
Por: Luciano Revoredo
En un acto de torpe diplomacia, la Cancillería Peruana ha emitido un comunicado que no solo es insultante, sino que también muestra un desprecio absoluto por la verdad y la justicia.
En el Perú, donde el gobierno debería velar por los principios democráticos y los derechos humanos, la Cancillería ha tenido la desfachatez de felicitar a la República de Cuba en su Día Nacional, expresando votos de prosperidad y bienestar para un pueblo que vive bajo la sombra de una dictadura opresiva.
Este comunicado, que ha circulado en redes sociales, es una bofetada a los peruanos que creemos en la libertad, la democracia y los derechos humanos. ¿Cómo es posible que se felicite un país signado por décadas de represión, censura, y violaciones sistemáticas de los derechos más básicos de sus ciudadanos? ¿No saben en la Cancillería que el 1 de enero de 1959 fue el triunfo de la Revolución Cubana y por consigyuiente la instauración de la más infame y corrupta dictadura?

La omisión deliberada de mencionar las violaciones de derechos humanos en Cuba es una traición a los valores que el Perú debería defender. La ausencia de democracia en la isla, la supresión de la libertad de expresión, y la vida miserable a la que los cubanos están condenados por un régimen que no ha sabido hacer más que perpetuarse en el poder, son realidades que la Cancillería Peruana ha decidido ignorar en su mensaje.
Aún más grave es la presencia en nuestro país de Carlos Rafael “El Gallo” Zamora, un coronel de la inteligencia cubana que actúa bajo la fachada de embajador. Este individuo, conocido por su larga trayectoria en operaciones de inteligencia que incluyen desestabilizar gobiernos democráticos en la región, es un insulto permanente a nuestra soberanía. Su nombramiento como embajador en Perú no es más que un claro ejemplo de cómo la diplomacia puede ser utilizada como un escudo para operaciones de espionaje y subversión.
La Cancillería Peruana, al no denunciar la injerencia de este agente de inteligencia en asuntos internos de nuestro país, demuestra una complicidad pasiva o activa con aquellas fuerzas que desean ver nuestras instituciones democráticas debilitadas. Que “El Gallo” Zamora pueda operar en Lima, presumiblemente con la protección diplomática, mientras se felicita a la dictadura que representa, es un acto de traición a los principios de la República Peruana.
Este mensaje de felicitación no solo es un acto de diplomacia vacía, sino que también se burla del sufrimiento de los cubanos que anhelan libertad y de los peruanos que valoramos la democracia. La Cancillería ha elegido el camino de la complicidad con la opresión, silenciando el clamor por justicia y democracia que debería resonar en nuestras relaciones internacionales.
Es imperativo que el pueblo peruano exija la expulsión de “El Gallo” Zamora de nuestro territorio, para así demostrar que Perú no solo predica, sino que también practica los valores de libertad, democracia y respeto a los derechos humanos, muy lejos del lamentable pronunciamiento de la Cancillería.
No podemos permitir que nuestra política exterior se convierta en un espejo de la diplomacia cínica que tanto criticamos en otros.





