
Por: Walter Guerrero
No sólo son aviones. El reciente anuncio de la compra de una nueva flota de cazas de guerra para recuperar las capacidades de defensa por parte de la Fuerza Aérea del Perú tiene un marco disuasivo ineludible: el Plan Quiñones.
La estructura operativa de la Fuerza Aérea depende de la implementación del Plan Quiñones; para ello urge recuperar las capacidades perdidas con el primer Alan García, cuando en nombre de una falsa vocación pacifista, vendió a un traficante 14 de los 26 Mirage 2000 con todo su equipamiento de tierra y armamento de corto, mediano y largo alcance, que debían reemplazar a los 10 Mirages VP donados a la Argentina durante la Guerra de Malvinas.
Las capacidades perdidas por Perú las aprovechó Ecuador diez años después, en el verano de 1995, para iniciar la Guerra del Cenepa y que motivó la apurada compra de los MIG-29, usados.
La capacidad militar es la habilidad para crear un efecto a través del empleo de un conjunto de integrado de aspectos categorizados (doctrina, organización, entrenamiento, material, desarrollo de liderazgo, personal, instalaciones, inter operatividad). La compra del sistema de armas contemplados en el plan Quiñones incluyen la plataforma (el avión), la electrónica total, radioayudas, misiles, capacitación, entrenamiento y logística. Presupuesto: US $ 3,500 M. Sin embargo, más allá del costo de la compra; interesa observar cómo esta inversión permitirá recuperar capacidades para que el Perú proteja oportunamente sus recursos.
Como garantía para la paz, esta recuperación de capacidades no es inmediata. Estas capacidades no se adquieren únicamente comprando aviones. Explicamos: Así la compra de esta nueva flota de cazas de guerra se materialice hoy, los nuevos cazas estarán disponibles dentro de un par de años, por lo menos. Incluso, una vez incluidos en el inventario de la Fuerza Aérea del Perú, será necesario entrenar pilotos para aprovechar las potencialidades de las aeronaves y estar en condiciones de entrar en combate con un mínimo de garantía.
“El planeamiento de la defensa se realiza sobre tres horizontes temporales: a largo plazo (15/20 años) para orientar la transformación de la fuerza; a medio plazo (6 años) para programar el empleo de los recursos; y a corto plazo (3 años) para determinar las necesidades presupuestarias y ajustar la programación de los recursos”. El Plan Quiñones ajusta estos plazos.
Aprendiendo de la experiencia ajena, es posible, oportuno y necesario abandonar la matriz rusa, fortalecer la matriz francesa, u optar por la matriz sueca o coreana. Aparentemente, el KF-21 Boramae sigue en carrera. Dassault Rafale no podrá entregar unidades antes del 2027; tampoco Gripen, y, aunque el Boramae tiene una aviónica con mayores posibilidades para actualizaciones futuras, el Rafale es más rápido, tiene más alcance y mayor techo de servicio. KAI ofrece desarrollar la industria aeronáutica; esa ventaja sería muy beneficiosa. Por su parte, Gripen tiene la desventaja de no haber participado en combate, pero buenos pilotos pueden explotar las ventajas de la nave causando devastadoras sorpresas. El F-16 Block 70 también tiene lo suyo y un largo horizonte operativo por delante. La elección de la plataforma sigue siendo tarea de especialistas; sin embargo, hay que cuidar los horizontes temporales.
El contrato que Brasil firmó en 2014 con Saab por 36 cazas Gripen E/F, valorado en 5.040 millones de dólares, prevé su entrega para 2027. Ese contrato se amplió en 2022 añadiendo cuatro cazas más, hasta completar los 40. No obstante, su ministro de Defensa, José Múcio reveló que la Fuerza Aérea Brasileña necesita más cazas Gripen. “Lo estamos viendo y estudiando”, sostuvo. Sin embargo, la FAB urge sustituir los viejos Mirage 2000 y los aviones de ataque a tierra AMX que debe retirar el 2025. Ahora mira al F-16, usados de disposición casi inmediata.
El Plan Quiñones recomienda comprar cazas nuevos: la experiencia con los MIG-29 no fue la mejor. La eficiencia cuesta.
Chile también compró F-16 de segundo uso, aunque más avanzados que los argentinos. Son Block 50; la ventaja es chilena, sumada a los 2 AWACS, el avión radar con el que controla bien su frontera norte pero no da abasto para la extensa frontera con Argentina. Sin embargo, necesitaría 4 AWACS pues los 2 que dispone no pueden volar permanentemente (consumen horas de vuelo, exigen mantenimiento y mayores recursos financieros). La ventaja que aprovecharía Argentina con la recuperación de capacidades aéreas, le exige a Chile distraer sus AWACS vigilando la frontera trasandina. Es la ventaja de distraer al oponente. Se llama disuasión. Y la disuasión siempre es necesaria y oportuna. Sólo falta hacerla posible.






No solo 24 unidades deberían ser 60 aviones cazas, 48 helicópteros de ataque, 16 aviones de transporte, 10 sistemas de radares, 70 baterías anti aéreas 300 km, 07 aviones de alerta temprana, 10 aviones de reconocimiento, 24 helicópteros de transporte