, Mitchell, Erlichman, Dean y algunos otros peores (Todos los hombres del presidente) no eran los Niños Cantores de Viena precisamente y Watergate mismo fue una operación absolutamente delictiva (espionaje a sus rivales) que mereció la traumática renuncia de un presidente norteamericano y la cárcel para sus colaboradores. Castillo es un analfabeto funcional, corrupto, cínico y sin ninguna trayectoria relevante…en nada y rodeado de una serie de rateros de poca monta, pero muy empoderados y sus seis casos abarcan varios delitos gravísimos, fuera de los propios de su entorno y familia.

¿A dónde vamos? Que el principio del fin de Nixon tuvo nombre y apellido: el fiscal especial del caso Watergate, el abogado y jurista -profesor de Harvard- Archibald Cox, quien no le tembló la mano ni tuvo ningún reparo ni miedo en enfrentarse al hombre más poderoso del planeta: el presidente de los EEUU. Nixon entonces le pidió al que era fiscal general de nación despidiera a Cox, Elliot Richardson no solo se opuso al ukase presidencial sino que él mismo renunció y para completar el cuadro también lo hizo el fiscal general adjunto William Ruckelshaus, en la llamada “Masacre del sábado por la noche” en octubre de 1973.

Ahí empezó la debacle de Nixon, el reemplazante de Cox, Leon Jaworsky continuó con la investigación, el valiente juez John Sirica le ordenó entregar las cintas que evidenciaban los delitos incurridos. El escándalo escaló (papel fundamental de una prensa realmente incomoda al poder de turno que además descubrió el tema) y algunos meses después los jerarcas del partido republicano (con amplia mayoría en el Senado) encabezados por el senador Barry Goldwater le “sugirieron” a Nixon que renuncie…su permanencia era insostenible. Los audios incriminatorios y la obstrucción a la justicia era ya intolerable ¿les suena conocido? Para agosto de 1974 el vicepresidente Gerald Ford asumiría el mando e indultaría a Nixon.

Muchos dirán, pero es EEUU y esos personajes distan mucho de los peruanos de ahora. Un momentito, la señora Patricia Benavides y el equipo especial de fiscales encabezado por la fiscal Marita Barreto están haciendo lo que Richardson, Cox (y luego Jaworsky) empezaron a hacer: acorralar judicialmente a un presidente (no a candidatos o políticos y personas sin poder real, como otrora…ojo) para así obligar al Congreso a que tome una decisión. Entonces -repito- hoy más que nunca debemos apoyar a la Fiscal de Nación y a su gente en la cruzada emprendida.

BONUS TRACK: Solo a manera de un sugestivo guiño a la analogía, en ese mismo octubre de 1973 el vicepresidente de Nixon, el abogado Spiro T. Agnew, fue obligado a renunciar por graves acusaciones de corrupción ¿les suena un escenario similar con el de la señora vicepresidenta Boluarte?

Dejar una respuesta