Vida y familia

HISTORIA DE UN MILAGRO

 Por: Alfredo Gildemeister

Nunca olvidaría Alba aquella tarde de un mes de junio en el consultorio del Dr. Rojas, cuando éste le dijo muy suelto de huesos, que tenía un cáncer de Hodgkin y que le quedaban a lo sumo seis meses de vida. Ella había ido a la consulta acompañada de su novio Raúl y ambos se quedaron de una pieza. Precisamente en unos seis meses se casaban y estaban muy ilusionados.

Se enamoraron hacía ya unos cuatro años y desde que se conocieron no habían dejado de adorarse. Esperaban con muchas ansias el día de su boda. Habían ido ahorrando cada centavo y de a pocos comprando lo más necesario para el matrimonio y su futuro hogar. Obviamente que cuando Alba le manifestó al médico que ya tenían hasta fecha e iglesia separada, éste simplemente se rio y dijo que se olvidaran de la boda. Había que dar inicio al tratamiento con quimioterapia cuanto antes y una que otra radiación también. Alba miró a Raúl y éste miró a Alba. No hubo necesidad de palabras. Estaba decidido. “Ni hablar” dijo Alba “Nos casaremos a principios de diciembre de todas maneras y nada nos lo va impedir”. Alba si bien era mujer muy católica, de fe recia, de personalidad dulce y tierna, también tenía genio fuerte y carácter. Cuando el doctor Rojas insistió en que no llegaría viva y que mejor se iniciara el tratamiento cuanto antes, Alba solo le respondió que después de la boda lo buscaría de nuevo y allí verían qué hacer. El médico se reclinó en su asiento y negando con la cabeza solo dijo: “No llegarás”.

Los siguientes meses Alba y Raúl se concentraron en los preparativos de su matrimonio. Alba se sentía de vez en cuando un poco afiebrada o cansada pero aguantaba. Confiaba en Dios y que todo saldría bien. La elaboración de su vestido, la recepción, las conversaciones con el sacerdote que los casaría y tantas cosas más hicieron que prácticamente se olvidara de su enfermedad. Finalmente llegó el día de la boda y todo salió muy bien. Raúl y Alba estaban felices y luego de la ceremonia hubo una pequeña recepción en donde Alba y Raúl no pararon de bailar hasta bien entrada la noche. Felices los nuevos esposos se fueron a su viaje de luna de miel. Una vez que regresaron de su viaje y ya pasados unos tres meses de la boda, sacaron una cita con el Dr. Rojas, el cual se sorprendió y alegró de ver a Alba viva.

Ella le contó del matrimonio, como todo había salido bien y de lo felices que eran. El doctor los felicitó y, bueno, la conminó a Alba a iniciar cuanto antes el tratamiento contra el cáncer que padecía. Obviamente le aconsejó que ni se le ocurriera salir embarazada. Con el cáncer que padecía, ello podría complicar más las cosas. “Precisamente de eso quería hablarle doctor” -le respondió Alba- “Estoy embarazada”. El médico abrió los ojos y se quedó boquiabierto. “No quisiera iniciar tratamiento alguno contra mi enfermedad hasta que nazca el bebé. La quimioterapia y las radiaciones podrían dañarlo mucho”. El doctor Rojas no sabía qué hacer o qué decir. “Lo volveré a ver cuando nazca la criatura. Hasta entonces” y se despidió Alba dejando al doctor Rojas mudo en su sillón. Demás está decir que cuando las familias y amigos se enteraron de la enfermedad de Alba y de su embarazo, no faltó gente que le aconsejara un aborto inmediato: “Tu vida está primero”. “La criatura podría nacer enferma”. “Comienza el tratamiento y que muera el bebé. Tu salud es lo primero”, etc.

Pasados los nueve meses de un embarazo normal y sin novedades, nació el bebé de Alba en perfectas condiciones. Fue hombrecito. Alba y Raúl no cabían de felicidad. Los siguientes meses estuvieron tan concentrados en atender al bebé y disfrutar de su compañía, que solo retornaron a visitar al Dr. Rojas cuando Alba se enteró de que ¡nuevamente estaba embarazada! Al Dr. Rojas casi le da un paro cardiaco. “¡Cómo se te ocurre salir de nuevo embarazada! ¡Estás loca! ¡Tu vida corre peligro y ahora la del bebe que esperas!” El médico la recriminó duramente: “Eres una irresponsable”. Al igual que con el primer embarazo, los consejos para que abortara no faltaron. Alba se negó y siguió adelante con el embarazo. A los nueve meses nació una mujercita en perfectas condiciones. La felicidad de Alba y Raúl no tenían límites. Tenían su “parejita” y aún querían tener más hijos. Pero fue en esos momentos en que la salud de Alba comenzó resentirse y a verse afectada por el cáncer. Cuando Alba y Raúl visitaron al Dr. Rojas, este solo le aconsejó a Alba una cosa: tenía que hacerse un trasplante de médula de inmediato. Solo ese tratamiento quizá pudiera salvarle la vida. Sin embargo había un problema. En el Perú aún no se hacía este tratamiento. Solo en Europa o en Estados Unidos. El tratamiento era carísimo y lógicamente escapaba a las posibilidades económicas de Alba y Raúl.

Fue entonces cuando comenzaron una campaña por todo Lima entre los familiares y amigos, para recolectar fondos para el tratamiento de Alba. Se vieron actos increíbles de generosidad en donde personas que sin conocer a Alba, lo dieron todo, sacrificando sus vacaciones o inversiones personales con tal de que Alba iniciara cuanto antes su tratamiento. Alba decidió acudir a la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, en Pamplona, España. Allí la acogieron e hicieron el tratamiento de quimioterapia y luego el trasplante de médula. Raúl y Alba tuvieron que dejar en Lima a sus dos pequeños hijos y partir hacia Pamplona solos y con las oraciones de muchos acompañándolos.

Luego de más de tres meses de tratamiento, los resultados de éste, fue exitoso. Pese al pronóstico negativo y fatalista del Dr. Rojas, Alba se curó y regresó a Lima. Con su cabeza envuelta en un pañuelo, pues el cabello se le había caído con el tratamiento, fue recibida por su familia y amigos con gran cariño. Abrazó a sus dos hijos, dos milagros que, si hubiera seguido el razonamiento humano, nunca habrían nacido puesto que no se habría casado y solo Dios sabe cómo estaría ella. Hoy Alba es toda una profesional, feliz con Raúl. Sus dos hijos ya son todo un hombre y una mujer, ambos estudiaron sus carreras universitarias en la Universidad de Navarra, y viven felices sabiéndose cada uno un milagro. De allí que podemos decir que en realidad, esta es la historia de tres milagros.

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