La columna del Director

CRÓNICA DE UNA DEVOCIÓN Y EXALTACIÓN DE LA AMISTAD

Por: Luciano Revoredo

Durante más de dos décadas he asistido cada 15 de julio a la serenata a la Virgen del Carmen. Tuve siempre un irremplazable acompañante, mi querido amigo y compadre Lucho Repetto.

Esta peregrinación al corazón de los Barrios Altos era uno de los ritos de nuestra amistad de tantos años. Recuerdo la primera ocasión en que marchamos los dos a encontramos con la Patrona del criollismo. Esa vez Lucho quiso ir temprano, desde la tarde, quería que pruebe los chocolates y los proverbiales limones glaseados rellenos de manjarblanco, que producen las monjas de clausura a los cuales uno accede por el torno.

Lucho era un “dulcero” empedernido y con su inolvidable sonrisa de niño travieso devoraba los limones. Esa tarde la guardo en una parte entrañable de la memoria. Después de los limones caminamos por el barrio del Carmen y entramos a la Quita Heeren. ¡Cuánto sufrimiento por su deterioro! Y a la vez que alegría de hablar con algunos vecinos comprometidos con su recuperación.

Llegada la noche iban apareciendo los músicos y cantantes criollos, muchos de ellos amigos con los que departíamos y compartíamos jaranas. Empezaba así la fiesta. Y de pronto estaba ella, la Reina, la Carmelitana, la Dueña y Señora de nuestros afectos. Avanzando enjoyada, después de recibir los mimos de las monjas, parecía feliz entre quienes le demostrábamos nuestro incondicional amor.

Al final los infaltables anticuchos y hasta el próximo año. Esa incursión en lo más auténtico y puro de la católica limeñidad me bastó para no faltar nunca más a la cita.

Años más tarde me correspondió ser Gerente de Cultura de la Municipalidad de Lima Metropolitana y estuve involucrado en la organización de la serenata. Mi relación de varios días con la Hermandad llevó a que llegada la ocasión me invitaran a cargar el anda. Lucho estaba feliz: ¡Cargaste a la Virgen! ¡Cargaste a la Virgen! Repetía entre risas. Después una de sus frases únicas: ¡Quién lo creyera! ¡Hasta los gatos quieren zapatos!

Siempre coincidíamos con grandes amigos, los más queridos el maestro de la guitarra Willy Terry y La Voz (así con mayúsculas) del criollismo Lucy Avilés. Luego de cantar ellos, nos uníamos en los clásicos anticuchos. Muchas veces de ahí partíamos a algún centro musical o peña criolla.

La consecuencia fue simple con el tiempo formamos un grupo que sería infaltable en estas celebraciones. Lucy, mi esposa Fátima, Willy y Lucho, grupo al cual cada año se iban sumando más carmelitanos y criollos. El punto de reunión: la casa de Avilés, santuario del criollismo, para de ahí partir a Barrios Altos.

Este ha sido el segundo año que no vamos. El maldito coronavirus que se llevó a al gran Repetto, también nos ha impedido volvernos a juntar a los pies de la Patrona.

Dos años sin tan tradicional devoción, dos años sin la serenata, dos años sin anticuchos y Pisco en Barrios Altos. Eso sí, el Pisco con moderación, Porque si se pasa de lo justo uno puede llegar a a esa fase de la ebriedad que se llama “la exaltación de la amistad”, que siempre antecede a la “destrucción del inmueble”, como decía otra de las sentencias inolvidables de mi amigo inolvidable y único Lucho Repetto.

 

 

 

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