Iglesia

¿FRAUDE O REALIDAD? LA RESURRECCIÓN DEL MESÍAS HOY

Por: Mario Linares

El testimonio de una mujer no tenía valor en el mundo antiguo. Si se tratase de un timo el relato de la resurrección de Jesús, fue una gran torpeza de sus seguidores pretender credibilidad a partir de  testimonios femeninos como primeros medios probatorios tal como acontece en los evangelios, revelándose así la ausencia de una trama urdida para el fraude.

Otro hecho a destacarse, es que  el Sanedrín había advertido de la posibilidad del robo del cadáver y gestionó una guardia romana en la tumba. La pena por no cumplir la órden militar era la muerte, por lo que no es razonable asumir que se dio un soborno a la guardia para que está  abandone su puesto y sea posible el robo del cadáver de parte de los discípulos y estos luego mientan en torno a su resurrección. Recuérdese además, que estos se encontraban aterrados, escondidos y dispersos.

¿A cuenta de que los seguidores de Jesús podrían persistir en una mentira siendo por ello objeto de burlas, desprestigio, azotes, cárcel y hasta la muerte? ¿Que ganaban?  ¿Como se multiplicaban los seguidores con la prédica de una mentira a cargo de una grupo de desprestigiados por ser en su mayoría ignorantes y con olor a pobreza, además de cobradores de impuestos, prostitutas, leprosos y ex endemoniados o dementes, traidores publicanos y hasta paganos? ¿Como elaboraron la mentira y tuvo éxito si el poderoso Sanedrín seguía con el poder religioso, económico y coercitivo con la anuencia de Roma?

¿Cómo y por que ocurrió que el miedo se tornó en desafío a las autoridades y se predicó en el mismo templo de Jerusalén que Jesús es el mesías y había resucitado? ¿Como y por que el cristianismo empezó a extenderse entre los judíos que acababan de gritar a favor de la crucifixión? ¿Cómo Saulo de Tarso, prestigioso y acomodado fariseo con incluso ciudadanía romana, se convierte de perseguidor implacable de los seguidores del rabí de Nazareth, a promotor de la nueva fe monoteísta y monógama basada en el amor de Dios a los hombres,  a culturas politeístas y polígamas, entregadas al hedenomismo, la lujuria y el no respeto a la vida humana? ¿Como pudieron iniciar semejante actividad proselitista doce harapientos ignorantes seguidores de un ajusticiado escarnecido y desprestigiado?

Pasan los siglos y cientos de miles de vidas consagradas siguen testificando la resurrección de Jesús, Dios con nosotros.
La sangre de miles de mártires no hacen sino testimoniar lo que para el incrédulo antiguo y actual es un sin sentido, ¡Jesús de Nazareth vive!

Desde las muertes masivas propiciadas por Nerón y Dioclesiano principalmente, hasta los cercanos genocidios de la revolución francesa en La Vendée donde se eliminó sistemáticamente a más de 120,000 católicos franceses por ser fieles a Roma y, el asesinato en los primeros años del siglo XX a casi un millón de cristianos armenios mediante  la marcha forzada por el desierto sirio a manos del imperio otomano tal como lo ha ratificado el Papa Francisco ante el negacionismo del actual mandatario turco,Tayip Erdogán.

No puede omitirse a los mártires a manos de los regímenes comunistas de la cortina de hierro soviética con su desenlace fabuloso vía la tenacidad de los cardenales polacos Wyszyński y Wojtyla, a la postre Juan Pablo II; tampoco a los mártires de Vietnam y China, está última con persecusiones actualmente.

¿Cómo omitir asimismo el testimonio de la sangre mártir de los católicos cristeros ante la represión religiosa de la tiranía masónica en México ocurrida también en los primeros años del siglo XX?  ¿Como no mencionar los incendios de iglesias y conventos, los asesinatos de sacerdotes, monjas y laicos y hasta enfermizas profanaciones de cadáveres de religiosos  por las hordas asesinas de los bolcheviques y anarquistas españoles en 1936  evocadas hoy sin arrepentimiento por los neocomunistas ibéricos en el poder?

Lamentablemente, no solo tenemos evocaciones, la persecución es latente hoy también en la India y el medio oriente y también en occidente  mediante el estigma social peyorativo, la exclusión académica y profesional y hasta  la carcel, todo a manos del casi hegémonico progresismo imperante auspiciado por las Naciones Unidas y alentado por medios de comunicación y la academia en reacción a la denuncia cristiana sobre las practicas deshumanizantes del aborto, la eutanasia y el feminismo extremista de género.

Todos los martirios, todos, testimonian la resurrección. Y si para el tibio o el carente de fe no es suficiente,  nuestro crucificado nos regala cambios de vida drámaticos y milagros desde siempre, pasando por la conversión de Saulo de Tarso y Agustín de Hipona, hoy grandes santos, hasta los miles de conversos actuales mencionando solo ahora a Sara Winter y Abby Johnson, las ex dirigentes abortistas de la ONG FEMEN y la transnacional PLANNED PARENHOOD, transformadas hoy en fervientes católicas pro vida.

En cuanto a milagros vivientes, la cantidad de cuerpos incorruptos de santos es admirable; las hostias sangrantes cuya composición de tejido y sangre es la del corazón de una persona que vive y que contienen todas idénticas características a pesar de la distancia en kilómetros y en cientos de años respecto de cada caso,  todo certificado por científicos imparciales, objetores primeros y luego fervientes creyentes; la sabana santa con su impresión en negativo de hace 2000 años dando fe de la pasión de Cristo según los evangelios y estudios científicos muy recientes; la tilma o poncho de Juan Diego que  siendo de  1531 y de un material tosco contiene hasta hoy la imagen vívida de la Virgen María amerindia conocida como la Virgen de Guadalupe,  con perfección a detalle e imágenes en los ojos solo visibles hoy a través del microscopio; los milagros registrados y estudiados en Fátima y Lourdes y un largo etc.

La resurrección no fue un hecho pasado, es actual, es de hoy, inmarcesible, vigente.

No queda espacio sino para decir que si queremos resucitar ahora a la fe de nuestros padres, si queremos optar por la libertad de los hijos de Dios y no la esclavitud del vacío, del tedio, de la desesperanza, de la incertidumbre, del consumismo, de los vicios, basta solo un porcentaje minúsculo de fe. El resto  que haga falta se la pedimos todos los días al mismo Jesús de Nazareth.
¡Feliz pascua de resurrección!

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