
Por: Luciano Revoredo
El reciente pronunciamiento conjunto de Juntos por el Perú, Obras y Perú Nación no solo es una pieza de retórica vacía, sino un ejemplo patético de cómo el oportunismo político, la falta de entereza y el cinismo más elemental intentan subvertir la lógica básica y el sentido común para distorsionar la realidad a su favor.
En su desesperación por aferrarse a una ventaja estrecha y estadísticamente volátil, estas organizaciones han decidido aferrarse a la única herramienta que les dio un respiro momentáneo: el conteo rápido. Olvidando que el propio conteo rápido fue anunciado como un empate que no permitía asegurar un triunfo electoral de ninguna de las partes.
Resulta irónico que ahora que las cifras oficiales parecen resultarles adversas, estos partidos ahora pretendan elevar un conteo rápido a la categoría de “verdad revelada” o resultado oficial inamovible. Cualquier ciudadano con una noción mínima de estadística sabe que un conteo rápido es una proyección basada en muestras, en este caso en el voto de mil ciudadanos, sujeta a márgenes de error y correcciones técnicas conforme el escrutinio oficial de la ONPE avanza. Por otro lado que este conteo rápido ha sido efectuado por IPSOS, que es una empresa privada, con el respaldo de Transparencia que es una ONG caviar, también privada y presentado por un canal de televisión privado, es decir de oficial y definitivo, nada.
Sin embargo, para los firmantes de este comunicado, la realidad técnica es un estorbo. Pretender que una proyección “no debe estar sujeta a correcciones” es, simple y llanamente, una estupidez técnica que solo puede provenir de quienes ignoran o prefieren ignorar por conveniencia, cómo funciona un proceso electoral. Acusar a una encuestadora de atentar contra la “idoneidad del proceso” solo porque la realidad ha empezado a ajustar los números iniciales, no es defensa de la democracia; es un berrinche institucional que busca enturbiar el ambiente, algo propio de la vocación por la tranza y la mentira , elementos consustanciales a la naturaleza perversa de las izquierdas.
Roberto Sánchez y su equipo han demostrado, por otro lado, una preocupante falta de madurez democrática. Durante la campaña, el discurso era el de “respetar los resultados”, pero ahora queda claro que ese compromiso tenía una letra chica implícita: siempre y cuando los resultados les sean favorables.
Es, además, particularmente decepcionante observar a figuras que deberían aportar rigor intelectual, como el exrector de la UNI, prestando su nombre para validar este tipo de despropósitos. Aferrarse a una encuesta privada y exigir que no se toque ante la evidencia de las actas oficiales es una claudicación absoluta ante el populismo. ¿Dónde quedó la seriedad académica? Es bochornoso ver cómo se utiliza el prestigio de una institución para legitimar un reclamo que carece de cualquier sustento técnico o ético.
No se puede omitir el papel de otros actores como Ricardo Belmont, cuya participación en este tipo de cruzadas ya no sorprende, pero sí indigna. Su presencia en este frente confirma que el objetivo no es la defensa de la transparencia, sino la creación de una narrativa de victimización. Cuando los argumentos técnicos se agotan, estos sectores recurren siempre al mismo guion: sembrar desconfianza y atacar a cualquiera que presente datos que contradigan su deseo personal. El siempre dicharachero Belmont ve ahora como se le escurren entre los dedos las ambiciones de tomar el canal del estado para convertirlo en el estiercolero en que suele trocar todo lo que toca este octogenario vividor.
Que quede claro que el conteo rápido de Ipsos y Transparencia no es una sentencia judicial ni es algo infalible escrito en piedra, es una herramienta de orientación ciudadana con un margen de error. Los partidos políticos que hoy pretenden aferrarse a una encuesta por el simple hecho de que los números oficiales no les benefician, están demostrando su verdadera naturaleza: no creen en el proceso electoral, solo creen en el poder si este llega bajo sus propias condiciones.






Síndrome de Procusto de Sánchez et al?