Iglesia y sociedad

DOS CASOS HISTÓRICOS DE EXORCISMO

Por: Federico Prieto Celi

El padre Gabriele Amorth, exorcista romano, entrevistado por Marco Tosatti, cuenta algunos casos de posesión diabólica y otros casos de vejación diabólica, tratados por él o por otros sacerdotes, casos normalmente con resultados positivos, pero a veces, después de muchos intentos de liberar al alma dominada o acosada por los demonios.

Un caso de vejación satánica sobre una chica de 17 años, que había sido internada en varias clínicas psiquiátricas, donde los médicos no le habían encontrado nada. Su mente sufría mucho, la pobre no lograba razonar, ni estudiar, ni mucho menos concentrarse. Blasfemaba y no quería oír hablar de rezar ni de ir a la iglesia. La vejación era fuerte, afectaba a todo su cuerpo, especialmente a su mente. Cuando la chica se presentó -seguramente llevada por sus padres y aconsejada por los médicos- a la oficina donde atendía el padre Gabriele Amorth, quien le hizo los primeros exorcismos y pensó que se trataba de un acoso, por lo que continuó con su tarea por un tiempo, hasta lograr liberarla del demonio (Memorias de un exorcista, p. 44 y s.).

Otro sacerdote, también exorcista, estaba predicando un retiro a una congregación de religiosas, cuando la madre superiora lo llamó para pedirle que vea a una religiosa que Esta mujer usaba un lenguaje inconveniente, opuesto no solamente al propio de una religiosa sino a un cristiano que tenga los estigmas de la Pasión de Cristo. Ese sacerdote exorcista decidió rezar durante un rato y pedir al Señor la liberación diabólica que sufría esa religiosa. Su comportamiento cambió de inmediato y los estigmas desaparecieron. La pobre religiosa sufría una dominación del demonio y, gracias a Dios, pudo liberarse (Memorias de un exorcista, p. 52).

Estos dos casos se pueden narrar brevemente, pero hay otros más complejos, que requieren de muchos días, semanas, meses o años de exorcismos. Por eso la Iglesia se toma en serio la presencia de los demonios en el mundo y el daño que hacen a la humanidad. Hay teólogos que han dicho que la mejor victoria los  demonios es que los cristianos ya no creen en los ángeles caídos. La doctrina cristiana enseña a amar, la caridad es la más importante de las virtudes. En cambio, el odio, el rencor, la incapacidad de perdonar, el resentimiento, la envidia, la crítica malvada -no digamos la maldición- son sentimientos negativos que abren las puertas del corazón a los demonios.

Los exorcistas buscan los síntomas más frecuentes de los poseídos: aversión vehemente hacia Dios, a la Virgen, a los Santos, a la cruz y a las imágenes sagradas; hablar lenguas desconocidas que el sujeto de ninguna manera ha podido aprender por su cuenta; hacer presentes cosas distantes o escondidas; y demostrar más fuerzas de lo normal. Tanto es así que el exorcista acude a su trabajo siempre que es posible con varias personas -que están en gracia de Dios- para que le ayuden, en caso de que el poseído reaccione violentamente, y haga muy difícil su tarea, como pasa frecuentemente.

Entre los demonios más peligrosos, están Asmodeo (asociado a los excesos carnales); Satanás, Lucifer, Leviatán, Belcebú, Astaroth, (persuade principalmente por medio de la pereza, la vanidad y las filosofías racionalistas); Amoymon (fomenta fabricar armas de guerra); Balaam: (relacionado con la avaricia y la codicia); Behemot (con  forma de una bestia, como un elefante o hipopótamo);  Belcebú (el príncipe de los demonios); Bilis: ( sexualidad libre); Cimeries: (guerrero enorme, montado a un caballo negro); Damballa: (vudú africano, zombi); y Mormo (brujería griega). Obviamente, en este listado no están todos los que son.

 

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