Política

Una alianza de liberales y conservadores

Por: Érik Tegnér

El liberalismo y el conservadurismo parecen ser hoy amantes malditos, una pareja que nadie quiere, ni los liberales, ni los conservadores, reproduciendo ideológicamente la pieza de Shakespeare sobre Romeo y Julieta. Y, sin embargo, mientras que los conservadores actuales venden su alianza con el liberalismo como la muerte, está en la esencia misma de estas dos familias de pensamiento ser compatibles, una tendencia que hemos visto en la historia desde el conde de Montalembert hasta los paleolibertarianos americanos en la estela de LewRockwell, pasando por los más conocidos Edmund Burke y Lord Acton. El mismo Burke ponía sobre el mismo plano al liberalismo político y al conservadurismo: “Un Estado sin los medios para el cambio se priva de los medios para conservarse”.

La idea no es afirmar que el liberalismo y el conservadurismo pueden fundirse en uno solo, sino que las dos corrientes de pensamiento son conciliables. Cuando releemos a los liberales Bastiat y Tocqueville, Hayek y Von Mises, comprendemos bien que la mejor protección de la tradición es la libertad individual. Si los conservadores continúan su locura estatista, ellos caerán en la misma trampa que el progresismo, en una dictadura de la moral impuesta por un Estado omnipotente. Si los cambios deben producirse, no deben venir de lo alto, sino de la parte baja de la sociedad.

Sería oportuno ver, por fin, surgir un conservadurismo no-estatista, como el de Roger Scruton o Thomas Sowell, que favorece la iniciativa privada, contrariamente al jacobinismo reaccionario hacia el que hoy tienden algunos conservadores que piensan, erróneamente, que el Estado tiene respuesta para todo. Si hay un político que lo ha comprendido, este es el canciller austríaco Sebastian Kurz. La derecha, en sentido amplio, debería inspirarse en él. 

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