La columna del Director

EL CASO PAOLA UGAZ Y LAS DOS CARAS DEL PERIODISMO

Por: Luciano Revoredo

Llamar la atención de las autoridades sobre hechos que no contribuyen al bien de la sociedad es una de las grandes virtudes del periodismo. Su ejercicio responsable y tenaz, sin duda, es uno de los pilares de un estado democrático y es una garantía relativa que le resta espacio al halo de impunidad que usualmente rodea a los poderosos y a los bien relacionados. Hay hechos en la vida de toda sociedad que, paradójicamente, manifiestan al mismo tiempo dos caras muy distintas del periodismo. Uno de estos hechos es el que se relaciona con el caso de Paola Ugaz Cruz.

Ha pasado un año desde la publicación de una alarmante información que señalaba a una red de personas en un posible caso de lavado de activos, manejada por la exfuncionaria de la Municipalidad de Lima, Paola Ugaz Cruz. La información del diario Expreso, publicada en setiembre de 2020, fue recibida por algunos con estupor. Por otros con interés pues marcaba una línea de continuidad con el cúmulo de informaciones que venían circulando acerca de las actividades inexplicables que Ugaz había realizado al servicio de la gestión de la hoy convicta exalcaldesa Susana Villarán. Finalmente, otros, con Ugaz a la cabeza, reaccionaron con una negación total de los hechos. Se trataba, según ellos, de una patraña llena de mentiras. Ugaz negó categóricamente conocer a las personas con las que coordinaba en las comunicaciones reveladas.

A partir de ese momento, aparecen las dos caras del periodismo que mencionamos arriba. Un grupo, empezó a unir puntos, a tirar de los hilos manifiestos, tomando forma una investigación que dio origen a un caso. Otro sector —mayoritario habría que decir— acogió sin chistar la versión negacionista ofrecida por Ugaz y se dedicó desde entonces a darle tribuna para que pueda escenificar una obra de victimismo en incontables actos. En este sector se cuentan muchas voces conocidas por su amistad y afinidad con Ugaz que parecerían poner la cercanía y los intereses comunes por encima de los hechos. No preguntaron, no les interesó indagar más. Cerraron filas y se unieron a una sola versión de los hechos incumpliendo, nuevamente, con uno de los principios del periodismo que exige objetividad.

Recordemos que, finalmente, de lo que se trata en el periodismo es de eso: de corroborar hechos. Sin embargo, a pesar de los indicios verosímiles que dio la publicación inicial, más allá de algunas excepciones, nadie dio cabida a la historia. Ganó ese sector mayoritario del periodismo cófrade en el que los hechos pasan a un segundo plano y prima la “amistad”. Ante esto, y urgido por los diversos indicios que fue arrojando la investigación que realicé, decidí presentar una denuncia para que la fiscalía investigue las actividades de Ugaz y pueda verificar si es que los datos que apuntaban a actividades ilícitas eran o no ciertos. Solo el Ministerio Público tiene los instrumentos para poder realizar una investigación a fondo de hechos de tal naturaleza y, por ello, consideré que el paso a seguir era presentar dicha denuncia.

Pasado un año desde ese primer destape, los hechos entonces revelados no solamente se han confirmado, sino que vienen mostrando que el asunto es más serio e involucra a más gente de la que inicialmente se pensó. Los nombres aparecidos en los llamados “Chats de Paola”  del diario Expreso sí existen. Corresponden a personas de carne y hueso; personas que hoy ya prestaron declaraciones en la fiscalía, se acogieron inclusive a la colaboración eficaz y algunas afirman sin lugar a duda que conocían a Paola Margot Ugaz Cruz y que están enteradas de sus actividades ilícitas. ¿Cómo es, entonces, que Paola Ugaz pudo afirmar con rotundidad y reiteradamente que no los conocía y que nunca se había comunicado con ellos? ¿Cómo así sigue diciéndolo en algunos espacios en una especie de disonancia cognitiva entre lo que pasa en la Fiscalía y en su cabeza? Pues simplemente no dijo ni dice la verdad. Conocer o no a una persona, haberse o no comunicado con ella no es un asunto de percepción u opinión. O se comunicaba con ellos, y por tanto los conocía, o no. Paola Ugaz mintió. A la fecha, no se escucha a ninguna de las voces que a partir de setiembre de 2020 concedieron a Ugaz extensas entrevistas en las que nunca tuvieron siquiera la decencia periodística de preguntarle por la veracidad de los señalamientos en su contra. Simplemente acogieron con un pasmoso facilismo la afirmación de Ugaz: no conozco a esas personas, todo es mentira. Y no solamente eso, sino que se prestaron a difundir una narrativa de los hechos en la que Ugaz se presenta como una perseguida por su trabajo periodístico. Nada más alejando de la realidad.

Paola Ugaz está siendo investigada por actos delictivos realizados como ciudadana y que no tienen nada que ver con su actividad periodística. ¿Qué tienen que decir hoy sus cófrades cuando se sabe que las personas de los “Chats de Paola” existen, que conocían a Ugaz y que ya hay varios colaboradores eficaces de este caso en el Ministerio Público?  ¿Ya saben que hay “pitufos” que han reconocido realizar depósitos bancarios bajo sus órdenes y, por si fuera poco, traficar tierras, comprar y vender autos usados, entre otros? ¿Han mirado, siquiera, la información publicada más de una vez sobre el desbalance patrimonial que presentarían ella y su esposo? ¿Conocen que habría algunas inconsistencias en la compra de sus propiedades en Barranco y en Mala? El silencio cófrade es desconcertante. Esa es la cara del periodismo que nadie quiere ver y que tanto daño le hace a nuestra sociedad. ¿Cómo es posible que un caso que se perfila como un escándalo significativo y al que el Fiscal José Domingo Pérez le está dando un seguimiento minucioso no es noticia en ningún medio que se jacta de buscar la verdad?

Como denunciante, sigo atentamente el desarrollo de este caso. La labor que viene realizando la Fiscalía está uniendo los hilos que aparecieron desde la investigación inicial y, como mencioné, se va dibujando un panorama que sobrepasa largamente lo que pudimos atisbar al inicio. Queda esperar y confiar en que el Ministerio Público, y en especial los fiscales involucrados, sigan haciendo su trabajo al margen de presiones y halos de impunidad, buscando siempre la resolución del caso según la contundencia de los hechos. Contundencia que a la fecha ya es objetivamente indiscutible.

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