
Por: Luciano Revoredo
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, entre sus primeras decisiones ha dado un paso decisivo y valiente al firmar una orden ejecutiva para retirar oficialmente a su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta decisión marca un hito significativo en la lucha por la soberanía nacional y la protección de las libertades individuales frente a la gestión ineficaz y abusiva de la OMS por ejemplo durante la pandemia de COVID-19.
La OMS, una vez vista como la autoridad global en salud, demostró una incapacidad flagrante para manejar la crisis del COVID-19. Desde el inicio de la pandemia, la organización fue acusada de seguir la agenda de ciertos países en lugar de actuar con la imparcialidad y la urgencia que la situación demandaba. La demora en declarar la emergencia sanitaria internacional, la falta de presión sobre China para una transparencia total desde el brote inicial en Wuhan y las recomendaciones iniciales contradictorias sobre el uso de mascarillas son solo la punta del iceberg de un manejo que ha resultado en millones de vidas afectadas negativamente alrededor del mundo.
Uno de los aspectos más preocupantes del accionar de la OMS ha sido su promoción de medidas que atentan directamente contra las libertades individuales. Las recomendaciones de confinamiento a nivel global, sin un respaldo científico definitivo, no solo han tenido un impacto devastador en las economías de muchas naciones, sino que también han restringido derechos fundamentales. La presión por la vacunación masiva con vacunas experimentales que al final resultaron no ser vacunas, con políticas que en algunos casos bordearon la coerción, ha puesto en tela de juicio la autonomía personal y el derecho a tomar decisiones informadas sobre la propia salud. La imposición de vacunas representa uno de los ataques más flagrantes contra la libertad individual que hemos visto en tiempos recientes. Bajo el pretexto de proteger la salud pública, se ha coaccionado a la población de muchos países para que reciba inyecciones, ignorando sus derechos a la autonomía corporal y a tomar decisiones informadas sobre su propio bienestar. Esta práctica establece un peligroso precedente donde el estado puede dictar qué se debe hacer con el cuerpo de uno, sin importar las objeciones personales, religiosas o filosóficas, transformando así lo que debería ser un acto de elección personal en una imposición.
La retirada de EE.UU. de la OMS no solo es un acto de soberanía nacional, sino también un mensaje claro a la comunidad internacional de que no se tolerará más la manipulación política y la desinformación en nombre de la salud pública. Trump ha destacado la importancia de que cada país tenga la libertad de gestionar sus propias crisis sanitarias según sus necesidades y capacidades, sin estar atado a políticas internacionales que no respetan la autonomía individual o nacional.
Este movimiento se celebra como un acto de justicia y un paso hacia la recuperación de la confianza en las instituciones nacionales de salud. La decisión de Trump no solo protege a los ciudadanos estadounidenses de futuras imposiciones internacionales no deseadas, sino que también abre el camino para un replanteamiento global sobre cómo se gestionan las crisis sanitarias a nivel mundial, con un mayor énfasis en la transparencia, la responsabilidad y el respeto por las libertades personales.
Es hora de que la comunidad internacional reconozca que la salud pública debe basarse en la ciencia, no en la política, y que las decisiones de salud deben ser hechas por los países, con su gente en mente, no por burocracias distantes. La salida de EE.UU. de la OMS es, sin duda, un nuevo comienzo. La decisión de retirarse de la OMS por parte del presidente Trump es una victoria para la autonomía de los Estados Unidos, una declaración de protección de las libertades personales y un impulso hacia una reforma necesaria en cómo se gestiona la salud a nivel global. Es un momento para celebrar y reflexionar sobre el camino hacia una salud pública verdaderamente responsable y libre. La libertad se abre paso.





