
Por: Ántero Flores Aráoz
Recientemente he leído la autobiografía o memorias de Martín Belaunde Moreyra, a quien también conocemos sus amigos, contertulios y colegas como “el tribuno”, pues, con voz fuerte, pero con contenido culto y de manera cortés, siempre brinda cátedra que agradecemos, principalmente relacionada con el acontecer nacional e internacional.
El libro al que nos referimos se titula “Más allá de la vida” y, pudiendo haber sido de gran extensión por la larga, laboriosa y exitosa vida de su autor, en un esfuerzo de síntesis no frecuente, pues tiene 87 años de existencia, su texto es de solo 53 páginas, a las que habría que agregar el anexo de muchas fotografías.
Pero no solo se trata de relatar la vida del autor, sino que también es el resumen de la historia del Perú de las últimas décadas, relatando no solamente hechos, sino también dando sus opiniones sobre el acontecer nacional y mundial, con las que seguramente muchos coincidimos en lo sustantivo.
En la presentación del libro, Manuel Bustamante Olivares comienza con la antiquísima frase “la casta le viene al galgo”, ya que en la estirpe del autor hay ascendientes y descendientes hasta de prestancia internacional, como su padre, don Víctor Andrés Belaunde, quien como diplomático y hombre de Estado llegó hasta la presidencia de la Organización de las Naciones Unidas. Estamos seguros de que su espectacular obra “Peruanidad” fue un grandísimo estímulo y, por supuesto, modelo para la vida del tribuno.
Martín ha sido un trotamundos, pues los viajes y estancias largas de sus padres en el extranjero lo llevaron a diferentes países y a infinidad de ciudades. Realizó sus estudios escolares tanto en el Perú como en el exterior, y los de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en épocas en que aún se la podía calificar de pontificia y católica.
Todo ello se complementó con estudios de posgrado tanto en su patria como en otras latitudes, y con el ejercicio de altos cargos directivos y gerenciales en empresas mineras, públicas y privadas, ya que se especializó en Derecho Minero, que enseñó en su época de profesor universitario en varios centros de estudios superiores. Es, además, autor de la obra “Derecho Minero y concesión”.
Su interés por el Derecho Internacional lo condujo a aceptar representar al Perú en Argentina como embajador y, en sus memorias, expone capítulos complicados de su misión, que sorteó con sapiencia y, por supuesto, firmeza, seguramente siguiendo las enseñanzas de su padre, don Víctor Andrés Belaunde, y de su suegro, Juan Luis Gutiérrez Granier, impecable embajador de Bolivia en el Perú.
Martín estuvo en el seno patrio durante el gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado, por lo que ha criticado con altura y también con verdad la reforma agraria, la confiscación de empresas, así como de los diarios de aquella época. Incluso ha tratado con realismo la famosa página once del convenio llamado “Greene-Mercado”, cuando fue canciller el general Mercado Jarrín, recordado por sus dotes civiles y militares.
Nos recuerda asimismo el “detrás de cámaras” de la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1978, al igual que diversas campañas electorales, incluida, y sustanciosamente, la confrontada entre Fujimori y Vargas Llosa.
Su intenso cariño a la patria lo llevó a tener a su cargo la Comisión Anticorrupción, así como a postular y ser elegido decano del Colegio de Abogados de Lima, para después de fecunda labor integrar su Tribunal de Honor, con la intención de recuperar el prestigio del CAL, que penosamente ha perdido la importancia, ecuanimidad e influencia de antaño.
Para tratar su importante tarea parlamentaria necesitaríamos no una columna, sino toda la edición del diario que nos alberga. Ojalá el tribuno se anime a preparar una versión ampliada de su pequeño, pero gran, libro de memorias y, mientras tanto, seguiremos con atención sus columnas en el diario Expreso.





