Política

VIOLENCIA ROJA

Por: Uri Landman

Desde hace un tiempo que estamos acostumbrados a escuchar la frase “Violencia de Género” que los rojos definen como: “cualquier acto violento o agresión, basado en una situación de desigualdad, en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres”. Con esta definición, estamos aceptando el concepto que el ADN del hombre tiene una característica particular que lo hace ser potencialmente violento sobre las mujeres. Al ser varón el suscrito, esto me convierte en un potencial asesino, violador o abusador solamente por el hecho de ser hombre. Si a eso le sumamos la característica de ser caucásico, me hace un racista; por ser creyente me hace un fanático; por ser heterosexual, me hace homofóbico y si por último digo que soy de derecha me hace un fascista.

La izquierda, en su afán totalitario de controlar el pensamiento de la población, estigmatiza a todo aquel que no es o no piensa como ella y utiliza causas como la lucha de clases o el sufrimiento de la violencia y el maltrato a las mujeres para avanzar su agenda doctrinaria.

Citando a Macarena Olona, diputada española del movimiento Vox, cuando dice:”el hombre no viola, viola un violador, el hombre no mata, mata un asesino, el hombre no maltrata, maltrata un maltratador y el hombre no humilla, humilla un cobarde”, como consecuencia de esta verdad, podemos afirmar que la “violencia de género” es un invento más de la izquierda, ya que “la violencia no tiene género”.

Se debe desterrar la violencia venga de donde venga, ya sea del hombre a la mujer, de la mujer al hombre; de cualquier persona hacia otra que no sea o piense como uno. Se debe castigar severamente la violencia hacia los menores, los adultos mayores, las personas con orientación sexual diferente a la nuestra, ya sean homosexuales, transexuales, bisexuales o como sea que ellos mismos se definan. Pero no podemos encasillar la “violencia de género”, como quiere hacer la izquierda del hombre a la mujer, olvidándonos que realmente la violencia no tiene género y todos podemos sufrirla.

Leemos en los periódicos, escuchamos en la radio, el número de “feminicidios” de los últimos años. Pero ¿sabemos cuál es la cifra de niños asesinados, padres asesinados, abuelos asesinados, homosexuales asesinados? No, no lo sabemos ya que la prensa está orientada a registrar solamente los feminicidios como si las demás vidas no tuvieran el mismo valor.

Quisiera que me expliquen ¿por qué la vida de mi padre no vale lo mismo que la de mi madre, por qué la vida de mi hermano no vale lo mismo que la vida de mi hermana? La diferentes leyes “de género” que se han dado discriminan la vida de los peruanos cuando todos debemos de ser iguales ante la ley según nuestra propia constitución.

No se piense que quiero minimizar el problema de la violencia contra la mujer. Según datos del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en el 2019, 165 mujeres fueron víctimas de feminicidio; se registraron más de 100,000 casos de violencia contra la mujer, siendo las tres principales formas, la violencia psicológica, física y sexual. Según estudio de Datum Internacional de 2018, Perú es el segundo país de América donde las mujeres han vivido mayor tasa de acoso sexual. Estas estadísticas son vergonzosas y alarmantes a la vez.

Pero lo que no hace ninguna de estas leyes, es proponer políticas de Estado para eliminar este flagelo de nuestra sociedad. Se debe empezar por la educación de nuestros jóvenes, ya que en ella está la base para la formación de ciudadanos con valores. Se debe enseñar a los niños a respetar a las niñas y también a respetarse a sí mismos. Demos a los colegios las herramientas y los recursos necesarios para dar una educación de calidad a nuestra juventud, sin dejar de lado el papel importantísimo que debe jugar el seno familiar en la creación de valores en la sociedad. ¿Qué puede pensar un niño que ve constantemente como su padre maltrata a su madre? Para él, este comportamiento es lo normal y seguramente lo repetirá en su vida adulta.

Todo esto ante un Poder Judicial que brilla por su ineptitud, corrupción y desidia de sus autoridades. ¿De qué sirve que la ley indique que 72 horas luego de interpuesta la denuncia, el juzgado de familia debe evaluar el caso y resolver en audiencia oral la emisión de las medidas de protección para luego remitir el caso a la Fiscalía penal para iniciar el proceso, si los juicios en Perú tardan años? Aunado al problema de que la policía no tiene el personal o los recursos necesarios para asegurar estas medidas de protección y finalmente todo cae en letra muerta.

No olviden que la violencia no tiene género y que todos podemos sufrirla en algún momento de nuestras vidas. Corresponde al Estado, pero también a la sociedad crear los mecanismos para la protección de las víctimas, pero sobre, todo el desarrollo de una nación en donde se respeten los derechos de todos y cada uno de nosotros.

 

 

© Café Viena

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