Iglesia

PALABRAS DE MONSEÑOR CARLOS SALCEDO, OBISPO DE HUANCAVELICA, AL INAUGURARSE EL NACIMIENTO PERUANO EN LA PLAZA DE SAN PEDRO DEL VATICANO

Su Santidad Papa Francisco
Excelentísimo Señor Embajador Oscar Maurtua, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú
Embajador Jorge Román, Embajador del Perú ante la Santa Sede
Doctor Alejandro Diaz, Gobernador Regional de Huancavelica

Queridos hermanos y hermanas

Reciban el saludo en nombre del pueblo Huancavelicano y, en él, el de todo el Perú.

El pesebre a contemplar en la Plaza de San Pedro, representa la fe del pueblo Chopcca, un pueblo muy creyente, que celebra la liturgia y sacramentos en el idioma quechua. Por ello, observamos a la Sagrada Familia y otros personajes con vestimentas típicas de nuestra querida cultura.
Con la fe puesta fuertemente en Jesús, viven cada día con esperanza. La pandemia del COVID-19 y las otras pandemias: como la pobreza, el hambre, la corrupción, la violencia y el olvido por parte del centralismo político, no han podido vencer la esperanza de este pueblo. Esta se refleja en la búsqueda de una vida cada vez más digna, comunitaria y solidaria, venciendo así al individualismo y la indiferencia. Esta actitud esperanzadora también es característica de las otras culturas y pueblos del Perú.

Su Santidad estamos siguiendo el consejo que usted nos dejó en su visita al Perú, cuando nos dijo: “No dejen que les roben la esperanza”. Nuestro pueblo al ver a Jesús en ese humilde pesebre renueva su esperanza, y levanta su mirada al cielo para agradecer por quién viene a liberarnos. El pueblo de Chopcca, toda Huancavelica y, me atrevo a decir, el Perú entero quiere caminar con Él y, entre nosotros queremos caminar juntos hacia la civilización del amor, donde nadie se sienta marginado o descartado sino todo lo contrario: sentirnos incluidos y revalorados en nuestra dignidad de hijos de un mismo Dios. Viviendo con alegría el compartir los talentos recibidos
para promover el bien común y el cuidado de la casa común.

Estamos alegres y agradecidos por su acogida, y por recibir el pesebre huancavelicano elaborado por nuestros artesanos, esta obra nos compromete a convertirnos en artesanos de la esperanza.

Gracias, también, por recibir de manera virtual a los niños y niñas de nuestra diócesis. Ellos, con mucha preparación y alegría, entonan los villancicos que nos ayudan a encontrarnos con el Dios que tomó la iniciativa de venir a nuestro encuentro, volviéndose así en artesanos de la profecía que queremos para nuestro país. Estos signos nos invitan a continuar nuestra labor por promover la cultura del encuentro.

El sínodo de la Sinodalidad, al cual inspiradamente usted nos ha invitado a sentirnos parte, es una gran oportunidad para escucharnos unos a otros y aprender de la riqueza que cada uno trae. Y, juntos, discernir la voz de Dios en el Santo Pueblo que clama en el grito de los pobres y de la tierra.

Este sínodo, nos hace “sentirnos convocados para resucitar” a nuestro pueblo, por ello estamos desarrollando una iniciativa pastoral promovida por la Conferencia Episcopal Peruana que incluye a personas de buena voluntad, jóvenes, comunidades de fe, organizaciones sociales y sociedad civil, para trabajar de manera articulada, y ser puentes no solo para vencer las pandemias sino para alcanzar un desarrollo integral y sostenible, que incluya la tan mellada salud mental y la vida espiritual.

Esta iniciativa se denomina Resucita Perú Ahora y quiere comunicar la esperanza de Dios, que es fiel, y nunca abandona a su pueblo, y que está con nosotros aún en medio de todo tipo de pandemia y nos acompaña para remar juntos a una meta común: la tan ansiada fraternidad y amistad social. Más aún en el contexto del bicentenario de nuestra independencia nacional.

Su Santidad este encuentro con el niño Jesús, que vive intensamente el pueblo chopcca, me compromete, como obispo de la diócesis que usted me confía, a caminar junto con todos los hermanos, los obispos, sacerdotes, religiosas, seminaristas, laicos, organizaciones sociales y civiles a ser una Iglesia huancavelicana popular, sinodal y misionera, en salida hacia las periferias existenciales y geográficas.
Permítanme termine con expresiones de mi región:

Jucc umalla, Jucc sunqulla, Jucc makilla, Jucc chaquilla.
Un solo pensamiento, un solo corazón, un solo objetivo, un caminar juntos.

¡Muchas gracias!

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