
Por: Juan Carlos Buezo de Manzanedo
Luego de la primera vuelta de la elección presidencial de 2021 – en la que pasaron a segunda vuelta Pedro Castillo y Keiko Fujimori – y hasta los primeros intentos de “tomar Lima”, como consecuencia de las movilizaciones sociales del interior del país contra el recién instalado gobierno de Dina Boluarte a fines de 2022, distintas agrupaciones de ciudadanos por iniciativa propia y por temor a la instauración – ya sea por la vía electoral o por la vía violenta – de un régimen izquierdista radical, se constituyeron en lo que terminaron autodenominándose los “colectivos patriotas”, en un principio para impedir en segunda vuelta el triunfo de Castillo; en un segundo momento, para denunciar un fraude contra Keiko Fujimori; en un tercer momento, para pedir la vacancia de Castillo y finalmente, en un cuarto momento, para defender al Perú de los intentos de extremistas de “tomarlo”, a poco de iniciado el gobierno de Boluarte.
Es interesante señalar que la naturaleza y composición de estos colectivos era variada. Estaban los relacionados con las Fuerzas Armadas y sus licenciados de las tres armas, y hasta con los colegios militares, como “Arica No Se Rinde” del Ejército y “Brigada Angamos” de la Marina, o la Legión Ruicina, de los exalumnos del Colegio Militar “Pedro Ruíz Gallo”, todos muy bien disciplinados y a veces con indumentaria militar, como el uso de cascos.
También los vinculados con la defensa de causas, como los colectivos provida y profamilia; o los promotores y defensores de la hispanidad, luciendo la cruz de Borgoña virreinal en sus banderas y escudos; o los relacionados con la lucha contra el terrorismo y la defensa de sus víctimas, como el “Colectivo 12 S”, que debe su nombre a la fecha de la captura de Abimael Guzmán un 12 de Septiembre de 1992, constituyéndose así en el primer colectivo anticomunista del Perú; o los vinculados con alguna ideología, como los colectivos libertarios, identificados por sus banderolas amarillas y sus características serpientes enroscadas, además de los colectivos integrados por simpatizantes o adherentes de partidos políticos, como “Renovación Popular” o el Partido Aprista, entre otros.
De esta manera, fue la sociedad organizada la que se enfrentó a las opciones de izquierda radical en las calles y plazas del país a través de marchas, plantones y movilizaciones en general, y que durante varios años hizo sentir su voz de protesta para manifestar su repudio, frente a una alternativa de izquierda extrema como la castillista, que llegó al gobierno y pretendió quedarse de la peor manera, a través un intento de golpe de estado por su líder.
Y es a este mismo conjunto de ciudadanos organizados, al que ahora le corresponderá la tarea de mantenerse vigilantes frente a cualquier amenaza contra el Estado de Derecho o intento de alterar la paz social, atentar contra la gobernabilidad o subvertir el orden – que tanto nos ha costado mantener – para desestabilizar al Perú, durante los próximos cinco años.






Muy buen artículo, Juan Carlos.
Los colectivos y ciudadanos organizados fueron piezas clave para contrarrestar muchas medidas y el avance de esas pretensiones. También fueron firmes en sus denuncias y en desenmascarar aquello que consideraban un riesgo para el país.
Su labor fue, en muchos momentos, solitaria, frente a una parte importante de la sociedad que, por indiferencia, temor o negación, permaneció pasiva. Sin embargo, es justo reconocer a los innumerables ciudadanos que, de manera anónima, sin más identificación que su voz y nuestra bandera, estuvieron presentes en todas las líneas de acción. Son ellos quienes hoy están llamados a seguir contribuyendo desde nuevos frentes.
Este es el momento en que todos los que queremos la paz, la estabilidad y el resurgimiento de nuestra patria, en todos los niveles, sectores y regiones, debemos trabajar con mayor determinación para impulsar un verdadero cambio.
Este es solo el comienzo. Es un inicio esperanzador, sí, pero aún no podemos sentirnos vencedores. Del otro lado, sus ambiciones no cesarán ni renunciarán a sus objetivos: los desafíos persistirán y exigirán constancia de nuestra parte.
Hoy, la Batalla Cultural debe ser nuestro principal enfoque. Y debemos llevarla más allá del pensamiento crítico y el diálogo, trabajando en todos los ámbitos, desarrollando acciones concretas. No hay discurso sólido cuando faltan prosperidad, oportunidades, bienestar para todos e instituciones fuertes.
Este no es tiempo de descanso; apenas es tiempo de tomar aire para seguir trabajando con firmeza por la verdad, los valores y el Perú. Tenemos una gran oportunidad.
Muchas gracias, Juan Carlos, por haber sido parte y por tu inquebrantable aporte.