Vida y familia

LA GRANDEZA DE LA MATERNIDAD

 

Por:Alfredo Gildemeister.-

Un año más se celebra el día de la madre e irónicamente es hoy cuando más se ataca la maternidad de la mujer. Lo increíble del caso es que, en muchos casos, son las propias mujeres las que atacan su maternidad, bajo la bandera de un feminismo que dicen, paradójicamente, defiende a la mujer.

Curiosamente, estas agrupaciones feministas al promover el aborto en todas sus formas, no hacen otra cosa que promover el asesinato del no nacido, lo cual afecta directamente al don más grande de toda mujer: su posibilidad de ser madre, de engendrar una nueva vida, lo cual la convierte –si cabe el término- en una cogeneradora de vida con Dios. La mujer coparticipa de la actividad creadora lo cual constituye todo un privilegio, por no decir una bendición, cosa que le da una especial grandeza a la mujer: su potencialidad de ser madre y de engendrar una nueva vida.

¿No se dan cuenta estos movimientos feministas que, al atacar la maternidad de la mujer, atacan su esencia misma, esto es, su principal atributo como lo es la maternidad? La mayoría de estos movimientos feministas desconocen que, históricamente, entre las mujeres precursoras del feminismo, muchas fueron lo que hoy denominaríamos “próvida”. Cabe recordar, a modo de ejemplo, el caso de siete mujeres del siglo XIX precursoras del feminismo que, además de trabajar por los derechos civiles y políticos de las mujeres, se pronunciaron a favor de la vida y en contra del aborto, destacando la maternidad de la mujer como su más grande atributo.

Un primer caso es el de Elizabeth Cady Stanton, gran activista del abolicionismo de la esclavitud. De su descontento, y el de otras feministas de la época, surgió la “Declaración de Seneca Falls”, el texto fundacional del sufragismo estadounidense y del feminismo organizado en los Estados Unidos. Stanton fue madre nada menos que de siete hijos y en su obra “Child Murder” escribió lo siguiente: “El Dr. Oaks hizo la observación de que, según la mejor estimación que podría hacer, había 400 asesinatos producidos anualmente por el aborto solo en ese condado. Debe haber un remedio para un mal como éste. Pero, ¿dónde se puede encontrar, al menos en un primer momento, si no es en la completa emancipación y elevación de las mujeres?”

Un segundo caso fue el de Sarah Norton, conferencista conocida por su activismo a favor de la admisión de mujeres en la Universidad de Cornell. En su artículo “Tragedia – Social y Doméstica” abordó el caso de una mujer que murió después de que su pareja le dio veneno para abortar a su hijo: “¡Aquí encontramos que un marido ha estado comprando el veneno para su esposa y su potencial descendiente! Quizás no con un deseo de matar a la esposa, pero como las posibilidades son de 5 a 1 contra cada mujer que intenta abortar, no pudo dejar de darse cuenta del peligro. Si este esquema hubiera sido exitoso en destruir solo la vida buscada, ¿cuál pudo haber sido el crimen del hombre y cuál debería ser su castigo si, como accesorio de un asesinato, comete dos?” Un tercer caso es el de Victoria Woodhull, primera mujer en declarar su candidatura a la presidencia en 1870. Woodhull y su hermana iniciaron su propio periódico feminista en el que apareció un artículo titulado “The Slaughter of Innocents” escrito por ambas hermanas. En dicho artículo indica lo siguiente: “Las esposas deliberadamente se permiten quedar embarazadas de niños y luego, para evitar convertirse en madres, deliberadamente los asesinan cuando aún están en sus úteros. ¿Puede haber una condición más desmoralizada que ésta? Somos conscientes de que muchas mujeres intentan excusarse por practicarse abortos sobre la base de que no es un asesinato. Pero el hecho de recurrir a un argumento tan débil solo demuestra más palpablemente que se dan cuenta de la enormidad del crimen”.

Un caso interesante es el de Maddie Brinckerhoff, conferencista que abogó por el sufragio femenino. Debido a que en varias ocasiones se refirió a lo que llamó “maternidad voluntaria” -cuando las feministas usaban el término “maternidad voluntaria”- aclaró que no se referían al aborto o la anticoncepción si no al derecho de las mujeres a abstenerse de tener relaciones sexuales en el matrimonio, y al deber de los hombres de respetar el derecho de las mujeres a rechazar sus avances. De esta manera, las mujeres tendrían control sobre cuándo ser madres. Brinckerhoff, estaba en contra del aborto y escribió en el diario La Revolución: “Cuando un hombre roba para satisfacer el hambre, podemos concluir con seguridad que hay algo mal en la sociedad, así que cuando una mujer destruye la vida de su hijo no nacido, es una evidencia de que por educación o circunstancias ha sido muy maltratada”. Un quinto ejemplo es el de la Dra. Elizabeth Blackwell. Fue la primera mujer en obtener un título médico. Ella describe al bebé por nacer y por qué debe ser protegido: “Mira el primer destello de la vida, la vida del embrión, el comienzo de la existencia humana. Vemos una célula pequeña, tan pequeña que puede ser fácilmente olvidada. Es una célula viva; contiene un poder de crecimiento progresivo, conforme a las leyes, según un tipo definido, que solo podemos contemplar con reverente admiración”. En su diario, Blackwell escribió acerca de Madame Restell, una conocida abortista de Nueva York: “La grosera perversión y destrucción de la maternidad por el abortista me llenó de indignación y despertó un antagonismo activo”.

Como sexto ejemplo tenemos a la doctora Charlotte Lozier, otra de las primeras doctoras en Estados Unidos. Publicó un artículo sobre lo que sucedió cuando un hombre le pidió realizar un aborto a su acompañante: “(La Dra.) Le aseguró que había llegado al lugar equivocado para realizar este acto vergonzoso, repugnante, antinatural e ilegal. Le ofreció a la joven cualquier tipo de ayuda, y le advirtió y aconsejó en contra del acto temeroso que ella y su acompañante (a quien ella llamó su primo) propuso”.

Finalmente, el caso de Susan B. Anthony, quien en La Revolución, publicó una serie de editoriales en contra del aborto durante el tiempo que estuvo en circulación, de 1868 a 1872. Inclusive se negó a publicar anuncios abortivos, a pesar de que muchos periódicos y publicaciones lo hicieron para lucrar. En el artículo titulado “Asesinato Infantil”, decía lo siguiente: “¿Culpable? Sí, no importa cuál sea el motivo, el amor a lo fácil, o el deseo de salvar del ‘sufrimiento’ al inocente no nacido, la mujer es terriblemente culpable al cometer el hecho. Le pesará su conciencia en vida, y le pesará su alma en la muerte ¡Pero oh! Tres veces culpable es el que, por gratificación egoísta, sin prestar atención a las oraciones de la mujer e indiferente a su destino, la llevó a la desesperación que la impulsa al crimen”.

Como se ha podido apreciar, los movimientos feministas defendieron en sus orígenes, además de los derechos políticos y laborales de la mujer, su maternidad y al fruto de dicha maternidad: el niño por nacer. Vayan estas líneas en homenaje a todas las madres que valientemente cuidan y defienden su maternidad ante un mundo salvaje y egoísta que busca imponer una cultura de muerte. ¡Que viva la vida y la maternidad de la mujer!

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