La columna del Director

EL CABALLO DE TROYA DE CERRÓN EN PALACIO

Por: Luciano Revoredo

El Perú asiste a un nuevo intento de asalto a la institucionalidad. La sombra de Loly Wider Herrera Lavado proyectándose sobre la Secretaría General de Palacio de Gobierno no es un error de cálculo; es una maniobra de manual para demoler lo poco que queda de dignidad en la política peruana.

Hay nombres que arrastran un historial que los inhabilita para el servicio público, y el de Herrera Lavado es uno de ellos. No estamos ante un técnico aséptico, sino ante el abogado defensor de Vladimir Cerrón, un hombre que hoy se burla de la justicia peruana desde la clandestinidad y que es la mente siniestra que llevó al delincuente Pedro Castillo al gobierno. En resumen: un enemigo del Perú.

La pregunta es inevitable: ¿A quién respondería un Secretario General con estos antecedentes? ¿A los intereses de la Nación o a las directivas que llegan desde el escondite de un sentenciado por corrupción? Colocarlo en el corazón administrativo del gobierno es, en la práctica, otorgarle un salvoconducto y una oficina de enlace a la impunidad.

Resulta alarmante observar cómo el congresista Balcázar, en su rol transitorio, parece confundir la administración del Estado con un botín partidario. La Presidencia de la República no es una trinchera para el progresismo woke ni una agencia de empleos para los cuadros del radicalismo. Su paso fugaz por la presidencia sólo lo debe comprometer a cumplir con lo mínimo para sacar adelante las elecciones y que el estado camine. Perú Libre no ha ganado elecciones. A Balcázar se le ha encomendado el gobierno.

El intento de “cerronizar” Palacio a través de Herrera Lavado es una afrenta a los ciudadanos que creemos en la democracia. Es la táctica de la izquierda radical: infiltrar sus células en los espacios de decisión para sabotear el sistema desde adentro.

Desde este portal hemos denunciado incansablemente todas las formas de corrupción que asfixian al país. Frente a la avanzada del globalismo y la izquierda corrupta, la tibieza es complicidad.

El Perú no puede permitir que la Secretaría General de Palacio se convierta en el búnker de un prófugo.

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