
Por Francis W. Butters.
Alguna vez Donald Trump dijo que en su mesa de noche, tenía una copia de Mein Kampf (Mi Lucha), el libro que Adolph Hitler escribió en su cautiverio en Landsberg am Lech, mientras Emil Maurice le hacía masajitos, luego del fallido Putsch de Munich. Muchos por aquí dudaban de la veracidad de esa revelación, ya que a Trump, nadie se lo imagina como lector, salvo el Dr. Francisco Tudela, que dijo alguna vez en una conferencia en la Universidad de Piura, que Trump había escrito dos libros (ambos escritos por tres escritores distintos, Tonny Swartz, Bill Zanker, y Alan Skalr, que se conocen aquí como “escritores fantasmas”), y por tanto era un ”autor”.
No me cabe duda, sin embargo, que Don Aníbal Torres, si debe tener un ejemplar autografiado del libro de su admirado personaje, y encima anotado minuciosamente por su puño y letra, durante su ya larga existencia.
La pregunta es, que libro tiene en su mesita de noche, doña Betssy Betsabé? Ciertamente su desafiante beligerancia, debe tener alguna fuente de inspiración. Será acaso el Libro Rojo de Mao?
Luego de revisar la más reciente transformación de imagen de la Dra. Chávez Chino (dos al hilo y sin sacar), esta vez, del jean apretado y el chullo, a una versión “post cremación” (de Abimael), de una Elena Iparraguirre, aguerrida y desafiante. Este último cambio de look, ya no producto del amor, sino de una sed draculiana por el poder; me recuerda a otro personaje relacionado esta vez a su apellido materno; me refiero, nada menos que a Jiang Qing, Madame Mao, actriz de profesión y la cuarta esposa del líder comunista Mao Zedong. Furibunda ella, propulsora de la llamada Revolución Cultural (1966-1976) que devastó china por una década, y que conformó con otros tres, Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan, y Wang Hongwen, la Infame Banda de los Cuatro, la línea más dura del comunismo Chino. En el caso peruano, estos otros tres serían los ministros Félix Chero, Roberto Sánchez, y Alejandro Salas. Como en el caso Chino, en el Perú, ha sido la mujer a la que le ha tocado el papel protagónico.
La misión de la revolución cultural china, fue “hacer una purga de todo rezago capitalista y tradicional, dentro de la sociedad china, afianzando el comunismo”. La misión de la versión chicha, informal, post 200 años, de la Banda de los Cuatro en Perusalen, es bastante mas modesta que aquella original, y solo aspira a proteger a Pedro Castillo de la cárcel, y a mantener para si mismos y sus amigos, lo que Vladimir Cerrón llama, suelto de huesos, los privilegios del poder. Casi se puede oír que los llame abiertamente privilegios legítimos del poder. Para hacer eso, estaban y están, todos dispuestos a cerrar el congreso, y por qué no, hacer una nueva constitución, que no solo los libre de todo mal, sino que les permita hacer en el futuro, lo que les venga en gana con el país. Esa es la parte “dura” de la “Revolución Cultural” que tienen en mente. Carecen eso si, de las palabras de su líder, ya que las “citas citables” de don Pedro, no han hecho, ni harán, méritos suficientes para su publicación. El cuento del pollo, o el del tamborcito, si se pusieran por escrito, harían un libro mas chiquito que el pequeño Libro Rojo de Mao; por más que el ministro salivante, lo prologue de rodillas con alabanzas en 100 páginas, o lo llene con las exégesis de lo absurdo, como ya nos tiene acostumbrados.
La comparación que hago, no pretende equiparar el ímpetu ideológico marxista-leninista-maoista detrás de Madame Mao y sus amigos, ya que más parece que las contrapartes nacionales, están mas preocupadas por aspectos más parroquiales del poder. Parecería que la canasta de las limosnas es todo lo que les interesa.
Eso si, los cuatro guerreros, y su líder fascistoide (el semi retirado mariscal Torres), deberían de revisar sus libros de historia y curiosear para ver que fin tuvieron los todopoderosos cuatro, cuando fueron juzgados por el Tribunal Supremo Popular Chino. Dos fueron condenados a muerte, y uno a cadena perpetua. Las sentencias de Jiang Qing y Zhang Chunqiao fueron conmutadas por prisión perpetua, Wang Hongwen, también recibió cadena perpetua y Yao Wenyuan, recibió 20 años de prisión.
Aníbal Torres, el titiritero de estos personajes de esta Ópera Revolucionaria (llamada Yangban Xi, durante la Revolución Cultural), los ha hecho firmar un acta, que los convierte automáticamente en delincuentes, intentando tal vez, asegurar su compromiso, en un ambiente de delaciones y colaboradores eficaces. Así que su suerte, como la de todos los demás ministros firmantes, está más cercana de lo que ellos creen, a la de los personajes más poderosos de China por 10 largos años.
Como siempre en el Perú, nadie aprende de la historia.
añadir un comentario





