
Por: Luciano Revoredo
El formato de los debates organizados por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha introducido una variable que, bajo la apariencia de “participación ciudadana”, merece un análisis riguroso: las preguntas grabadas por ciudadanos. Lo que se presenta como un ejercicio de democracia participativa muestra, tras un examen detallado, una uniformidad temática que despierta sospechas legítimas sobre la neutralidad del proceso.
Resulta sorprendente que, en un país con una crisis de inseguridad ciudadana desbordada y una economía que asfixia al emprendedor, las inquietudes del “ciudadano de a pie” seleccionadas por el JNE coincidan de forma casi milimétrica con los objetivos de la Agenda 2030. Estamos ante preguntas que utilizan un lenguaje técnico y una perspectiva ideológica ajena al sentir de la mayoría conservadora del Perú.
Desde la ciencia política, esto se conoce como el “encuadre de la agenda” (agenda setting). Al filtrar las preguntas para que giren exclusivamente en torno a los ejes del progresismo woke y el globalismo, el ente electoral no solo limita el debate, sino que condiciona a los candidatos a responder dentro de un marco ideológico predeterminado.
La recurrencia de temas alineados con los mandatos de organismos internacionales sugiere una intromisión de agendas externas en el proceso electoral peruano. Este fenómeno no es aislado; se observa un patrón similar en otros países de la región donde las instituciones electorales parecen más interesadas en validar políticas globales que en recoger las demandas reales de la población.
El sesgo de estas intervenciones se manifiesta en una insistencia temática que prioriza conceptos de la ingeniería social sobre las urgencias materiales del ciudadano peruano.
Observamos cómo las interrogantes, lejos de abordar el fortalecimiento de la familia, la protección de la vida o la situación económica, se centran de forma obsesiva en las políticas de identidad, el enfoque de género, la gobernanza climática bajo estándares extranjeros y una visión colectivista de los derechos.
Esta selección no es casual; constituye una arquitectura narrativa que busca normalizar el ideario del progresismo woke y el globalismo en la esfera pública, obligando a los candidatos a validar con sus respuestas una agenda que no ha sido consultada en las urnas y que agrede la soberanía cultural del país
Es imperativo denunciar este sesgo. El debate no debe ser un examen de conformidad con lo políticamente correcto, sino una confrontación de ideas libres. Cuando el árbitro, en este caso el JNE, selecciona qué preocupaciones son válidas y cuáles no, está alterando la equidad de la contienda.
El Perú requiere una representación que no tema confrontar estas estructuras. Siguiendo modelos de firmeza ideológica vistos en otros líderes de la región, es necesario que los candidatos mantengan la coherencia frente a los intentos de imponer una narrativa progresista.
La lucha contra la corrupción no solo se da en el manejo de los fondos públicos, sino también en la transparencia de las instituciones que custodian nuestra democracia. No podemos permitir que la agenda de unos pocos, financiada y promovida desde el extranjero, suplante la voz de la familia y los valores tradicionales que sostienen a nuestra nación.
En estas elecciones, el votante debe discernir entre quienes se someten al guion del globalismo y quienes estamos dispuestos a romperlo para defender la libertad.







Y no le parece sospechoso que el jefe de onpe sea un periodista con título de politólogo, en lugar de un estadístico, o un ingeniero de sistemas? De paso si no me equivoco es el segundo doctor en ciencia política y lo que se necesita es alguien que entienda de manipulación de software y como evitarla. Cosas en las que dudo esté capacitado Crovetto