La columna del Director

PEDRO SALINAS: CONDENADO POR DIFAMADOR

 

Hace meses que Paola Ugaz viene profetizando la “crónica de una sentencia anunciada” con relación al caso de la querella que afronta Pedro Salinas en Piura. No ha tenido mucho éxito en sus conjeturas, por cierto. Primero dijo que la sentencia se venía para finales de enero, luego que febrero y finalmente que todo estaba cocinado para marzo. No le atinó a ninguna, y llegó en abril. Pedro Salinas ha sido condenado por difamación agravada por la jueza Judith Cueva con lo que se cierra el caso Eguren vs. Salinas. La condena es a un año de prisión suspendida, 120 días multa y un pago de 80,000 soles de reparación civil.

Desde aquí queremos aplaudir la finalización de este caso que, en lo que se aún se pueda, restituye a Mons. Eguren su honor mancillado. No tardarán en levantarse las protestas de los allegados a Salinas por lo que seguramente considerarán un ultraje al periodismo. Pero esperemos que tampoco se hagan esperar voces de apoyo a una persona que, en este caso, ha sido víctima de un atropello.

No vamos a repetir la sarta de mentiras que a lo largo de este proceso Salinas ha repetido, tratando de manipular información a su favor, negando cosas que antes afirmaba, etc. Algunas hemos ido reseñando en esta columna, pero todo eso ya queda en el anecdotario de su perfil periodístico. Sí creo que es oportuno aprovechar la ocasión para evidenciar un asunto que puede ser de interés general. Salinas en todo momento ha tratado de enlodar a Mons. Eguren asociándolo de forma genérica y determinante a la “cúpula” del Sodalicio. Como se recordará llegó a afirmar, difamatoriamente según confirma la sentencia recién emitida, que Eguren fue creador del sistema de abusos físicos, psicológico sexuales en el Sodalicio. Hoy sabemos que Salinas difamó a Eguren y por tanto el dato pierde relevancia en sí mismo. Lo importante es individuar la manera de proceder de Salinas.

Podríamos caracterizar su técnica como “generalizar para confundir”. O dicho de manera más coloquial: “meter todo en un mismo saco”. Hasta el cansancio Salinas —y Paola Ugaz a coro— han dicho en diversas ocasiones que la querella que le puso Mons. Eguren era una respuesta al libro “Mitad monjes, mitad soldados”. Ha intentado bajo todos los medios de hacer ver la acusación de difamación como parte de una respuesta articulada por el Sodalicio en su contra. La realidad, y lo hemos corroborado, es que no es así. Eguren ha hecho lo que ha hecho por su cuenta, pues consideró que las afirmaciones de Salinas faltaban a la verdad y lesionaban su buen nombre. No hubo tal “confabulación sodálite” contra Salinas.

Dentro de su estrategia de “generalizar para confundir”, Salinas ha logrado instalar la idea de que las cosas son blanco o negro. No hay lugar a grises ni a matices. Si Eguren fue sodálite tiene que haber actuado así o asá. Y resulta que no. La realidad es mucho más compleja y resulta aventurado, por decir lo menos, apegarse a ese tipo de generalizaciones, sobre todo, cuando de por medio está el nombre y la honra de personas. Por ahora, este caso ya le pasó su factura a Salinas. Esperemos que sirva para revisar un modo de proceder que no augura buenas cosas.

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