
Por: Luciano Revoredo
Como se sabe, una cosa es la realidad y otra la percepción de la realidad. La opinión pública se forma sobre la base de la percepción y no de la realidad misma. Los medios de comunicación y los ahora llamados influencers, son los que en la práctica van formando esa percepción. Surgen así las llamadas corrientes de opinión.
Es materialmente imposible que los medios informen todo lo que acontece, es entonces que se debe aplicar lo que la teoría de la comunicación llama “el recorte de la realidad”, es decir seleccionar que parte de la realidad se muestra.
El problema surge cuando al aplicar este recorte se hace con intención de influir en la formación de opinión a partir de premisas ideológicas. Se silencia lo que no conviene y se exalta o se llega a magnificar hechos secundarios cuando conviene. En este sentido podemos reconocer como desde hace varias décadas los sectores progresistas han tomado la iniciativa, hemos visto así como han venido imponiendo un nuevo lenguaje plagado de eufemismos y como han ido creando una realidad a la medida de sus prejuicios y desvaríos ideológicos.
Un claro ejemplo de esto ha sucedido esta semana en nuestro país. Una joven de 23 años de nombre Rosa Marleny Vásquez, denunció haber sido violada en el local partidario de Perú Libre. En su denuncia señala como el violador a un aportante del partido de gobierno e involucra a un sobrino de Pedro Castillo quien le habría pedido pasar por alto el hecho y desistir de hacer una denuncia.
Por otro lado, también se supo que un asesor de la congresista Susel Paredes, que se identifica con el nombre de Tiffany Gómez González y viste como mujer, aunque su verdadero nombre es Marvin Gianinni Gómez Gónzales, es decir, es lo que se conoce ahora como un trans, es además un depredador sexual, un abusador de menores, que ofrecía dinero a niños pobres y vulnerables de entre 12 y 13 años, para someterlos a prácticas sexuales aberrantes. Al ser descubierto por los padres de las víctimas recurrió a la protección de la excandidata del Partido Morado Gabriela Salvador, quien impidió que la policía revise su laptop y celular.
Estos dos hechos gravísimos han sido silenciados por la prensa controlada por los progres. Los influencers han mirado para otro lado. Las feministas callan. Es decir, estos hechos no están dentro de su recorte de la realidad. Sus sensores no los captan. No conviene agitar las aguas porque los responsables son del mismo lado ideológico. Nos han entretenido mientras tanto con los exabruptos, por cierto deplorables, de un par de cómicos de YouTube.
Así es la doble moral.






Es la ‘Anarcotiranía’ de Sam Francis que se reduce a, “reglas para ti, pero no para mí”.