La columna del Director

¡AYYY… SENASA!

Por: Luciano Revoredo

Parto con mi familia rumbo a un fin de semana en Quilmaná. Vamos apercibidos de todo lo necesario para disfrutar del campo y el buen tiempo:  bebidas, carnes para la parrilla, golosinas, piqueos, fruta, etcétera.

En el camino una parada por los consabidos panes artesanales. No hay tráfico y se puede viajar a gusto por la Panamericana Sur. El clima se ve inmejorable.

Todo marcha muy bien hasta el kilómetro 105, ahí hay un desvío obligatorio para pasar por las instalaciones del SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), siempre pasamos por ahí sin problemas. Vemos que los camiones y vehículos de carga van para un lado y los vehículos particulares pasamos de largo. Esta vez no será así. Un hombre con una vara luminosa nos indica que debemos parar.

Se acerca al auto acompañado por una joven. Ella tiene la iniciativa. Nos mira atentamente y pregunta ¿A dónde se dirigen? La pregunta es de por si impertinente. Le explico que voy en un paseo familiar. Luego pregunta si llevamos en nuestra “carga” fruta. Se le explica que no llevamos una carga sino lo necesario para el consumo familiar, entonces pide revisar la maletera, pedido al que ingenuamente accedo.

El hombre se mantiene a cierta distancia, pero vigilante. La mujer revisa nuestra maletera acuciosamente. De pronto me mira triunfal y apunta con la vara: “¡Aquí hay una papaya…!” dice en voz alta, su actitud es la de quien ha descubierto un crimen. Cuando aún no he podido asimilar del todo su tono amenazante, vuelve a la carga e inicia un interrogatorio. Que dónde la he comprado, que para qué fin la llevo, y otras indagaciones cada vez más delirantes. De pronto en una situación por demás surrealista me piden mi DNI, lo fotografían, me fotografían a mí, fotografían la placa del auto, todo esto mientras me dan un sermón sobre la mosca blanca de la fruta y otras plagas. En resumen, está prohibido llevar fruta del kilómetro 104 a más allá del 105.

De pronto soy una especie de criminal más peligroso para las agroexportaciones que la reforma agraria. El sermón es interminable, incluso me dicen que esta vez me sirva de advertencia, pero que la próxima, (ya estoy fichado) será con una multa…

En mi defensa les explico que no tenía la menor idea de esta prohibición, que he pasado por ahí mil veces con mis compras del supermercado y que sería ideal que pongan un panel muy grande advirtiendo sobre esto. La señorita me mira condescendiente y me explica que todo está en sus redes sociales. Como si uno pasará sus ratos libres revisando el Twitter del SENASA, el Facebook de INDECOPI o tal vez el divertido Tik Tok de la SUNAT.

Lo cierto es que seguí mi viaje y ante el asombro de mis pequeños hijos la papaya se quedó confiscada. Yo quedé fichado como un traficante de moscas blancas de la fruta y probablemente la próxima vez que compre unas paltas en el Boulevard de Asia o el mercado de Mala para llevarlas unos kilómetros más allá reciba una multa. Estamos en el Perú.

 

Artículo publicado originalmente en el diario La Razón

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