Cultura

SARTRE Y SU OBRA DE NAVIDAD DE 1940 CON LOS NAZIS.

Por: Mario Linares

El periódico francés Le Nouvel Observateur recogió un diálogo de Jean Paul Sartre: “No me percibo a mí mismo como producto del azar, como una mota de polvo en el universo, sino como alguien que ha sido esperado, preparado, prefigurado. En resumen, como un ser que solo un Creador pudo colocar aquí; y esta idea de una mano creadora hace referencia a Dios”. ¿Es Sartre, otro personaje que disfrutó de una gracia “tumbativa ” como la que experimentó Saulo de Tarso? Simone de Beauvoir, pareja de Sartre, conmocionada expresó: “Todos mis amigos, todos los sartreanos, todo el equipo editorial me apoyan en mi consternación”. (Norman Geisler, The Intellectuals Speak Out About God, Chicago, 1984).

La declaración de Sartre puede haber tenido su antecedente en la navidad de 1940 cuando este siendo prisionero en un campo de concentración alemán irrumpe en los planes de una actuación de villancicos previos a la misa de gallo y propone a un jesuita y un dominico, una obra de teatro previa alternando los actos con villancicos.Dirige la obra, elige el vestuario y asume el papel del rey mago Baltasar.

La obra circula como “Barioná, el Hijo del Trueno”, sin el subtítulo que el mismo Sartre le asignó: “O el juego del dolor y la esperanza”. Precisamente de eso trata la obra “perdida” por mucho tiempo pero que hoy es fácil de obtener. Barioná, judío zelote, desolado por las humillaciones y aplastante superioridad del imperio romano, intenta convencer a su aldea que la mejor forma de revelarse al poder opresor, era dejar de reproducirse. Sin gente, no hay tributos posibles y el poder de Roma disminuirá. Es un suicidio colectivo a la postre. Es en esas circunstancias que le toma por sorpresa el embarazo de su esposa y la llegada de los reyes magos con su anuncio. Barioná se resiste, no cree, lucha. El mesías es un timo, da falsa esperanza, incluso quiere anticiparse a Herodes, pero luego… Cito dos pasajes de la obra de innegable delicadeza:

“Hay en el cielo un gran vacío y una gran esperanza (…). En estos momentos; en un establo; hay una mujer acostada sobre la paja. Guardad silencio porque el cielo se ha vaciado entero como un gran agujero; está desierto y los ángeles tienen frío”.

“Durante nueve meses lo ha llevado en su seno, y ella le dará el pecho y su leche se convertirá en la sangre de Dios. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: “¡Mi pequeño!”(…) “Es Dios y se parece a mí”. Y ninguna mujer, jamás, ha disfrutado así de su Dios, para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede estrechar entre los brazos y cubrir de besos. Un Dios calentito que sonríe y respira, un Dios al que se puede tocar; y que vive”.

Para mi y con las disculpas del caso, el ateísmo mayoritariamente ha sido siempre una pataleta, un cliché o expresión de una profunda herida que ha hecho que algunos se revelen ante Dios y se declaren enemigos del cristianismo, sufriendo un profundo y malhumorado odio, teniendo ojos sólo para los errores e inclusive delitos de algunos de los miembros de la Iglesia Católica preponderantemente. Creo que tiene más sentido la duda de aquel que no tiene fe, que ser ateo militante. El agnosticismo representa la sinceridad respecto de la duda en la existencia de Dios primero y en que este Dios se haya revelado en el rabino Jeshua de Nazareth.

Hay abundante muestras de conversiones que nacen de la lucha contra Jesús y sus “fanáticos” seguidores, lucha feroz con un afán compulsivo en demostrar la falsedad de su existencia y el fraude de su resurreccion. Pero vamos, ese es el camino del hombre sin fe honesto, del que busca la verdad y en donde muchos han resultado conversos, actitud que contrasta con el indiferente, el evasivo y procrastinador que en vez de reconocer su debilidad, inclinaciones y miseria y al mismo tiempo la misericordia de Dios, se refugia en el artificio del dudar por cientas de razones que no son sino justificaciones de la manera en como conducen sus vidas, admirando al cristianismo y quizás anhelando su adhesión militante al mismo.
Sartre, se zambulle en la esperanza Cristiana de que a pesar de cualquier circunstancia, es posible la felicidad. La felicidad del desahuciado, del pobre, del que nada tiene, del perseguido, ridiculizado y excluído, de los que ejercen las bienaventuranzas conquistando el reino de Dios con humildad mientras que los intelectuales se revuelcan en las ciénagas de sus conocimientos.

Es posible cambiar, a tropezones o de a pocos. El verdadero mensaje de la Navidad, en aquella de 1940 que llevó paz a seis mil prisioneros franceses en 3 días de actuaciones, en la dificilísima realidad de un campo de concentración, es la misma que puedes experimentar este 24 y 25 en tu hogar a pesar de cualquier circunstancia adversa, incluso si te declaras ateo o agnóstico. Es más, al igual que Sartre puedes asistir como él, en 1940, a la misa de gallo.

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