Política

CONFRONTANDO LA POLÍTICA DEL RESENTIMIENTO (DESDE UN ARTÍCULO DE ALBERTO MANSUETI)

Por: José Antonio Olivares

He considerado que es oportuno actualizar un artículo publicado en julio del 2019, dada la actual coyuntura  de elecciones en el país, por eso como en aquella ocasión, quiero, -o intentaré a partir de un texto de  Alberto Mansueti, “La política del resentimiento-, definir o graficar el Marxismo Cultural, el progresismo o socialismo encarnado en Perú Libre y ad lateros, como aquella opción  que es la   combate a “la derecha”, a los “neo-liberales”, los “fachos”, y al “conservadurismo retrógrado” de los “religiosos fundamentalistas”; o sea a todo lo que se atreva a oponerse al “progresismo”. De los que Recurren a la difamación del contrario, a la intimidación y al chantaje, en vez de participar de una discusión honesta. Toda la política de la izquierda se basa en el resentimiento, fomentarlo si lo hay, crearlo si no lo hay. Por defectuosa que pueda ser la derecha, y lo es a menudo; no es justa la pretensión de equipararla con la izquierda en algún sentido, ni de minimizar o negar las diferencias.

Nunca podemos estar seguros de que nuestra ideología no nos oculte alguna dimensión relevante de la realidad, que las opiniones por las que no sentimos la menor simpatía no contengan alguna información interesante. No es solo una cuestión de respeto moral al adversario, sino de inteligencia política. Hay más inteligencia en la escucha respetuosa de las opiniones más peregrinas que en las líneas rojas y los cordones sanitarios. Muchas veces las mejores ideas son las que están equilibradas o fecundadas por sus ideas contrarias, los políticos más ambiciosos son los más capaces de transaccionar con el adversario, del mismo modo que los pueblos se enriquecen con la mezcla y la inclusión de otros.

Deberíamos “desmoralizar” la política no en el sentido de que en ella todo estuviera permitido sino de modo que la crítica a las ideas políticas diferentes no implique su descalificación moral. El principal deber político consiste en resistir la facilidad con que confundimos nuestras preferencias ideológicas con una superioridad moral e interpretamos la discrepancia en términos de mala voluntad. Propongo un pacto para dejar de prestar atención a quienes están todo el día extendiendo certificados de virginidad ideológica, “No soy comunista” “ No necesito leer libros” “el equipo técnico va a ser terruqueado”; soy poseedor y tengo  autenticidad en la representación del pueblo o integridad política. ¿Quién les ha dado ese derecho de representar al pueblo o al sentido de la historia?

Una narración de Borges sobre dos teólogos bizantinos nos explicó a su manera hasta qué punto nuestras posiciones ideológicas son incompletas, necesitadas del contraste con las opuestas. Uno de los teólogos logra que el otro sea quemado en la hoguera, pero no consigue escapar a su destino y es abrasado por un rayo. Solo en el cielo comprenden hasta qué punto se complementaban sus posiciones, más allá de la aparente incompatibilidad. La razón de la izquierda depende de que la derecha también la pueda tener; la derecha no podrá ser mejor si niega por principio que la izquierda pueda serlo. Aspirar a tener mejores opiniones suele ser incompatible con considerarlas superiores. En cualquier caso, tratándose de cuestiones políticas es preferible aspirar a ser mejor que a ser superior.

Lo cierto es que, en el siglo XX, nuestros países fueron arruinados por el marxismo clásico o económico: estatismo, intervencionismo generalizado, inflación, y astronómicos impuestos para mantener al Estado gigante. Y para justificarlo, se impulsó el odio de “proletarios contra burgueses”, pobres contra ricos, y de las naciones contra el “imperialismo”. En estas elecciones sigue siendo la receta.

La superioridad moral progre llega hasta donde haga falta. Por ejemplo, hasta justificar el exterminio de millones de personas: La paradoja que me fascina en la izquierda es esta: que incluso cuando se cometen los mayores crímenes, cuando se ha hecho en la Unión Soviética o en China, ha sido en nombre del género humano y para que la gente viviera en una sociedad nueva, distinta, igualitaria, en la que todo el mundo tenga la posibilidad de desarrollarse como quiera.  Lo mismo pasa en Perú, con Sendero Luminoso y el MRTA, le han llamado guerrilla, conflicto interno, cuando lo que hemos vivido es terrorismo del más salvaje.

ALBERTO MANSUETI nos dice que El Marxismo Cultural es la transposición de la técnica de la promoción del resentimiento y del conflicto sistemático (inspirada en la dialéctica de Hegel), antes empleada para subvertir la economía, a otros campos: la familia, la ética, el derecho, la lógica, y la cultura entera. Este “segundo marxismo” florece en un clima saturado de proyectos personales frustrados por la pobreza y demás calamidades resultantes de las recetas del marxismo clásico. La frustración se convierte en resentimiento, y a los resentidos, las izquierdas les apuntan ahora a una gran variedad de “culpables” y enemigos: los capitalistas, los varones, los blancos, los “homofóbicos”, la religión, etc. Una lista de los tópicos, temas y rasgos característicos del marxismo cultural, puede verse en publicaciones alternativas, cristianas y conservadoras; e incluye los siguientes, a lo menos 20 puntos, a saber:

(1) Muy acendrada y agresiva mentalidad anticapitalista, aunque a los jefes les encanta disfrutar de todos los lujos, a costa de los impuestos.

(2) Hedonismo: objetivo y meta es el ocio, diversión y placer sin frenos ni límites, sin responsabilidad, sin compromiso.

(3) Feminismo: cuya característica es la victimización de las mujeres y criminalización de los varones (esto no excluye que en nuestras sociedades existen casos de hombres que son más bestias que humanos), así como antes se victimizó al “proletario”, y se criminalizó al “empresario” burgués y explotador”. La Denigración del “hetero-patriarcado” y de lo masculino, y consecuente des empoderamiento del varón.

(4) El apoyo al homosexualismo es otra manifestación del Marxismo Cultural: Apoyo activo al homosexualismo, y a otras “formas alternativas de sexualidad”, para imponer una nueva Santa Inquisición “políticamente correcta”. (estos últimos puntos en grave contradicción con lo expresado en Perú Libre  y ahora tomados  de la candidata perdedora Vero)

(5) Elogio de la “diversidad”, pero a la vez promoción de la “igualdad”, y “reducción de las desigualdades”; sin embargo, es un raro y extraño culto a la diversidad, porque implica la negación de las diferencias reales entre individuos, vistas como “ventajas injustas” que deben suprimirse.

(6) Adhesión al movimiento de la “autoestima”, que se traduce en narcisismo, hipersensibilidad a la crítica, pensamiento “positivo” (desiderativo), creencia en “derechos” inmerecidos, y rechazo a toda opinión contraria.

(7) Odio al “consumismo” y a la gran empresa capitalista moderna, por lo general de tipo multinacional; pero a la vez los marxistas culturales son ávidos consumidores de sus productos, y la obligan a hacer campañas en pro de sus “buenas causas”, y donativos a sus ONGs. Relativa tolerancia a las “pequeñas empresas” (y a los “emprendedores”), con tal de que sigan pequeñas y no puedan crecer.

(8) Oposición a todas las religiones institucionalizadas, muy en especial al cristianismo (excepto al “cristianismo” de izquierdas); y apoyo a toda forma de “espiritualidad”, en especial las de inspiración hinduista y oriental (“Nueva Era”).  (Aun que Castillo se disfrace de evangélico y cristiano)

(9) Animalismo, o “anti-especismo” es otra de sus formas. La ubicación de los animales por encima del ser humano: con pretextos “ecológicos” y de “defensa del medio ambiente”, victimización de animales (y plantas); criminalización del ser humano, y de la civilización industrial.

(10) Anarquismo, antimilitarismo y “pacifismo”; reto a los policías, jueces, y a toda autoridad, ley o institución como “represiva”. Pero se apegan a “la ley” cuando ellos la han dictado.

(11) “Antifascismo”, y anti-nacionalismo. “Fascismo” es todo lo que les disgusta.

(12) Racismo anti-blanco: victimización de los no blancos, y criminalización de los blancos. Indigenismo raro, porque llenan de loas a los “pueblos originarios”, pero a la misma vez promueven las migraciones indiscriminadas, como método para desarraigar a la gente de sus hogares y países.

(13) Relativismo cognitivo y ético; combinado con exaltación de las emociones y sentimientos subjetivos, por encima de la razón objetiva (“Posmodernismo”). Una ética “buenista” sensiblera y romanticona. Negación de valores universales que no sean los suyos. Exaltación de una “libertad” sin orden, verdad ni justicia, que es libertinaje.

(14) Pensamiento único, imposición forzada de sus creencias y sus “valores”, suplantando a otros sistemas de valores. Espíritu inquisitivo y persecutorio.

(15) Promoción de todo “arte no convencional”; como medio de propaganda subversiva.

(16) Firme creencia en “la acción”: el fin justifica cualquier medio. Inmediatismo y cortoplacismo.

(17) “Deconstrucción” de la lengua, la historia, la filosofía, la cultura, el derecho, hasta de la ciencia, y pretensión de “releerlas” (y “reescribirlas” todas por completo), en función de sus objetivos. Incluso los simples hechos biológicos son denunciados como “construcciones sociales”.

(18) Identificación de cambio con progreso: el cambio se identifica con mejoramiento. Duro combate a “la derecha”, a los “neo-liberales”, los “fachos”, y al “conservadurismo retrógrado” de los “religiosos fundamentalistas”; o sea a todo lo que se atreva a oponerse al marxismo cultural y al “progresismo”. Se recurre a la difamación del contrario, intimidación y chantaje, en vez de discusión honesta.

(19) Uso selectivo de los tribunales de justicia, de la prensa y del espectáculo para avanzar sus agendas destructivas, además de la enseñanza controlada por el Estado, y hasta de los púlpitos.

(20) Fuerte impulso a un Gobierno Único Mundial para decretar su Pensamiento Único. En este caso al Chavocatrismo.

Habrá ocasión de profundizar, más en estos tópicos, es necesario hacerlo. De momento toca meditar , y emitir un voto responsable.

© Café Viena

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