
Por: Ántero Flores-Aráoz
En anterior artículo titulado “Regalen, pero de la suya”, nos referíamos a la cada vez más frecuente costumbre de algunas de nuestras autoridades con capacidad de decisión, para dilapidar los recursos que la Nación les ha encomendado resguardar y, utilizar de ser necesario, con responsabilidad y cumplimiento de la normatividad legal.
Entre las acciones dispendiosas se encuentran nombramientos innecesarios en la planilla estatal, que cada vez hacen más frondosa, pero también más ineficiente y morosa, nuestra administración pública, lo que afecta severamente a los ciudadanos.
Entre los nombramientos sin motivo legítimo, destacan asesorías y representaciones diplomáticas, pretendiéndose pagar favores políticos con dineros de bolsillo ajeno, y ese bolsillo es el de todos los peruanos que pagamos impuestos. Decíamos que quien quiere hacer favores lo haga con su dinero, pero además debemos advertir, que ello traspasa las fronteras de lo ética.
Al grano, para hacer que un amigo del Presidente de la República, a quien pese a sus carencias intelectuales y de don de mando, hizo primero ministro de Estado y luego presidente del Consejo de Ministros, ahora sin ingresos del Estado, lo envía nada menos que embajador, bajo el título de representante permanente ante la Organización de Estados Americanos.
Bueno pues, aunque deberíamos decir malo, pues tuvo que cesar en el cargo a un excelente embajador profesional que venía haciendo una labor impecable en la OEA, por algo más de un año y faltándole cerca de 4 para regresar al Perú. Sea que a tal embajador lo regresen al Perú o lo trasladen a otra embajada, tendrá que salir del erario el costo de pasajes para él y su familia al nuevo destino y los gastos de desinstalación del lugar originario y, los que correspondan a la nueva instalación.
El Presidente tiene la facultad de nombrar embajadores, sean de carrera o no, pero tiene que hacerlo con prudencia, sobre todo cuando son “embajadores políticos”, cuya función inexorablemente concluye antes del cambio de gobierno en julio de 2021. A lo sumo el nuevo representante peruano ante la OEA estará en el cargo 9 meses, y además de sueldos y gastos de representación, ello obligará a pagar del Presupuesto de la República, los pasajes de ida y de regreso, tanto del novísimo embajador como los de su familia, los gastos de instalación y de regreso, que son en cada caso de US$ 27,000 según me dicen.
El regalito del Presidente, costará como US$ 200,000 entre muertos, heridos y contusos, cuando vemos que nuestro personal sanitario, se queja de falta de mascarillas, protectores faciales, uniformes y desinfectantes para enfrentar la pandemia. Francamente no hay derecho.
Ser representante de la OEA implica mucho conocimiento y eficiencia. La OEA reúne a los países de América del Norte, del Centro, del Sur y del Caribe, tiene entre sus responsabilidades la defensa de la Democracia, el Comité Interamericano contra el Terrorismo, la coordinación de ayuda ante desastres, normar el funcionamiento de la Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre muchas otras.
El Perú siempre ha sido cuidadoso en la entrega de su representación ante la OEA, por eso hemos tenido gente tan valiosa como Juan Bautista de Lavalle, Luis Alvarado Garrido, Luis Marchand, Jorge Guillermo Llosa, Luis Gonzáles Posada, Manuel Rodríguez Cuadros, Eduardo Ferrero, Alberto Borea, Hugo de Zela entre otras destacadísimas personalidades. Es vergonzoso que se baje el nivel.
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