CulturaLa columna del Director

LA CHICHA Y EL PRIVILEGIO DE SER PERUANO

La recuperación y salvaguardia de la chicha huarmeyana

Como sabemos ser peruano es un privilegio. Es vivir en relación con la historia. Es la libertad de transitar en el tiempo, de tocar la epidermis de la perpetuidad. El Perú es la permanencia, la constancia, la tradición. El Perú de siempre, la patria eterna, corre por nuestras venas. El arraigo telúrico es para el peruano también arraigo cósmico, mágico, ontológico, religioso.

Los niños peruanos conviven naturalmente con la historia, crecen con ella. Los primeros juegos y andanzas urbanas o rurales, aquellos momentos que perduran en la memoria por siempre, no pocas veces están asociados al descubrimiento misterioso del pasado. Al encuentro con la tradición.

Decía Mircea Eliade que el hombre de las sociedades arcaicas tiene tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado o en la intimidad de los objetos consagrados. Es en ese sentido que siendo herederos de una tradición riquísima en todo aspecto, es fácil muchas veces encontrar el aspecto mágico, espiritual, místico, que subyace paralelo a los aspectos más elementales de nuestra vida cotidiana. Entonces es cuando la fisonomía espiritual del peruano adquiere un lazo indeleble con lo ancestral.

El descubrimiento de nuestro patrimonio, de mitos y leyendas, costumbres, modos de ser y vivir, el encuentro de nuestra cultura viva, de nuestra inacabable riqueza inmaterial tan manifiesta en la cultura popular, es inseparable de la experiencia inigualable de ser peruano.

Es en este sentido que cuando hablamos de la chicha en el Perú, tocamos las más profundas fibras de la peruanidad. Se trata de un elemento unificador no sólo en el ámbito de lo social, sino que más allá de eso, implica la unión de lo sagrado con lo profano, es el líquido vital capaz de calmar los más violentos ardores de la pacha mama, es la más valiosa ofrenda a los apus, es el mayor alivio del furor de las huacas, cuando en místicos trances se le vierte en generosos chorros sobre las ásperas superficies de los sagrados recintos.

Como producto ancestral, la chicha va más allá del simple papel de bebida tradicional o elemento gastronómico. Aunque también lo es. Y buscando esa otra punta del hilo, su presencia como elemento social y festivo, la encontramos como eje unificador de las más entrañables celebraciones populares.

Es así que no hay huayno que suene mejor que aquel hidratado por una contundente chicha. Ni tondero más sensual y arrebatador que ese que se baila levantando el polvo de añejos pisos de tierra y refrescando las gargantas y el alma con la espléndida fortaleza de una chicha bien fermentada. Está claro que no hay fiesta más auténtica y profunda que aquella en que brota espontánea la peruanidad de un brindis con chicha.

La chicha huarmeyana y su manufactura artesanal de orígenes pre colombinos, su producción paciente, su perfecta sintonía con los ciclos de la naturaleza, su condición de producto de una técnica ya casi extinguida pero a la vez mantenida tercamente, son un caso singular y ejemplar a la vez.

De ahí la importancia de todo el esfuerzo presente por revalorarla y darla a conocer. Como se sabe el conocimiento de las cosas facilita su incorporación a los afectos y aquello que uno ama, difícilmente es abandonado.

Es más, la chicha huarmeyana podría ser clasificada como parte de nuestro “patrimonio cultural inmaterial”, que es todo aquello comprendido, en la definición de la UNESCO como los procesos aprendidos por los pueblos junto con el saber, las destrezas y la creatividad que los definen y son creados por ellos, los productos que elaboran y los recursos, espacios y otros aspectos del contexto social y natural necesarios para su sostenibilidad; estos procesos ofrecen a las comunidades vivas un sentido de continuidad respecto a las generaciones anteriores y son importantes para su identidad cultural, así como para la protección de la diversidad cultural y la creatividad humana. Quién puede dudar que el acervo cultural huarmeyano, las costumbres y el ámbito humano que rodean a la chicha encajan perfectamente en esta definición.

Hay que considerar que desde el año 2003 que entró en vigencia la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO, se entiende que hay un patrimonio que debe salvaguardarse y que tiene que ver con los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas transmitidos de generación en generación.

En este sentido debe quedar claro que el patrimonio inmaterial no es la chicha en si misma como producto, sino todo el conocimiento y la técnica de producción que desde épocas tan pretéritas se viene transmitiendo como parte de una sabiduría popular que debemos y tenemos que salvaguardar.

No pecamos de románticos si vemos en el momento actual y en el valioso esfuerzo que se viene haciendo por la preservación de la chicha huarmeyana el inicio de un largo y fructífero camino que nos llevará a su reconocimiento por parte de UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

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