Política

EL FALSO PATRIOTISMO DE LOS PROGRESISTAS

 

Por Dayana Collantes.-

Esta concepción moderna de que estamos viviendo en una constante “evolución social” en cuanto a valores, moral, vida e historia y que además está muy ligada al relativismo individual y colectivo, ha hecho que nuestras sociedades se llenen de patrones de conductas imponentes y normalizadas como si fuesen verdaderas y auténticas.

Los progresistas suelen inmiscuirse en todo y en todo imponen tener la razón, hay una especie de dictadura social donde impera el pensamiento libertario referente a las cosas y la moral, como si no existiese nada verdaderamente cierto detrás de sí mismos. Una especie de megalomanía endémica, desde los pies hasta el sombrero vintage y los lentes estilo Harry Potter.

Este pensamiento errático de sustentar el relativismo social y al mismo tiempo imponer un pensamiento único e indiscutible, hace que cada contradicción de estos intelectualoides sea referencia, para nosotros, de la pobre ‘doctrina’ donde se sustentan.

Y en esta época es donde más se vislumbran, sacan sus banderas peruanas junto a la bandera multicolor gay como si las dos valiesen lo mismo y tuvieran el mismo mérito histórico, y esto es porque hacen de cada ‘lucha social’ una bandera de independencia y libertad para imponerla socialmente. El progresista peruano suele hablar de democracia para intentar redefinir el concepto de matrimonio por ser ‘arcaico y no inclusivo’ e ignora al 80% de peruanos que se expresan en contra, masificándolos como intolerantes (palabrita favorita de ellos) o ignorantes. La democracia, para ellos, sirve como arnés para justificar todas las ocurrentes ideas y pretender legislarlas, porque claro, para ellos, la “inclusión de todas las minorías” es el primer deber del estado.

El progresista peruano defiende la laicidad del estado como trofeo o sacada de lengua a nuestras autoridades eclesiásticas tratando de reprimir y silenciar opiniones arguyendo injerencia política y al mismo tiempo, se reducen al servilismo frente a instituciones como la ONU que tratan de imponer en nuestro país la ideología de género y el aborto como derecho. También atacan el concordato entre la santa sede y el Perú ignorando que este es un reflejo de la colaboración histórica de la Iglesia Católica dentro del desarrollo social de nuestro país, y que le ha ahorrado al Estado millones de soles en favor del desarrollo humano en todas las áreas, desde alimentación hasta educación. La Iglesia Católica ha sido, desde siempre, la gran colaboradora del Estado en función a los más necesitados, no las muy truculentas ONGs, como suelen pensar muchos.

Al progresista además, no le remuerde ir ante organismos externos como la CIDH para acusar al estado cuando un ‘hermano revolucionario’ -en nuestras palabras, un asesino terrorista- se ve envuelto en un lío con el estado por la gravedad de sus actos. Ellos acusan sistemáticamente al estado peruano, logrando que se le imponga una cuantiosa reparación para el condenado criminal.

Suelen tener, además, un odio intrínseco hacia la Madre Patria y todo su aporte dentro de nuestra cultura. Odian a España y para esto, han manipulado la historia escrita para que las generaciones posteriores la sigan odiando. Y así también sucede con las corridas de toros, que son para ellos, los seres más indefensos que pueden existir y que necesitan de nuestro activismo constante mucho más que los no nacidos y su constitucional derecho a la vida. Consideran al aborto como una realidad sujeta al inexistente derecho de asesinato de la madre. El toro, en cambio, es el ser supremo por excelencia.

¿Y porque ‘falso patriotismo’? exactamente porque estas ideas doctrinarias son propias de una importación globalizada que atentan contra nuestro patrimonio moral y cultural, el progresista se ha vendido íntegramente a un pensamiento que hace que se auto-destierre de la Patria verdadera y viva dentro de una patria imaginaria, hermanado con los y las liberales del mundo mundial. Así de tragicómico.
Y para terminar, resalto la más imponente frase de la sexta estrofa del himno nacional, que ha sido un saca-ronchas en el mundo progresista y que exactamente refleja nuestra cultura de identidad nacional.

“¡Renovemos el gran juramento que rendimos al Dios de Jacob!”

Y así, eternamente sea.

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