Política

CUARTA DERROTA DEL COMUNISMO EN EL PERÚ

Por: Manuel Castañeda Jiménez

Tres veces antes el Perú se había librado de la amenaza comunista. Primeramente, de la guerrilla del 65, que entre otros, asesinó a Ismael Castillo Mattasoglio, uno de los hermanos mayores del actual arzobispo de Lima. Por eso, quiero creer que Monseñor Castillo más por espíritu de bondad y de perdón, que lo llevó a encaminarse hacia el sacerdocio, ha procurado aproximarse a gente de izquierda para tratar de entenderlos y procurar evitarles las confusiones que llevan a algunos a perpetrar tales atrocidades; lamentablemente, si así ha sido, en el proceso, por lo visto ha quedado él contaminado con algunas proposiciones de izquierda que lo llevan a sostener ideas políticas descabelladas como que el Congreso debiera revertir la vacancia de Martín Vizcarra, o a albergar en el arzobispado a empleados de esa tendencia rechazada por la Iglesia.

Misterio de iniquidad, los mismos combatientes por las fuerzas del orden, que repelieron y extinguieron la guerrilla del 65, hicieron luego la Revolución Peruano de Velasco Alvarado. Segunda vez que el comunismo se quiso enseñorear del país. Y esa vez por poco lo logra, dejando una secuela de desorden, de precipitación de ingente cantidad de pobladores –de la serranía sobre todo– en el desamparo, tratando de sobrevivir acudiendo a engrosar las ciudades, despoblando los campos y destruyendo toda armonía social ¿Les habrá sucedido a los generales y coroneles de esa época, algo parecido a lo que quizás le ha acontecido al arzobispo Castillo? Quizás nunca lo sabremos a cabalidad pues no es posible conocer enteramente el fuero interno de quienes actuaron llevando a cabo lo que después apareció como “Plan Inca” y “Plan Túpac Amaru”. Pero el Perú pudo librarse del izquierdismo velasquista, y aunque hasta el día de hoy sufrimos los efectos de la terrible izquierdización de país, de la infiltración comunista o de las ideas comunistas en todas partes –incluyendo, por desgracia, a la Iglesia de Dios–, el Perú pudo finalmente liberarse del yugo rojo que se cernía sobre él y retornar a la democracia mediante elecciones libres.

Diferente fue el panorama en 1992, cuando el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA sembraban caos, muerte y destrucción por todas partes. En este caso, fue por el apoyo casi general que recibió el entonces presidente Fujimori al disolver el Congreso, que éste, premunido de respaldo, tomó la firme y atinada decisión política de acabar con el terrorismo, logrando capturar a sus principales líderes y encarcelarlos cual animales salvajes, que en eso se habían convertido. Ojalá, realmente, Abimael Guzmán, que como cualquiera puede tener que presentarse en cualquier momento en la presencia de Dios, se arrepienta de sus crímenes y felonías antes de partir. Entre tanto, la justicia humana debe aplicarse sin titubeos y completamente, tal y como dejó Cristo que se aplicase al buen ladrón, a quien le abrió las puertas del Cielo, pero no lo bajó de la cruz y permitió que la justicia humana cumpliera su cometido. Fue, esta, la tercera vez que el Perú se libraba del comunismo, y en este caso, en su faceta más feroz y sin las máscaras que acostumbra. Muchos pensaron que tal victoria era ya para siempre. El muro de Berlín había caído, la Unión Soviética ya no existía y, en general el mundo entero parecía haber rechazado palmariamente el comunismo. Se engañaron. El comunismo se tornó “caviar”; sufrió una metamorfosis para poder seguir enquistado. Y en los sucesivos gobiernos fue despacio pero, constante, procurando producir una lenta transformación en la mentalidad general, a la par que iba sembrando leyes, políticas y acciones igualmente orientadas hacia sus objetivos. Mientras tanto, una ola de inmoralidad vino recorriendo el planeta y los movimientos pro abortistas y la ideología de género sobre todo, así como el llamado “matrimonio gay” y el “lenguaje inclusivo” (algo así como decir que no existen las vacas y los toros, sino los toros y las toras, y las vacas y los vacos) se empezaban a pasear campantes por todas partes. Países de larga tradición católica fueron siendo empujados a aceptar el “matrimonio igualitario”, antesala de reconocer a las parejas homosexuales la facultad de adopción, como si solo importasen los “derechos” de los adultos y no los de los niños de crecer en un ambiente psicológicamente equilibrado con figuras paterna y materna bien definidas.

Todo ese ímpetu izquierdista –pues no hay que olvidar que Marx y Engels planteaban la destrucción de la familia y de la herencia, a la par que la desaparición de la propiedad privada–, fue remontando en el Perú, un poco más lento que en otras partes, quizás, gracias en parte precisamente a que la resistencia popular, pacífica y tranquila, unida a la acción decidida de nuestras fuerzas armadas sobrevivientes del tufo velasquista había ya tres veces conseguido evitar que el comunismo acabase instalado en el Perú por décadas. Hasta que llegó Kuczynski, que cual caballo de Troya cobijó a un señor Vizcarra, que apenas pudo se encaramó al poder y se rodeó abiertamente de individuos (e individuas, diría un propugnador del lenguaje inclusivo) de ideología socialista. Y empezó la destrucción sistemática del orden jurídico y de instituciones medulares como el Poder Judicial y el Congreso.

No es el caso de entrar en detalles pues no es el objetivo de este artículo. Sólo baste decir que, finalmente, el Perú ha logrado sacudirse por cuarta vez, antes de que fuera totalmente tarde, de esa rémora que constituye la ideología de izquierda enquistada en el Poder Ejecutivo. Y no porque no haya habido gente que profesando ideas de izquierda lo sean más por sincera preocupación por el bienestar de los más desfavorecidos, que por afán destructor (aunque, lamentablemente, sus buenas intenciones acaban siendo utilizadas por otros más radicales que conscientemente adhieren a la lucha de clases y a la generación de desorden como medio de lograr sus objetivos de desestabilizar al país para ver si con eso pueden asaltar el poder y venezuelizar el Perú).

Quizás el comunismo peruano pensó que esta cuarta vez, más camuflado, sería la vencida y que ahora el país no escaparía de sus maquinaciones. Pero no ha sido así. También esta cuarta vez el Perú ha logrado zafarse de la garra roja. No hay duda que ese dicho de que “Dios es peruano” tiene bastante de cierto. Ahora es preciso que el Perú empiece un proceso de sacudida de toda la influencia del socialismo contenida en normas, controles y cargas asfixiantes de las empresas (grandes y pequeñas, que además de frenar el ímpetu de las grandes y medianas, empujan a los millones de pequeños comerciantes o trabajadores independientes hacia la informalidad); sacudirse de los factores de descomposición social que conducen a la pérdida del respeto no solo a la autoridad, sino entre peruanos que ya no guardan las formas civilizadas ni siquiera cuando conducen un vehículo. Y, en general recuperar nuestros valores. Porque sin ellos, la sociedad no tendrá remedio y quizás no haya una quinta vez en que nos podamos librar de caer en un yugo comunista por largo tiempo, del cual probablemente ya no saldríamos por las buenas, sino después de una fuerte convulsión social. Para ello, es indispensable impulsar un proceso muy rápido de reinstitucionalización y de recuperación de la credibilidad del Estado, dando ejemplo desde los más altos cargos, de cumplimiento de la palabra empeñada, de seriedad en el manejo de la cosa pública, de gobierno en favor de todos, sean grandes o pequeños, y de escrupuloso cumplimiento de la ley, tan maltratada durante el régimen del señor Vizcarra, a quien poco le faltó por convertir en harapos el orden jurídico. Ojalá que instituciones que deberían saber conservar su prestigio, imparcialidad y sentido de justicia como el Tribunal Constitucional, no caigan, por razones ideológicas o sentimentales, en barbaridades legales.

1 comentario

  1. Es deber de quienes entienden de estas cosas, hacer llegar estos conceptos a los jóvenes, quienes no tienen otra forma de contacto con la “realidad” que las redes sociales. Es necesario que se haga tendencia #VeronikaconVdeVenezuela

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