
Por: Luciano Revoredo
El socialcristianismo como doctrina política se nutre de las encíclicas sociales de la Iglesia Católica a partir de la Rerum Novarum de León XIII. Los primeros partidos y movimientos vinculados a esta tendencia están estrechamente ligados a la Acción Católica y a los Congresos Eucarísticos que se solían celebrar a inicios del siglo pasado. Es en este ambiente que se forma ideológicamente el joven Bedoya Reyes.
Simultáneamente sucede este fenómeno en diversas partes del mundo y será el nacimiento de los movimientos democratacristianos.
Tanto en Europa como Hispanoamérica la Democracia Cristiana se convierte en una esperanza. Particularmente en Italia y Alemania en el viejo continente así como en Chile y Venezuela en este lado del mundo.
Bedoya solía contar cómo siendo un adolescente había conocido al venezolano Rafael Caldera y al chileno Eduardo Frei, que viajaban como parte de las delegaciones de sus países al congreso de la Pax Romana. Luego los tres serían líderes socialcristianos, llegando a presidentes de sus respectivos países Caldera y Frei.
Sin duda Bedoya Reyes debió ser presidente del Perú y tal vez hubiera cambiado el curso de nuestra historia política. Tras la ruptura con la Democracia Cristiana y la fundación del PPC emergió como un político carismático con una oratoria que llegaba a las masas con cierta picardía, pero a la vez con profundidad y conocimiento del país.
Sus debates en 1966 con Jorge Grieve de la alianza APRA-UNO para las elecciones a la alcaldía de Lima y luego en 1977 con Héctor Cornejo Chávez su excorreligionario de la Democracia Cristiana en una transmisión en vivo por la televisión, quedan para la antología de los momentos estelares de la oratoria política peruana.
La actual crisis y casi extinción del PPC es la crisis de la clase política peruana. Pero también resultado de una implosión producida por las pugnas internas y el abandono de sus fuentes.
Nada queda del viejo PPC que sentó cátedra en la asamblea constituyente de 1978. Escuchar las intervenciones del propio Bedoya, Alayza Grundy, Polar Ugarteche, Ramírez del Villar o cualquiera de los que integraron aquella bancada era asistir a una clase magistral de política, historia, derecho o civismo.
Luego vino otra generación que fue el resultado de esa vieja escuela. Fue la del los ochenta. Una generación de jóvenes brillantes formados en socialcristianismo que el partido no supo retener y fueron protagonistas de una diáspora que proveyó de cuadros a diversos movimientos.
A partir de ahí empieza el abandono de las fuentes y como consecuencia de ello el surgimiento de pugnas internas insuperables.
Hoy pensar en un resurgimiento es muy difícil. La nueva legislación para los partidos políticos, la distancia entre lo que fue el PPC y las nuevas generaciones, la perdida de identidad y la incesante campaña contra la política tradicional, son escollos muy difíciles de superar.






Pero sobretodo dejar de lado el estudio de las humanidades, ese partido hubiera sido algo si hubiera cuidado esa parte, dando contenidos a las jóvenes generaciones, pero no, aunque tampoco se puede dejar de decir que la democracia cristiana no sea algo contradictorio, dado que el cristianismo viene de “arriba” y por lo tanto es jerárquico.