Política

“EN EL PERÚ NO HAY TIEMPO PARA ABURRIRSE”

Por: Luis Yunis

Corría mediados del 2018, y el Almirante Carlos Tubino, por aquél entonces congresista de la república, tenía en agenda visitar al Señor Krishna Urs, Embajador de los Estados Unidos en el Perú, a fin de sostener una reunión de trabajo sobre diversos temas del acontecer nacional, especialmente sobre el tráfico ilícito de drogas y pistas de aterrizaje clandestinas en nuestra Amazonía; como su asesor principal había preparado muchísima información al respecto y bajo sus indicaciones, experiencia y estricta supervisión se preparó con detalle la exposición correspondiente, la que guardé personalmente y bajo siete llaves.

De hecho, al preparar todo ese trabajo en forma minuciosa y teniendo como experiencia el haber prestado servicio en la Dirección Nacional Antidrogas, recordé como anécdota el tiempo en que mi jefe en esa gran unidad policial era el Coronel Miguel Santana Gogin, hombre rudo, disciplinado, extremadamente exigente y conocedor de la problemática antidrogas, con quien en forma meticulosa y puntillosa preparamos una exposición de esa contrariedad que tenía que hacerse a los jefes de la DEA de aquella época, y se incluyó en la presentación un video de un operativo real en el cual personal policial armado hasta los dientes descendía del helicóptero en el alto Huallaga, tomaba posición del terreno, incursionaba en las viviendas, incautaba armamento, detenía implicados, se decomisaba droga, se incendiaba pozas de maceración y obviamente se procedía a las actas correspondientes; trabajo que revisamos a detalle y en forma prolija, para luego guardar el video en el almacén de la DIRANDRO a la espera del día lunes en que el Coronel Santana debía hacer la exposición pertinente.

Efectivamente, llegó el lunes y todos muy temprano recibimos en la DIRANDRO a los Agentes DEA y a su representante, los invitamos al salón donde debería llevarse a cabo la exhibición; previamente se había hecho limpieza del ambiente, revisado el proyector, las luces, enchufes, cables, computadoras, impresoras y teníamos hasta café pasadito y galletitas, y entre sonrisas y presentaciones personales se pasó a la exposición propiamente dicha donde el Coronel Santana hizo gala de sus conocimientos en esa materia, incluyendo cifras estadísticas y necesidades de la Unidad para seguir combatiendo ese crimen, particularmente en nuestra selva; hasta que llegó el momento en que el Coronel dispuso con mucha seriedad que se pase el video del operativo antidrogas, por lo cual se cerraron las cortinas, se apagaron las luces y los Agentes DEA y todos los asistentes se prepararon con mucha expectativa a contemplar lo anunciado.

Inmensa y colosal fue la sorpresa de todos cuando con gran asombro, extrañeza, chasco, estupor y confusión, en el video salió una viejita muy humilde de aproximadamente 80 años rodeada de otros ancianos y familiares soplando a duras penas una modesta torta con algunas velas y como fondo todos entonaban el famoso “Happy birthday to you”, para luego escucharse una voz sonora que gritaba: “¡Viva la familia Mamani! ¡Viva la dueña del santo! ¡Viva la abuelita Gregoria!”, para luego continuar con baile al ritmo de viejos huaynos.

Como se comprenderá, el desconcierto y la estupefacción se reflejaban en la cara de todos y un silencio sepulcral llenó el ambiente. Sin duda, estábamos turbados y perplejos, y el rostro de mi admirado Coronel había tomado una palidez pocas veces vista en él, para luego de unos segundos reaccionar, esbozar una gran sonrisa, agradecer a los invitados y gritar: “Viva el Perú”, inmediatamente todos reaccionamos y  gritamos ¡Viva! y procedimos a las palmas del caso; los gringos desconcertados sólo atinaron a seguir aplaudiendo y nerviosamente abandonar el local entre risas e interrogantes.

Lo que había sucedido, es que el bendito protegido video y la cámara se habían dejado en resguardo dentro del almacén de la Unidad todo el fin de semana, y el queridísimo Suboficial Mamani que estuvo de servicio de sábado para domingo en ese depósito no tuvo mejor idea que ir al cumpleaños de su amadísima abuelita, llevar la video cámara y grabar en el cartucho  sin tener la mínima idea de lo que contenía su interior. ¿Qué pasó con Mamani? Es otra historia.

En el trayecto y con destino a la Embajada Americana le conté la historia al Congresista Tubino y ambos reímos; llegamos al búnker que tienen en el distrito de Surco, nos identificaron, nos revisaron y nos hicieron pasar a uno de los salones donde esperamos unos minutos, para luego de las consultas del caso conducirnos a través de pasadizos y ascensores hasta una gran sala que albergaba una enorme mesa de directorio y poco a poco se empezó a llenar de funcionarios, entre hombres y mujeres,  con rostros adustos, rígidos y secos, para luego hacer su ingreso el Embajador Krishna Urs, a quien saludaron con reverencia y mucho respeto.

Luego del saludo protocolar y presentaciones personales respecto a cargos y puestos de responsabilidad de cada uno de los miembros del gabinete del Embajador, el Congresista Tubino, moderado y cuidadoso, hizo lo propio y obviamente seguí su ejemplo, pero como en la atmósfera prácticamente se sentía la tensión y rigidez del primer encuentro de trabajo, me permití suelto pero respetuosamente romper el hielo y preguntarle al Embajador: ¿Señor Embajador, cómo lo está tratando el Perú?

Al instante y en milésimas de segundo pude notar como las miradas serias y frías se clavaban en mi interrogante y de inmediato me pregunté si había sido imprudente, indiscreto o entrometido, pero mis dudas se despejaron al instante cuando el Embajador en un perfecto español, dijo: “Ohhhhh, el Perú es un país maravilloso, aquí no hay tiempo para aburrirse. El problema es de mis funcionarios porque cuando ya están acabando un informe para comunicar sobre un respectivo hecho, inmediatamente se presenta otro caso y otros en todas las materias, y es de nunca acabar, así que los tengo trabajando todo el día. Yo estoy muy feliz”. Todos reímos con muchas ganas, luego se hizo la exposición, compartimos café y nadie se guardó nada porque se conversó de todo, para luego finalizar con grandes abrazos y entrega de tarjetas personales.

Desde esta tribuna saludo al Embajador Krishna Urs, quien con sana ironía y una buena dosis de broma nos dijo que en el Perú no hay tiempo para aburrirse, y lamentablemente sigue teniendo razón, y sin ser pesimista ni aguafiestas puedo decirle que absolutamente todo ahora es mucho más grave, perjudicial y dañino, sea en los hechos del acontecer político, social y nacional o en la lucha contra las drogas, el vandalismo, la corrupción, la delincuencia, el terror, el crimen, los asesinatos y sin duda, la política ciega que nos conduce sin tener un puerto seguro y un faro que la guie, por lo cual debo presumir que los funcionarios de la Embajada se deben haber triplicado, pero lo menos que deben hacer es permanecer desconcertados, ni aplaudir nerviosamente o abandonar el camino recorrido que tanto trabajo costó.

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